Puertas en el laberinto

Escribir los guiones, filmar, abrir un mundo de ficción para construir vínculos y pensar en un futuro con mayor autonomía. El taller de arte terapia del Hospital del Día del Borda, coordinado por el IUNA, apuesta por la expresión audiovisual como uno de los caminos
Marcela Ayora
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16 de febrero de 2014  

Fuente: LA NACION - Crédito: Martina Szklar

Hay viento. Tres ventanales blancos de hierro están abiertos de par en par, los cuadrados de vidrio apoyan sobre paredes gruesas de cemento. El viento pasa y limpia lo que está detenido, lo que necesita removerse. La construcción –rectangular, de veinte por seis, unmazacotesólido que se levanta hasta cerrar en un único piso– está rodeada de verdes. Las copas de los árboles se ladean hasta lo que más pueden dar, y vuelven al eje. La puerta de entrada también está abierta; en sus dos hojas. Hay un adentro y un afuera. En el jardín, a dos metros de esa puerta que invita, un grupo de veinte personas habla de una obra deHundertwasser. No usan lenguaje deartista, marchand o crítico: dicen lo que les pasó en ese ver; y dicen, también, con el cuerpo, más de lo que apenas sueltan con dos, tres palabras: me gusta, no me gusta. La alarma de un reloj digital en voz de mujer avisa que son las 2 de la tarde. A su ritmo, cada uno atraviesa la puerta. Del otro lado, aunque es adentro, se llega para trabajar lo que ayuda a armarse para estar afuera. Entrar, para salir.

–Hola, vine –dice un hombre de unos 40 frente al semicírculo de veinte personas.

–Qué bueno –le contesta Adriana, coordinadora del grupo, que lo mira y sigue–. Johnny hoy no acompañó a su mamá al médico para estar acá.

–Voy a actuar.

El grupo lo aplaude. Él se acomoda, con insistencia, algo de la manga de su camisa a cuadros, sin una arruga.

Johnny es paciente del Hospital de Día del Borda. Es un área de Salud Mental que funciona para las personas que necesitan un tratamiento mayorque una o dos sesiones de psicoterapia por semana, con el finde evitar la internación. Llegan, también,después de haberestado internados.Vienenocho horas y vuelven a sus casas. El objetivo es que el paciente logre la autonomía, que después de pasar por el hospital pueda manejarse solo, sin que otro esté ahí para él. Lograr eso que de un lado de la vida social se entiende como lo dado, lo natural, lo que es porque sí,yparecería tan sencillo. Abrocharse un botón es una cosa más que se hace cada mañana, al pasar. Pero cuando algo no está bien en la estructura psíquica, o se tiene una patología, o en la cabeza aparece algo que se instala, ese día la vida cambia. Y el ojal de la camisa es un hueco inmenso por donde algo tan pequeño como un botón parecería perderse. No encajar.

Después de una crisis, de un tratamiento con medicación, de haber dependido de otro, el alta del Hospital de Día será más, mucho más, una bisagra. Dar de nuevo. Una primera vez, y como en un principio, las cosasllevarán más tiempo. Esfuerzo. Concentración. Ser autónomo es lograr dominar la arqueología de lo cotidiano: cocinarse, ocuparse del propio cuerpo –bañarse, elegir la ropa, vestirse–, moverse de un lugar a otro por la ciudad, encontrar un trabajo, armar vínculos. Para que eso funcione se trabaja en grupo. El intercambio con pares es vital. Sanar es entender la importancia de que el otro esté ahí. Poder, por un lado, encontrar el eje, pero con la experiencia de que se es, con el otro. Paraeso se hace un trabajo interdisciplinario, entre las áreas depsiquiatría, psicología, terapia ocupacional, músico terapia, arte terapia y enfermería.

Adriana Farías es psicopedagoga, directora del posgrado de especialista en arte terapia del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA), y coordinadesde2008 junto conMarcelo GonzálezMagnasco, psicólogo, decano de Audiovisuales del IUNA, el Taller deGuiónAudiovisual en el Borda, en el contexto de arte terapia. Trabajan las historias que los pacientes escriben, producen, protagonizan, filman. Así, uno es el actor, otro hace la asistencia de dirección, un tercero el sonido; cada uno ocupa un lugar en el tejido de la historia. "Una definición que doy en las clases –dice GonzálezMagnasco– es que arte terapia es la utilización de las artes, específicamente las audiovisualesen este caso,con objetivos terapéuticos. Se diferencia de cualquier taller de arte, y esto no significa que no se usen las herramientas del arte, sino que el fin es otro."

La puerta sigue abierta de par en par. Desde adentro se ve el jardín. Importa lo que se ve de allá afuera, es una invitación. En el medio de la sala rodeada delockersy mesas de distintos tamaños hay hojas apoyadas sobre la mesa más grande. Es tan larga que caben, cómodas, treinta sillas. Están vacías. Las hojas se caen. Nadie lo nota, y no importa; tienen las copias delguiónde Sebastián, uno de los pacientes, que actuará y dirigirá cada escena. Filman en la sala de al lado, el comedor. "Mi corto es la historia de un narco que, perseguido por la policía, se refugia en el Borda y descubre que él también necesita ayuda", dice Sebastián, guionista del corto Buenos tratos Buenos Aires.

Se arman los equipos. Suben la cámara a un trípode, extienden los micrófonos, preparan la escena. Dos hombres sentados junto a una mesa redonda de fórmica miran una silla vacía. GonzálezMagnasco dirige la escena. Cuando pregunta por el sonido, Sergio,con la caña en alto, controla que el micrófono no entre a cuadro. Corre, grita. Y se guiña un ojo conRoberto, otro compañero, que hace la asistenciade dirección. Sebastián entra en escenaescoltadopor un enfermero. Es robusto. El pelo le llegaal hombro, barba de días.Todo de negro, bien podría ser cantante de una banda de garaje.Se sienta. Levanta la mano y mira al director. Pide que corten.

–¿Entrábamos en cuadro? –pregunta Sebastián.

–Sí, estaba todo bien.Volvéa entrar –le pideRoberto.

Sebastián selavantade la silla, mira la escena. Toma del brazo a Emilio, que hace de enfermero.

–Pará, pará, nopodésser enfermero sin bata.

–Voy a pedir a enfermería, y otra de médico –confirmaLuis, queva a actuar de médico.

–Traéuna pichicata, también –diceSebastián, y hace el gesto de pincharse el brazo.

Las risas se multiplican por el eco y quedan grabadas. La cámara nunca dejó de filmar.

El objetivo básico de la labor de arte terapéutica es el de construir un vínculo de confianza con los pacientes para que ellos sean capaces de comunicar mediante imágenes sus angustias, ansiedades y otros padecimientos –muchas veces silenciados por los límites de la expresión verbal– que pudieran originarse en la represión, inhibición u otrosobstáculos de su experiencia. Fundamentos en arte terapia, por Farías y GonzálezMagnasco.

Emilio y Luisvuelven con los ambos puestos. Uno es celeste y el otro azul. La escena se va a filmar porcuartavez.Improvisan.Acción, se escucha, ySebastián entra tomado del brazo,por el médico y el enfermero.Sentados a la mesa, Johnny yLuisito, un voluntario, con el diminutivo, para diferenciarlo de Luis, que es mayor. Hay una silla vacía. Sebastián la ocupa.

–Ahí no, es la silla de mi amigo José –diceJohnny,pecheándolo. Tiene la camisa desabotonada y el pelo revuelto.Preguntó a varios si estaba bien así para su personaje. De un solo tranco, contó que había hecho teatro, antes.

–José no está, ahora estoy yo –contesta Sebastián.

–Te dije que era de mi amigo José, no la uses –insiste Johnny. Parece otro. Levanta la voz.Los hombros están arriba. Actúa.

–Decíalgo, vos –Johnny sacudeaLuisito.

–¡Está ido, no ves! –grita Sebastián.

Aparecen el médico y el enfermero. Les explican lo importante que es calmarse. Las sillas hacen ruido al acercarse a la mesa. Corte. Aplausos.

Renato, que haceel back,va y vieneconla cámaraencendida por la otra puerta del comedor donde se filma. A un costado hay un perchero de metal, de uno de los ganchos más altos cuelga un cartel grande, pintado a mano por ellos, en amarillos y verdes se lee San Arte, separado, con S y A en mayúscula. Un juego de palabras, el juego quepermite el arte para poder escribir sobre la sanación. Cada vez que Renato pasa, y pasa seguido, el cartel se agita y queda moviéndose, abanica el aire. Con la cámara encendida llega a Lisandro, el asistente de sonido.Las manos empiezan a palmear otro ritmo que el del aplauso. Todos miran hacia donde está el sonido y cantan: No se va, Sergio no se va. Es el día de su alta. Entró. Pasó. Llegó sutiempode volver a caminar solo.

En 2013,El Borda cumplió150 años, se fundó en 1863, en pleno pico de la fiebre amarilla. Después de la fiebre, los del Sur armaron nuevas mansiones en el Norte; antes de la fiebre, el Norte estaba en el Sur. Barracas, condicionada por la salud, pasó a ser el barrio del cordón.Calles anchas, fábricas y caserones. También están, cerca, el HospitalInfantoJuvenil Tobar García y el Braulio Moyano. Los bastiones de la salud mental en una zona que no se les muestra a los turistas. A diferencia del pasado, cuando era moneda corriente dejar de lado a un familiar con necesidades de tratamiento psiquiátrico sin que de eso se hablara, hoy se los acompaña de otro modo. Cambiaron muchas cosas en relación con la mirada sobre alguien que necesita una ayuda, o dos. El arte terapia encontró un espacio desde donde trabajar. Cuando hay posibilidad de hacer,el tratamiento, la medicación, hoy tienen otra zona de acción para que después de un brote,de una internación, se dé lugar a empezar otra vez.

Hacerse la estatua

En La Boca, una calle divide el río de la ciudad. Apenas unos adoquines para pasar de líquido a sólido. Fundación Proa está en la otra vereda del río, y las criaturas deRonMueck–australiano, hijo de padres que hacían juguetes y títeres, y que actualmentevive en Londres–cruzaronocéanos para llegar a Buenos Aires y atraer hoy a miles de personas. Las esculturastambién están ahí, del otro lado. El grupo del hospital de día entra a ver la muestra acompañado por profesionales de las distintas disciplinas. La guía del museo se detiene ante cada escultura. "La precisión de los gestos, la suavidad de la piel que trabaja en silicona, le da a la obra una apariencia de absoluta realidad", dice en el centro del círculo que rodea la obraPareja debajo de una sombrilla, ancianos en una playa. Sebastián, Renato y Sergio se acercan.

–Son muy reales –diceSebastián.

El grupo entra a otra sala.El silencio es acogedor. Un chirrido agudo corta el aire. Empieza a sonar cumbia. Eric, uno de los pacientes, mueve lento su metro noventa de estructuragenerosa. Se queda más atrás, apoyándose en la pared. Los auriculares blancos le cubren las orejas.

–Tenemos acá Hombre en bote, ¿les parece que la barca es real o también de silicona, resina? –pregunta la guía.

–El bote es real, de madera–contestaOsvaldo, y lo toca.

–Muy pequeño es el hombre en relación al bote–dice Sebastián, convencido.

Eric estira el brazo y trae hacia él un taburete alto,el único,apoyado sobre la pared. Se sienta. Sube el volumen.Los acordes a repetición de la cumbia recortan el fresco olor artificial del aire de la sala. La música es parte de lo que se respira.Adriana Farías se acerca. Eric está inmóvil, en una postura muyMueck;Mueck, de mueca. Adriana pasa la mano delante de sus ojos, él ni pestañea.

–Qué bien logrado está –dice, y se pega a la cara de Eric.

El grupo empieza a moverse para ir a la última sala. El taburete queda vacío. Eric sonríe y se suma al grupo. Adriana lo mira concentrada, la satisfacción le recorre el cuerpo. "A mí me gusta una frase –dice–: Pan para todos, bellezas para todos, todo para todos. Poder brindarles ese espacio, donde se conectan con cuestiones simbólicas. Eso no es pan, es ese acceso a la belleza. La idea es conectarlo con un afecto posible. Eso es terapéutico."

Están en la puerta de Proa bajo el sol del mediodía. Se juntan bajo la sombra que da un alero. Hay ojos más sensibles a la luz; miradas menos blandas.Las pupilas ocupan más blanco del ojo.Antes de irse, les recuerdan pedirle la mediación a la coordinadora de la salida. Es fundamental no abandonar el tratamiento, que suele ser una de las causas en las recaídas. Pero sí, si logran ordenarse en la vida del afuera, empieza a ser posible la aparición del deseo. Qué querer ser.

–¿Van para allá, van para allá? –preguntan, pisándose las voces.

Algunos del grupo se miran, se dan coraje para cruzar el calor del mediodía. Se animan a salir de la sombra.

–Vamos para allá yahívemosenlos carteles de los colectivos –dicen, a la vez.

Tardan en arrancar.Unas manos se levantan sobre las cabezas y saludan en el aire. Otros van a la despedidade unabrazo,unchau largo sin palabras,esa posibilidad de lo que los brazos, al rodear el cuerpo del otro, sí pueden decir.

Agradecimientos: Fundación Proa. Muestra de Mueck, hasta el 23/2.

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