Surf sex. 6 situaciones para aprender a barrenar los mares del deseo y el placer

Crédito: Ilustración de Ornella Pagliaruolo.
Denise Tempone
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29 de diciembre de 2019  • 18:00

El océano y el sexo tienen mucho en común. Ambos poseen una potencia infinita y salvaje, un enorme poder reconfortante y, al mismo tiempo, dan cierta sensación de adrenalina y peligro. Se trata de fuerzas que pueden revolcarte y asustarte, o arrullarte y contenerte. Cuando estamos excitadas, dentro de nosotras también sentimos el poder de las mareas. La energía sexual crece y avanza por todo nuestro cuerpo. Al igual que el agua, llega a los lugares más vedados y saca a flote emociones ocultas. Como las surfistas, toda amante ansía sentir esa conexión con la inmensidad, pero sabe perfectamente que chapotear en las orillas también tiene lo suyo. Acá, un puñado caprichoso de instrucciones e ideas para barrenar los mares del deseo y el placer.

Filosofía surf

No hay nada que te exija estar más en el aquí y ahora, que te aleje de lo cotidiano y lo condicionado, que enfrentarte a la fuerza oceánica... o sexual. Quienes practican surf entrenan la conexión con la energía tanto como sus cuerpos. Respetan el medio en el que se mueven, pero tampoco se lo toman en serio todo el tiempo. Saben cuándo tontear y cuándo retirarse, cuándo provocar y cuándo entregarse. Antes que nada, saben de qué se trata el juego: de disfrutar y, aun así, de preservarse de una fuerza arrolladora.

Crédito: Ilustración de Ornella Pagliaruolo.

El mar es el fin

Ninguna surfer emprende el adentramiento al océano solo por esos diez segundos en los que logra montar una ola. Del mismo modo en que ninguna buena amante entra a una cama solo por esos breves instantes que dura un orgasmo. El recorrido es el fin. El contacto, el franeleo con las olas, el viento y la sal son goce puro. Luego, se trata de suerte y aceptación: como en el amor, ninguna ola dura para siempre y nadie nunca sabe exactamente qué le tocará.

¿Cuál es tu ola?

  • Olas orilleras, un poco light. Las olas orilleras son las que rompen muy cerca de la arena y no te dan demasiado espacio para surfear. Son chiquitas, superficiales y, como ese amante frívolo, intermitente y veloz, resultan llamativas y ruidosas. Parecen light, y en un punto lo son, pero eso no les quita complejidad: si te caés, das directamente contra el fondo. En el mundo surfer, lo superficial merece una especial destreza ya que se considera un espacio intermedio con el skate, una disciplina que brinda menor margen de error. Nadie se abalanza de cuerpo entero sobre una ola superficial del mismo modo en que no darías todo por un amante "livianito". La energía invertida tiene que ser proporcional al peso de la situación.
  • Olas onduladas, "pura espuma". Ante una mirada inexperta, todas las olas son iguales. Pero no, no lo son. Las olas onduladas por ejemplo, tienen la base más adelantada que su cúspide. Esto hace que no lleguen a romper o que simplemente sean pura espuma. No te llevan a ningún lado, simplemente se disuelven en el camino aunque ya estés embarcada. Pueden entusiasmarte una, dos veces, pero a la tercera, con el ojo entrenado, probablemente sabrás leer la situación, verla venir... ¡y dejarla correr!

Crédito: Ilustración de Ornella Pagliaruolo.

  • Olas de fondo: lo que esperabas. Las olas de fondo son las de mayor calidad y tamaño. Se producen a miles de kilómetros de distancia del lugar en el que rompen y nada las afecta en su camino; de hecho, atraviesan vientos como si nada. Son ese amante firme, consecuente, que ves venir, que anticipás y que podés esperar para lucir tus cualidades surfer. Al llegar a la costa, suelen tener un período de vida mayor y, por lo tanto, mucha más fuerza y forma. Son producto de un tipo de energía más estable, sostenida y, al final de cuentas, más disfrutable también.
  • Mar picado y ganas de riesgo. Tal vez lo hayas visto en YouTube. Cuando el mar está picado, cuando la cosa se complica en serio, hay personas que corren a buscar la tabla para abalanzarse sobre olas que emergen entre las piedras y los truenos. Intelectualmente, puede que no las entendamos del todo, pero si las miramos con tanta atracción, es porque algo de ellas resuena en nosotras. Seguro sabés de qué hablamos: son esos mares a los que nos tiramos cuando sabemos que no va... y no va... y nosotras vamos de cualquier manera, insistiendo, simplemente porque algo más fuerte que nuestra voluntad nos impide quedarnos refugiadas en la costa.

Crédito: Ilustración de Ornella Pagliaruolo.

  • Olas sísmicas. Las olas sísmicas son monstruosas. Son los tsunamis, los maremotos. Provienen de movimientos profundos como terremotos, explosiones volcánicas y los sacudones inesperados de las placas tectónicas en el fondo marino... o en tu inconsciente. Ninguna surfer se atrevería a ellas, pero estas no se eligen, estas te tocan. Son esas situaciones que a veces son enroscadas y se vuelven riesgosas cuando te estabas adentrando, que pueden sorprenderte cuando todo parecía predecible. La única instrucción posible en este caso ¡es pedir salvataje!
  • Sin olas a la vista, en el placer de flotar. Dicen que la vida, como las mareas, es un sube y baja. Cuando baja y baja mucho, a veces, solo te toca relajarte, flotar y disfrutar. Una buena surfer sabe bien lo que vale ese momento de "velocidad crucero", haciendo la plancha sobre la tabla, abandonada en la inmensidad de un mar que te arrulla, que es tu amigo. Toda surfer sabe que, aun amando la adrenalina, es por momentos como este también que entró al mar. .

La técnica "surfing" del orgasmo: esperá la otra ola

Crédito: Ilustración de Ornella Pagliaruolo.

En el mundo de las técnicas sexuales, el surfing es el acto de interrumpir el orgasmo cuando estás a punto de llegar, pero no para abandonar el océano, sino para esperar la siguiente gran ola. Podés barrenar sola o acompañada y se hace así: cuando estás por llegar al orgasmo, distraés a tu cuerpo frenando la estimulación que te estaba llevando a él y desplazándote hacia un punto erógeno un poco menos intenso, como los pezones, tu abdomen o los alrededores de tu entrepierna. Podés retenerlo todo el tiempo que quieras y este tiempo será proporcional a la intensidad con la que finalmente llegará la ola, cuando así lo decidas.

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