Superación. Un accidente lo dejó inmóvil y se convirtió en entrenador de esquí convencional

Germán Vega es el primer instructor del mundo en silla de ruedas para esquiadores convencionales.
Germán Vega es el primer instructor del mundo en silla de ruedas para esquiadores convencionales. Fuente: Archivo
Pablo Corso
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9 de septiembre de 2019  

Cada vez que toma la última curva de la ruta 82 y la base del cerro Catedral emerge ante sus ojos, a Germán Vega se le pone la piel de gallina. El perfil imponente y sinuoso del centro de esquí más famoso de Sudamérica anticipa un tsunami de emociones. "Sentir la velocidad, el viento en la cara y la posibilidad de moverme haciendo lo que quiero. es como tener piernas", compara. El correlato mental de esa percepción es una historia que se dispara en un pasado traumático y se proyecta hacia un futuro vertiginoso.

En 2000, cuando tenía 27 años, Germán tomó una decisión vital: dejar la ciudad natal de La Plata para cumplir el sueño de esquiar en Bariloche. Entre bajada y bajada colaboraba en el comedor de Crearte, una asociación para chicos con discapacidad. En 2002 terminó de entender que ese vínculo lo ayudaba a cubrir ciertas vulnerabilidades (también solía llevar a personas de la calle a comer a McDonald's). Entonces propuso a aquellos chicos entrenar para la maratón por el centenario de Bariloche. Llegaron a correr 10 kilómetros y fue uno de sus mejores días en suelo patagónico.

Brinda charlas en las que cuenta su historia y lo que hizo para superarse. "Hablo de independencia y de actitud. De la rabia de caerte y no poder levantarte, de la importancia de hacerlo como sea".
Brinda charlas en las que cuenta su historia y lo que hizo para superarse. "Hablo de independencia y de actitud. De la rabia de caerte y no poder levantarte, de la importancia de hacerlo como sea". Fuente: Archivo

Tres años después, mientras atendía su negocio de ropa, unos amigos lo invitaron al cerro. No tenía demasiadas ganas -el clima no acompañaba-, pero aceptó. Después de un descenso largo, en la curva superior de una de las pistas cercanas a la base, se topó con una rampa, dio una vuelta en el aire y cayó de espaldas. Enseguida supo que algo había salido mal. Tenía las piernas estiradas y las sentía en el pecho. "¿Estás bien?", le preguntaron. Con cinco años de experiencia en Crearte, respondió con un autodiagnóstico: "Tuve una lesión medular y voy a estar en silla de ruedas". Los médicos le dieron la razón. Había quedado cuadripléjico.

El duelo fue corto. Se rehabilitó en La Plata y adaptó su auto. Aunque la silla se transformó en un complemento inseparable, necesitaba moverse más. Hizo kayak, rafting, parapente, buceo y canopy. En 2006, cuando manejaba una pyme de turismo accesible, estaba desesperado por volver al cerro. Un día viajó a Chapelco con una pareja de estadounidenses que le presentaron el monoesquí: una tabla unida a un equipo que sujeta al esquiador desde el ombligo y se complementa con los estabilos, bastones regulables que ayudan al equilibrio. Ajustó el artefacto y se entregó a sus compañeros, que lo llevaban con dos riendas. Era frustrante: se caía todo el tiempo. "En un momento me soltaron sin decir nada", recuerda. "Lloré toda la bajada. Volvía a esquiar solo".

Sentir la velocidad, el viento en la cara y la posibilidad de moverme haciendo lo que quiero es como tener piernas.
Germán Vega

Mientras regresaba a la maratón de Bariloche (esta vez con la silla) y al local de ropa (colgándose de los estantes para alcanzar los jeans), empezó a familiarizarse con el monoesquí. Primero bajo la mirada de un instructor, después solo, más tarde enseñando a otras personas con lesiones graves. Pasadas 14 temporadas de curvas y bumps, reconoce que el equilibrio sigue siendo lo más difícil. "Recién ahora me di cuenta de que no sabía esquiar -plantea-. Tenía el centro de masa corrido, los hombros rotados, el movimiento de los brazos desprolijo y el cuerpo tirado hacia delante". Corregida la técnica y las posiciones, el año pasado completó su parábola. El 25 de septiembre se convirtió en el primer instructor del mundo en silla de ruedas para esquiadores convencionales.

Contra viento y marea

Cuando se acercó a la Asociación Argentina de Instructores de Esquí, Snowboard y Pisteros Socorristas (Aadidess), Germán fue claro: quería rendir el examen como todo el mundo. "Te vamos a reventar", le advirtieron los profesores. Cumplieron su promesa. La salida de prueba fue un fuera de pista escabroso. Se le cerraban los estabilos, se caía y -por primera vez en mucho tiempo- volvió a sentir miedo. El curso empezaba al día siguiente. Germán descansó, respiró y se calzó la pechera. En los dos fuera de pista que decidirían si quedaba, las cosas salieron a la perfección. Cuando le avisaron que había entrado, se largó a llorar. "Se me cruzó el accidente, la posibilidad de hacer el curso, el hecho de ser el primero. demasiado fuerte".

Germán, en plena práctica y cumpliendo su sueño de seguir esquiando.
Germán, en plena práctica y cumpliendo su sueño de seguir esquiando. Fuente: Archivo

El día uno dio una clase para principiantes. "Van a tener una experiencia inolvidable", los alentó. Pero había olvidado algunas cuestiones prácticas: los brazos con los que tenía que dar las indicaciones estaban ocupados con los estabilos, a los que clavó en la nieve, armó un caballete de sí mismo y se sostuvo como pudo. Soltó las manos y volvió a emocionarse; recordó a los profesores que le habían advertido que no podría dar clases sin usar las manos. Cuando vieron la confianza y el sacrificio, sus compañeros lo integraron. Lo ayudaban a abrocharse al monoesquí, lo empujaban en la partida. Después llegaron los exámenes prácticos y técnicos: cuña, giros elementales, otros finos y prolijos en la pista de la aerosilla Militares, un sector complicado y de nieve revuelta. Por la "V" de su apellido, Germán largó anteúltimo entre 50. "Hice dos bajadas bastante bien -rememora-. En la tercera, con la pista llena de pozos y montañas, agarré unas rampas, se me trabó el esquí y di una vuelta campana: un palo tremendo". Se levantó como si nada, listo para la última vuelta, que debía aprobar sí o sí. "Y apareció la varita mágica. Quedé segundo después de Salomé Báncora", atleta olímpica y campeona nacional de slalom en 2016. Después de rendir las últimas pruebas escritas, se convirtió en instructor. Hizo historia con honores: 9,87 en el multiple choice y 10 en Metodología.

Al principio, los alumnos me miran con desconfianza. Pero se van dando cuenta de que puedo enseñarles bien, y se relajan.
Germán Vega

Cuando se libera de su trabajo en el Municipio, Germán sube al cerro para dar clases inclusivas a los egresados. Los que antes se quedaban en el hotel por estar en silla de ruedas ahora aprenden con sus compañeros. El instructor les demuestra con las manos todo lo que pueden hacer con los pies: el manejo del equipo, los movimientos básicos, el descenso directo y en cuña. "Al principio me miran con desconfianza -reconoce-. Pero se van dando cuenta de que puedo enseñarles bien, y se relajan".

"Mi rol es importante por los que vienen atrás mío -reflexiona-. Que el próximo chico en una silla de ruedas sepa que puede hacerlo". Mientras tanto, mantiene una vida familiar intensa. En un día cualquiera se levanta a las 6.30 y despierta a sus tres hijos. Los cambia, los peina, les da el desayuno y los sube al auto. Carga la silla y maneja hasta sus colegios. Si queda energía después del trabajo, sube hasta el cerro. En la base saca una silla liviana, la arma y se sube de un salto. Entonces carga la mochila, se ata los pies y se pone el casco. Cuando está por alcanzar la cumbre, baja de la aerosilla de un salto. Solo necesita un empujón para empezar a deslizarse: agachado y con el torso casi pegado a la nieve, con maestría y velocidad, en slaloms elegantes y adrenalínicos.

El esquí adaptado para poder practicar el deporte alpino.
El esquí adaptado para poder practicar el deporte alpino. Fuente: Archivo

Germán también maneja las Relaciones Institucionales de la Fundación Challenge. "Lo llaman muchas personas con discapacidad para saber cómo pueden empezar. Es un motivador excelente", explica el presidente Martín Bacer, también al frente de Aadidess. De hecho, en el último año fortaleció la veta de las charlas en colegios y empresas. Ahora lo esperan eventos como TEDx y una conversación junto con Juan Sebastián "Brujita" Verón, además de una gira por la tele porteña. Va a hacer lo que viene haciendo: contar su historia y lo que hizo para superar las trabas. "A la gente le gusta, le da fuerza para afrontar sus problemas", plantea. "Hablo de independencia y de actitud. De la rabia de caerte y no poder levantarte, de la importancia de hacerlo como sea".

Hasta la tele

Desde que la historia de Germán Vega se hizo conocida, recibió el premio Bienal ALPI en el Congreso, conversó con Mauricio Macri por WhatsApp y llegó al Bailando, donde Macarena Rinaldi y Hernán Piquín compiten por equipos adaptados para la Fundación Challenge Argentina, que promueve el deporte de montaña entre personas con discapacidad, adultos mayores y sectores de bajos recursos.

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