Tiempo

Que no alcanza, que no lo sabemos aprovechar, que pasa volando... Un debate que todos nos debemos
Eduardo Chaktoura
(0)
25 de mayo de 2014  

Crédito: Alma Larroca

Si algo nos debemos en estas épocas, es un debate acerca del tiempo.

El tiempo que no alcanza (por hiperactividad e hiperexigencias), el tiempo que no sabemos aprovechar (¿qué solemos hacer, acaso, en los momentos de ocio o descanso?), el tiempo que no sabemos tolerar (por ansiedad, por desinterés, por falta de compromiso, por no confiar en los procesos, por apostar a que todo es rápido y posible, gracias a la magia del microondas), el tiempo que no logramos discriminar (¿qué es, acaso, lo urgente, lo importante y lo necesario?).

Sobran los motivos para preguntarnos el porqué de esta vida, muchas veces y cada vez más, sin sincronía.

Tal vez hoy sea un buen momento para revisar la agenda vital que nos gobierna a diario.

Para poner un poco de orden en semejante madeja, hoy podríamos pensar en la propuesta del profesor en Psicología Mihaly Csikszentmihalyi. Pionero en la llamada psicología de la vida cotidiana, el hombre que, por lo pronto, nos obliga a detenernos para deletrear su apellido, sugiere pensarnos en torno a tres ejes temporales: el trabajo, el mantenimiento y el ocio.

El trabajo sería el tiempo que dedicamos a generar dinero para la supervivencia y la comodidad.

El tiempo destinado al mantenimiento serían las horas que dedicamos a conservar el cuerpo (comer, asearse, vestirse, etc.), a movilizarnos (conducir, usar transportes públicos, etc.) y a realizar las tareas domésticas (cocinar, comprar, limpiar, etc.).

Durante el tiempo libre o de ocio, nos entregamos a lo que los griegos consideraban dedicar el tiempo al desarrollo de uno mismo: el aprendizaje, las artes y a la actividad política. Lo que, según nuestro referente, hoy podríamos traducir en el consumo de medios de comunicación, principalmente la televisión, con unas gotas de lecturas de diarios y revistas, la conversación y una tercera instancia de utilización más activa del tiempo libre –y por ello, la más cercana al viejo ideal–, destinada a las aficiones: tocar música, practicar deportes y hacer ejercicios físicos, ir a restaurantes y ver películas.

Es clave ese tiempo que podamos regalarnos para pensar en qué porcentaje de nuestros días (incluso los fines de semana) dispensamos a cada uno de los ejes temporales. ¿Cuánto tiempo, y qué calidad de tiempo, destinamos a la producción, el mantenimiento y el tiempo libre? ¿Para qué trabajamos tanto tiempo? ¿Por qué no nos alcanza el dinero? ¿Por qué buscamos mejores resultados y reconocimiento? ¿Por el sólo hecho de trabajar, para mantenernos o para no tener tiempo libre? ¿Cómo compensamos el estrés y la energía que nos insume tanto trabajo?

Que hayas llegado al final del texto de hoy es, por lo pronto, un primer buen indicio a la hora de ajustar relojes. En hora buena.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.