Tan errados no estaban

Guillermo Tomoyose
Guillermo Tomoyose LA NACION
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17 de noviembre de 2019  

Con unos visores que se asemejan a las gafas de los esquiadores con estilo pop, guantes especiales y mucha imaginación, Keanu Reeves interpretó una de las recordadas escenas de Fugitivo del futuro (1995). En una época de conexiones a internet con línea telefónica, el film que se convirtiría en título de culto nos mostraba una internet en 2021, que se recorría gracias a la realidad virtual, una de las tecnologías prometedoras predilectas de la ciencia ficción y el cine.

Dos décadas más tarde, la red de redes se convirtió en el espacio para blogs, tiendas online y para publicaciones en 140 caracteres en Twitter, que luego se duplicaron a 280 caracteres. YouTube dejó de ser solo un espacio para videos virales y se transformó en los canales de contenidos para todos aquellos que querían tener mucho más que quince minutos de fama. Y las redes sociales, con Facebook a la cabeza, también aportaron lo suyo para darle forma a internet.

¿Y dónde quedó la realidad virtual en todo esto? Tras años de promesas vanas en publicidades y películas con personas absortas con sus aparatosas gafas y movimientos de manos sin sentido, la tecnología parece haber encontrado la clave para que recorrer mundos virtuales no sea una falsa y ridícula experiencia.

Un visor de realidad virtual requiere de pantallas de alta definición, una potente unidad de procesamiento y un sonido espacial para tener una auténtica experiencia inmersiva en ese nuevo mundo digital. Para alcanzar estos resultados, las compañías apelaban a propuestas aparatosas, con gafas que requerían espacio para sensores externos, controles especiales y un cableado a una computadora de altas prestaciones. Por su parte, las alternativas basadas en la pantalla de un smartphone se quedaban a medio camino en la promesa de ofrecer nuevos mundos virtuales. Sin embargo, este tipo de apuestas forman parte de la esperanza para que la realidad virtual sea una tecnología concreta para todo el público y deje atrás las promesas no cumplidas.

Pude comprobar parte de estas promesas en Quest, el nuevo visor de realidad virtual de Oculus, una firma que Facebook adquirió en 2014. Quest es un dispositivo que funciona de forma independiente y que no requiere de una conexión a una computadora ni de sensores externos. Accede a las mismas propuestas de mundos virtuales que el potente visor Oculus Rift y comparte los mismos controles de mando que permiten emular el movimiento de las manos. Requiere de algo de práctica, pero es un proceso divertido de aprendizaje.

Sin embargo, falta muy poco para que llegue lo mejor: Mark Zuckerberg adelantó en su perfil en Facebook que el visor Quest podrá reconocer las manos y los dedos en los mundos virtuales de Oculus. Y todo esto sin accesorios especiales. Al final de todo, tan errada no estaba la visión del mundo online de Fugitivo del futuro.

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