Sueños menudos

Mañana empiezan las clases en la ciudad. Aquí, algunos chicos que aún pueden soñar con el futuro le cuentan a la Revista sus aspiraciones. El ministro de Educación, Daniel Filmus, contesta interrogantes sobre el déficit educacional argentino, y los expertos aportan sus opiniones y destacan los valores para inculcarles
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29 de febrero de 2004  

Jazmín

VETERINARIA

Para cuidar a su perro

Tiene 6 años

  • Vive en Barrio Norte y va al colegio Jesús María
  • En su decisión tuvo mucho que ver su perro Bandido
  • También quiere ser modelo porque le gusta desfilar
  • Brian

    RUGBIER

    Como su hermano

    Tiene 7 años y va al Instituto Natan Gesang, en Once

  • Vive en Palermo, y también le gusta pintar
  • Sofía

    CANTANTE POP

    Como Shakira

    Tiene 10 años, vive en Florida y va al colegio Rudolf Steiner

  • Cantar es lo que más le gusta, pero también disfruta cuando juega al quemado con sus amigas
  • Francisco

    BUZO

    Es fanático de Nemo

    Francisco Alves Peña tiene 5 años y vive en Monserrat

  • Va a la escuela Redbrick, en Barrio Norte
  • Le gusta construir con los ladrillos Lego
  • Gastón

    CONSTRUCTOR

    Le gusta diseñar

    Tiene 7años y vive en Morón

  • Va a la Escuela Martín Fierro Nº 22 de Hurlingham
  • A veces, también quiere ser quiosquero y taxista
  • Le gusta jugar al fútbol y tomar clases de gimnasia aeróbica con su mamá Rosita, que es profesora
  • Pablo

    ABOGADO

    Una tradición familiar

    Pablo Aguilera tiene 6 años y vive en el centro

  • Antes decía que quería ser policía
  • Hace ya un año que dice abogado, igual que su papá, su abuelo y su tío
  • Segundo

    EXPLORADOR

    Como Jeff Corwin

    Tiene 7 años, vive en Coghlan y va al colegio Saint Patricks

  • Su modelo es el explorador de Animal Planet, Jeff Corwin, que nunca mata a los animales
  • Sólo los atrapa, los estudia y los devuelve a su hábitat
  • Un abogado, una veterinaria, un explorador, una cantante pop, un constructor, un rugbier, un buzo... Hoy, como ayer, los chicos echan a volar la imaginación cuando los grandes les preguntan: ¿Qué querés ser cuando seas grande?

    El gran tema de la vocación está presente desde los primeros años de la vida y hay estudios que demuestran la correlación entre los tempranos deseos y las concreciones de la vida adulta.

    Gabriela Renault, decana de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador, participó recientemente de una investigación en la que se interrogaba a un grupo de adultos sobre cuál era el juego que más les gustaba de chicos y qué carrera habían seguido.

    –Es sorprendente, pero la relación era directa –explica la psicóloga–. Si jugaba al almacenero, hoy es contador; si le gustaba ser maestro, hoy quizá trabaja en el sector de capacitación de una empresa.

    La psicoanalista Susana Mauer, especializada en niñez y adolescencia, también opina que el juego dramático de la infancia es el temprano despliegue de las inclinaciones vocacionales. "El encuentro con la propia pasión no tiene edad de surgimiento ni fecha de vencimiento. Puede plantearnos dudas durante toda la vida. Pero con frecuencia nos encontramos con marcas vocacionales que vienen desde la primera infancia y quizás esas huellas se descubren a posteriori", explica.

    Las presiones y las expectativas familiares y culturales pesan en las decisiones. Pero también es el contexto socioeconómico el que se interpone, y puede frustrar las posibilidades de desarrollo. De hecho, aun cuando el entusiasmo y la capacidad de soñar sigan intactos, la realidad demuestra que la posibilidad de crecer por medio del estudio y del esfuerzo es hoy cuestionada. A tal punto que, a edades cada vez más tempranas, muchos jóvenes se preguntan para qué estudiar, si el modelo de los que triunfan no pasa por el estudio y se plantean si se puede hablar de vocación en tiempos de graves problemas laborales. "Es indudable que en la Argentina de los últimos años ha quedado cercenada la perspectiva de futuro, una de cuyas consecuencias se manifiesta en la dificultad para articular proyectos a largo plazo", dice la psicoanalista Silvia Bleichmar.

    A su entender, en las condiciones actuales de vida, los niños argentinos han sufrido, precozmente, la angustia de un futuro amenazado por el fantasma del desempleo, y esto afecta a distintos sectores sociales, en particular las capas medias, que aún sienten que tienen algo para resguardar. "Más que la vocación, que reside en el deseo de estudiar para tener un trabajo con mayores posibilidades de realización personal, lo que vemos hoy es que los niños de todos los sectores sociales sueñan con actividades que den notoriedad y brillo, y permitan participar de ese mundo investido de éxito", dice Bleichmar.

    Para la psicoanalista, los niños de hoy no sueñan con ser médicos o abogados, sino con ser modelos, cantantes, futbolistas... "Todo esto no tiene mucho que ver con el goce del métier por realizar, sino con los beneficios reales o fantaseados. Pero, tal vez, lo más preocupante es el hecho de que el conocimiento ha dejado de ser considerado como un valor en sí mismo para devenir sólo garantía futura de no caer de la cadena productiva."

    Lo sobresaliente del escenario actual es la exclusión social. Este es el rasgo dominante de las nuevas sociedades tecnológicas. Desde una perspectiva individual, tener un título de estudios secundarios o superiores hoy no es garantía para conseguir trabajo, aunque es cierto que las personas que lo poseen son menos vulnerables al desempleo.

    La psicoanalista Bleichmar cree que la sensación de que estamos ante un mundo difícil de predecir provoca, en parte, temores, pero también expectativas. "Hubiera sido impensable en mi generación que un filósofo tuviera ingresos mayores que un médico, o que alguien pudiera ganarse la vida con actividades que hoy son centrales: comunicación, computación, teoría de sistemas en su aplicación organizacional... Hoy, un biólogo o un matemático tiene perspectivas laborales que puede no tener un abogado o un ingeniero. Por eso los padres son cautelosos, y saben que es imposible definir en la infancia cuáles pueden ser las profesiones del mañana en un mundo que abre cada vez más continentes científicos y técnicos", asegura.

    También los medios de comunicación son una influencia para los chicos. Si hace treinta años querían ser bomberos, policías y carteros, ahora se cuelan nuevas profesiones surgidas de un vuelco real hacia otros campos. "Hoy se sabe que una persona que sale del secundario tendrá que cambiar al menos cinco veces de ocupación, pero esto nos es contradictorio con la estructura misma de la vocación, sino que, por el contrario, podremos ser capaces de trasladar las habilidades desarrolladas en un campo ocupacional a otros, en la medida en que tengamos la oportunidad de desplegar nuestro propio impulso", dice Claudia Messing, directora de la Escuela de Posgrado en Orientación Vocacional Ocupacional y Asesoramiento Familiar.

    Según explica, ese impulso es la significación inconsciente de la vocación, aquello que sentimos que logramos cuando realizamos actividades ocupacionales satisfactorias. Por otro lado están los objetos vocacionales que son las carreras y las ocupaciones que vamos realizando. "Podemos acceder a nuestro impulso vocacional si hacemos un recorrido desde el presente hacia el pasado y nos detenemos en aquellas actividades que nos produjeron satisfacción. Descubriremos que entre esas vivencias existe un hilo conductor", analiza Messing.

    Tendencias

    Escondido entre enredaderas y sombra fresca en el barrio de Florida, el colegio Rudolf Steiner basa su educación en la pedagogía Waldorf, que pone especial atención en la formación integral del chico.

    Al caminar por la escuela, se ven casitas de ladrillos, montones de trigo, lámparas hechas con ramas. Ana Reinhardt es maestra de primaria y explica que en ese colegio chicas y varones pasan por muy variadas actividades.

    En el jardín cosen, bordan y tejen. En la primaria construyen una casa: la diseñan, mezclan el cemento, colocan los ladrillos. También cocinan, plantan trigo y lo cosechan, encuadernan, esculpen, cultivan una huerta." Los chicos tienen necesidad de conocer el mundo antes de ver cómo actúan en él. Por eso tratamos de que pasen por un abanico de campos humanos", dice la maestra.

    Y asegura que, en ese proceso, puede surgir la vocación. "Los chicos empiezan a hablar del tema a partir de los 15 años. Antes, el maestro es un observador que ve tendencias y las alimenta, pero sin descuidar el conjunto", asegura Reinhardt.

    Los padres pueden y deben acompañar este proceso desde los primeros años de vida de los hijos. Llegado el momento de elegir, la orientación vocacional, si se hace en profundidad, puede ser útil.

    Porque, como señala Claudia Messing, la principal dificultad que enfrentan los jóvenes actuales a la hora de definir una vocación está en la inmadurez y fragilidad de sus propios intereses vocacionales.

    Investigación: Carolina Reymúndez. Producción: Florence Argüello

    Agradecimientos: Mimo, Cheeky, 47 Street, Casa Quintas, Paula Cahen d‘Anvers, Eurocamping, Casa Rago y Magneto.

    Asistente de producción: Rosario Perazzo.

    Un acceso desigual

    El Ministro de Educación Daniel Filmus responde a algunos interrogantes básicos acerca de la enseñanza en la Argentina.

    –¿La escuela de hoy ayuda a elegir una profesión y a desarrollar una vocación?

    –El objetivo fundamental de la escuela es abrir la mayor cantidad de perspectivas para comprender los procesos elementales de la naturaleza y la sociedad. La educación general básica (EGB) debe formar al chico en competencias generales que le sirvan para cualquier actividad futura, como la capacidad de abstracción y creación, el pensamiento estratégico. Especialmente tiene que aprender a aprender.

    –¿El país les permite a esos chicos hacer lo que eligen?

    –El acceso a la educación en nuestro país es muy desigual, y hoy muchos chicos no estarían en condiciones de cumplir el sueño de seguir su vocación. El 40% de los alumnos no termina la escuela media. Por eso, el objetivo de nuestra gestión es igualar. Hacer una discriminación positiva y compensar las desigualdades de origen. No olvidemos que la escuela es la única institución que piensa que el chico va a llegar no de acuerdo con su nivel socioeconómico, sino por sus capacidades.

    –¿Cuáles son las carreras más seguidas y cuáles las que el país necesita?

    –Todos los años mueren y nacen carreras, y hoy más que nunca se cambia de actividad varias veces en la vida. Por eso es muy necesario que en todas las carreras haya una formación general básica que desarrolle capacidades como saber tomar decisiones, ser crítico, creativo y competencias que le permitan estudiar siempre. Antes, los adultos que estudiaban eran los que no habían terminado la carrera, ahora la educación es a lo largo de toda la vida.

    –¿Hay carreras con futuro?

    –Eso es tan incierto, aun con carreras tradicionales como Abogacía y Medicina. Hoy, por ejemplo, los matemáticos y filósofos son muy buscados para muchos puestos, por el pensamiento abstracto y la creatividad. Así que hoy más que nunca escucharía la vocación de los jóvenes.

    –¿La vocación es una política de Estado?

    –Hay sistemas de becas para estimular el estudio de las carreras que más se necesitan. Hasta ahora, el 62% de las becas era para humanidades, y justamente la semana última se lanzaron mil becas para las disciplinas científicas y las ingenierías, áreas en las que la Argentina puede ser competitiva. El país tiene que tener políticas activas en esa dirección. Para eso se necesita una perspectiva de país, tenemos que pensar cómo hacer para cambiar de economía agraria a una basada en el conocimiento.

    –¿Qué mensaje les daría a los padres de los chicos que empiezan la primaria mañana?

    –Que comprendan el proceso de aprendizaje, que apoyen a los maestros y que estén cerca del chico. Que le lean porque ellos aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Que participen. A veces empiezan interviniendo mucho en el jardín, menos en la primaria y se ve una despreocupación creciente a medida que pasan los años. Tendrían que hacer un esfuerzo para mantenerla. Finalmente, que recuperen el fervor y la confianza en la educación.

    Valores para inculcarles

    Por Diana Cohen

    Hay cosas que se pueden elegir y otras que no. Pablito puede elegir qué color de cartuchera comprar. Pero no puede elegir otras, como ciertos valores básicos que serán enriquecidos con otros valores más complejos a través del tiempo.

    1Cortesía. El chico no sabe del bien y del mal. Pero, rápidamente aprende que existen prohibiciones: "No digas malas palabras", "No empujes a tus compañeros...." La cortesía no es el valor más importante, pero es la condición de cualquier otro valor. Es el valor que primero podemos aprender, pero con el tiempo este valor "mínimo" nos permite aprender otros valores más importantes.

    2 Respeto hacia los otros. Como decía Kant, tratar a los otros como fines en sí mismos, nunca como simples medios que pueden ser usados en nuestro beneficio.

    3 Compasión. Poder comprender y hasta participar en el sufrimiento de los otros, animales humanos y no humanos.

    4 Generosidad. Hacer el bien a los otros aun cuando cedamos parte de nuestros intereses. Tal vez no es tan importante como la justicia. Pero la justicia es más reflexiva y universal. En cambio, la generosidad es más espontánea, más irreflexiva. Por eso es previa al valor de la justicia y la más apropiada para inculcarles a los chicos.

    5 Gratitud. Es la contracara de la generosidad. No trata de dar, sino de agradecer lo que nos han dado. Implica reconocimiento del otro, amor hacia el otro y retorno de lo que el otro nos da.

    6 Altruismo. Reconocer que a veces el interés de los otros es más importante que nuestro interés personal. Se opone al egoísmo.

    7 Tolerancia. Reconocer y aceptar las diferencias y a los diferentes. Esto es, evitar toda forma de discriminación. Sin embargo, es paradójica porque, a diferencia de otros valores, tiene límites: no se puede tolerar cualquier cosa. Por ejemplo, no se puede tolerar la tortura.

    Creo que todos los valores se reducen a la clásica regla de oro: no hagas a los demás lo que no querés que te hagan a vos. Que con el tiempo, los chicos pueden llegar a complementar con otra regla no menos importante: antes de juzgar a otro, camina 50 kilómetros con sus zapatos.

    La autora es doctora en Filosofía y magister de Bioética. Es docente del Departamento de Filosofía (UBA) e imparte cursos de Bioética en la Universidad Favaloro.

    Julio Bocca

    Bailarín

    Desde muy pequeño, mis recuerdos son que nada me gustaba más que meterme en el estudio de danzas de mi vieja, y ver cómo al compás de la música un montón de gente se movía en forma armónica en los ejercicios de la barra. Luego, esa misma gente, a partir de movimientos que mi vieja proponía, hacía un número final de danza, donde todos ejecutaban saltos, piruetas, diagonales... y todo terminaba con un aplauso general no sólo dedicado a la maestra, sino también a los estudiantes mismos. El sentimiento era de felicidad. En esos momentos, a mis 4 años, supe que quería ser bailarín. No puedo explicar cómo. Sólo sé que quería para mí también esa felicidad. Un par de años después, para poder estudiar en la Escuela del Teatro Colón tuve que enfrentar las dificultades de viajar desde Munro al Centro, ir y venir, compartir horarios con la escuela primaria, con la guita justa para un sándwich y una coca entre una escuela y otra. A veces salía de mi casa a la mañana muy temprano para regresar tarde en la noche, medio dormido, y pasarme de estación de tren y me despertaba solo en medio de la noche en una terminal y tenía que volver caminando. Pero nada de eso perturbó mi vocación. Era algo que tenía que hacer para conseguir lo que quería. Siempre supe que iba a costar, pero no me importó. Eso sí, conté con el apoyo de mi familia, para quienes, de alguna manera, era natural que un chiquito de 8 años hiciera semejante esfuerzo. Para mí también era algo natural. ¿O acaso no es cierto que lo que cuesta, finalmente vale?

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