Tinelli del otro lado

Despierta amores y enconos fervorosos: para unos, es responsable de la banalización de la tevé; otros, celebran al productor de iniciativas como Okupas. Detrás del personaje Tinelli conviven un tipo tímido, un empresario audaz y un hombre solidario
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2 de diciembre de 2001  

A los 41 años, Marcelo Tinelli es capaz de despertar ángeles y demonios a su paso.

Es curioso que la sola mención de su nombre levante tormentas de elogios y de oprobios, y que la intensidad de la pasión sea el común denominador para ambas expresiones.

Lleva marcada a fuego la imagen pública que se fue sellando a lo largo de los numerosos años que su programa El Show de Videomatch lleva en el aire. Y hasta la deformación de su apellido, tinellización, fue convertido en un sinónimo para nombrar todo aquello que se banaliza. Si hasta los gobiernos se enojan con él y lo acusan de desprestigiarlos.

Sin embargo, otros lo adoran casi con la misma irracionalidad de quienes lo detestan. Muchos creen que es un genio, un maestro, alguien que la hizo de diez.

Esos son los que le exigen que tenga una enorme sonrisa en cualquier circunstancia, que les firme autógrafos, que los ayude en sus pesares. Algunos extremistas hasta serían capaces de pedir su canonización.

Así de exagerados somos los argentinos. Y Tinelli no es más que el producto de esa tendencia nacional enraizada en la historia, capaz de endiosar o demonizar a quienes tienen exposición pública.

Sin admitir los grises de la realidad, el mundo se presenta en un contundente blanco y negro. Una oposición que no admite contradicciones, que suena a irreversible, y que, en definitiva, conlleva un desconocimiento de lo que se esconde detrás.

Queda claro que del otro lado de esa gruesa cortina de humo, de la que él también es parcialmente responsable, están los matices, esos grises que dibujan los contornos de la vida de cualquier ser humano.

Porque, de hecho, de aquel muchachito que comenzó tímidamente con intervenciones deportivas en Badía y Compañía, cuando brillaba el sol de la primavera democrática, a este Tinelli instalado en su próspera productora de televisión, Ideas del Sur, ha pasado tanta agua bajo el puente que hasta a él le parece mentira.

Sobre la calle Olleros, en el barrio de Chacarita, se yergue un edificio lujoso (para nada ostentoso) de cinco plantas.

Allí funciona la usina de Tinelli, desde donde salieron productos tan disímiles como Fugitivos, Okupas, Cuatro amigas o Todo x 2 $.

Para ingresar, es imprescindible identificarse y recibir primero una tarjeta magnética que oficiará como llave de puertas y hasta para subir en el ascensor.

En el interior de esa fábrica hay estudios de grabación, islas de edición bien equipadas, un barcito donde la gente puede distenderse de las tensiones diarias y todo lo necesario para trabajar con comodidad.

En el último piso está su oficina, austera en la decoración, casi minimalista, a la que sólo él y gente con su autorización puede entrar. El reposo del guerrero.

Marcelo llega con su celular en la mano. Está vestido con una sencilla camisa gris, de muy buen corte, y un pantalón del mismo color.

Es tan alto que para mirarlo a los ojos desde la altura de una mujer, hay que estirar el cuello y asomarse a su cara. Desacartonado, casi como un amigo de toda la vida, saluda, se sienta, pide café y agua, y se dispone a charlar.

Una vez que empieza a hablar no hay quien lo detenga (¿gajes del oficio de locutor?). Lo hace con una velocidad inusual y mira a los ojos del interlocutor para corroborar que es comprendido y escuchado.

Al verlo así, cara a cara, es difícil que la memoria no traiga hasta el presente aquella expresión redonda y tímida del comentarista deportivo de Badía y Compañía. Del chico recién llegado de su pueblo, Bolívar, en la provincia de Buenos Aires.

"Cuando me hablan de Badía... se me pone la piel de gallina, fue fuerte. Aunque no lo parezca -se apresura a explicar con cierta turbación-, siento que sigo teniendo esa misma frescura. Sé que no lo parece, porque ahora tengo más responsabilidades, más preocupaciones, pero siento que tengo la misma frescura. Muchas veces me sorprendo por cosas que pasan y la gente me dice: Vos te hacés el sorprendido... Pero no, todavía tengo cierta candidez pueblerina y hay muchas cosas que todavía me sorprenden.

-¿Cómo digiere una persona el tránsito que ha hecho su vida desde entonces?

-Es difícil de digerir. Hoy tengo asumidas un montón de cosas que en su momento me costaron mucho. Para mí, la fama fue un trago difícil. A principios de los años 80, Juan Alberto (Badía) me decía: Vos tenés que hacer tele. Y yo decía: No, estás loco, me muero de vergüenza de aparecer en cámara, soy un tipo de radio. Me daba realmente mucha vergüenza. Y bueno, de eso a esto, y ahí iba la pregunta, la verdad han pasado muchas cosas y lo más fuerte de digerir ha sido el tema de la fama, que implica perder la intimidad, no poder salir más a la calle... Yo era una persona común y corriente, que viajaba en bondi, que iba a la cancha, que andaba de acá para allá lo más tranquilo, y que de vez en cuando aparecía en Badía y Compañía. Evidentemente, me ha costado muchísimo. El quiebre fue en 1990. A tal extremo que cuando Gustavo Yankelevich (entonces directivo de Telefé) me dijo que quería que empezara un programa, yo le dije: No... Si es un programa deportivo sí, si no a mí no me incluyas... (Se ríe.) Siempre digo que no a estas propuestas televisivas y al final termino haciéndolas. En fin, tuve que cambiar un montón de hábitos que tenía en mi vida cotidiana. Creo que lo pude digerir con mucho análisis -ocho años-, y empecé a separar entre persona y personaje.

-¿Hubo un momento preciso en que haya tomado conciencia de que tenía que cambiar de hábitos?

-Me puse vidrios polarizados en el auto. Eso fue como un símbolo. Y fue a causa de un incidente concreto: un día, en el año noventa, yo vivía en San Isidro, venía de Telefé -acabábamos de empezar Videomatch hacía dos semanas- y paré en un semáforo cerca de la confitería Nino, por Olivos. Era como la una y media de la mañana y un tipo se me paró al lado con el auto y me saludó. Yo estaba serio. Me acuerdo que ese día estaba preocupado y cansado, y el tipo me dijo una frase que fue el disparador para que me pusiera vidrios polarizados: ¡Uh!, pero la tele es una gran mentira! Vos te matás de risa todas las noches y mirá la cara de c... que tenés acá. Yo intenté mostrar una sonrisa y decirle: No, pero..., y el tipo arrancó y se fue. Ahí caí. Me di cuenta de que no podía estar las veinticuatro horas haciéndome el divertido. Y me puse vidrios polarizados. (Hace un brevísimo silencio, como para respirar.)Yo el personaje lo llevaba a cuestas por la vida. Antes no podía salir del compromiso que sentía de tener que ser divertido con todo el mundo. Andaba por la calle con el pum para arriba. (Sonríe.) Me faltaba el oso Arturo y los papelitos. Es la verdad. Y cuando no hacía eso venía cualquiera a preguntarme si me pasaba algo. Yo enseguida armaba el personaje, y si estaba comiendo una hamburguesa la dejaba, y si estaba charlando con mi mujer interrumpía la charla... Mirá, tenemos doscientos pibes de un colegio que quieren un autógrafo, me decía alguien. Y yo me entregaba. En un momento dije basta, el personaje que está en Videomatch tiene mucho de mí, pero no soy yo. Tengo cosas buenas y cosas malas, como cualquiera, y no puedo andar contando lo que me pasa en Videomatch para que la gente se entere de que a veces yo también puedo estar preocupado o triste o angustiado. Hoy, si no firmo un autógrafo y el otro se enoja, es un problema del otro. Antes era un problema mío, me daba mucha culpa. Ahora ya no siento que pierdo un televidente. Nadie es igual en la tele que en la vida diaria.

Camino al andar

Según cuenta él, la vida lo fue llevando.

Una cosa trajo la otra, y un buen día tenía montada una estructura de producción. Y estaba en pleno funcionamiento.

De la misma manera, se podría deducir, alguna vez se presentó a licitaciones para frecuencias radiales (a veces con algunos socios que prefiere ni nombrar) o canales de televisión o se compró un club de fútbol en España.

Todos esos intentos y movimientos de idas y venidas decantaron hoy en su productora y en su exitosa emisora radial, Radioshow.

-¿En qué momento se le ocurrió pasar al terreno de la producción?

-En eso no hubo un momento. He cambiado de opinión permanentemente. Hace un tiempo pensaba que había que achicarse y ahora estoy acá, con un edificio de cinco pisos y una estructura enorme. La producción me gustó siempre.

-Sí, pero de ahí a ser un empresario hay un paso largo.

-Claro. Pero no es que un día me desperté y dije: Quiero ser productor. Yo siempre produje mis propias cosas, aun siendo un principiante. Era muy feliz cuando me editaba mis tres minutitos en Badía y Compañía. Armar la gran estructura creo que fue de casualidad, en un punto. Empecé con Videomatch, y un día arrancamos con Ritmo de la noche y había que llevar musicales. Hicimos contactos con musicales en el mundo, trajimos por nuestra cuenta a Ricky Martin, y entonces armamos un negocio con Telefé y tuvimos que montar una estructura de producción. Después Telefé necesitó un programa para el verano y Yankelevich (Gustavo) me preguntó si no podíamos armar como un reemplazo de Videomatch. Yo le dije que sí y armé el fracaso más grande de la historia, Arriba las gomas. A partir de ahí empecé a crecer con la productora, con TM, en la que estaba con mi antiguo socio, Raúl Fernández, hasta que en 1995 me dije: Quiero estar más tranquilo, no quiero la gran estructura. Hubo algunas cosas de radio que no me gustaron, algunas sociedades que habíamos armado que tampoco me habían gustado (no quiero hablar mal de nadie), nos habíamos metido en algunas historias con las que no estaba muy de acuerdo. Preferí abrirme y ponerme solo. Nos fuimos a una casita en Palermo Chico y ahí empezamos de nuevo. Y el bichito me empezó a picar. Así que decidí que tenía ganas de seguir invirtiendo y de creer aún un poco más en el país. (Se ríe de sí mismo.) Era justo 1999.

-Un excelente momento.

-Y bueno, yo sé que ningún empresario en la Argentina la está pasando fácil. Pero yo estoy muy orgulloso de poder decir que le doy laburo a un montón de gente, más allá de que también hubo que hacer recortes en Ideas del Sur, porque no estamos al margen de lo que pasa. La empresa anda bien, a pesar del país. Este año hemos desarrollado más productos, nos hemos expandido, así que si perdimos un poco de plata, está todo bien.

Un empresario argentino

El edificio de cinco plantas donde hoy funciona Ideas del Sur es una suerte de minicanal de televisión y un lugar en el que las caras de los trabajadores sorprenden por su buena onda y predisposición.

Si es que a la gente se la conoce por sus actos, las caras de sus empleados hablan bien de Marcelo Tinelli. Puertas adentro no sobrevuelan ni dioses ni demonios.

Pero hace un tiempo, el lugar no era más que una fábrica de paraguas.

El mismo se encarga de contar los detalles con la verborragia que lo caracteriza.

"Un día vine a Chacarita y me encontré con que acá funcionaba una fábrica de paraguas que estaba destrozada, con dos tipos divinos que la vendían y empecé a soñar: Acá me hago un loft, armo mi oficina.. (se ríe a carcajadas) y terminó siendo esto (mira a su alrededor): un canal chiquito de televisión. Pero me pone contento. Me gusta que todos los programas salgan de acá, que se puedan editar...

-Era uno de sus sueños tener un canal de televisión.

-Por supuesto, y por eso me pone contento. Lamento que el país no ayude, lamento que tengamos los gobernantes que nos han tocado en los últimos doce años.

-No se queje. A usted tan mal no le ha ido.

-Aunque a mí me fue muy bien, soy muy crítico con todo lo que ha pasado. No creo en esta tontera de te fue bien por Menem, te fue bien por De la Rúa. Tampoco se puede estar bien si el entorno está mal. Llegás a tu casa y te enterás de que rajaron a un familiar o que cerró una fábrica y dejó en la calle a cientos de personas. Por ejemplo, yo tengo un campo en Baradero. Un día llego y está la ruta cortada. Me bajo del auto, pregunto qué pasa y resulta que cerraron una fábrica que funcionaba desde hace ciento cuarenta años. O ves cómo cierran alfajores Merengo en Santa Fe, que tiene ciento setenta años. Hay que ser un poco ciego para no darse cuenta de que esto se esta yendo al c...

-Parece muy preocupado por la situación.

-Y cómo no me va a preocupar. Por eso me pongo muy crítico. No como el animador de Videomatch, sino como empresario. Digo: Por Dios, uno cree en el país, invierte en este país, y si tenés que salir a pedir un crédito te dan tasas al treinta y cuatro por ciento. No hay nadie que te ayude. Están todo el tiempo diciendo: Miren, vienen ocho mil palos y son para cumplir las obligaciones con el Fondo. Viene el blindaje, el canje, el megacanje, ya me cansaron y ni sé qué están pidiendo ni para qué. A mí me gustaría que algún día pusieran la guita que llegue sobre una mesa y le dijeran a los pequeños y medianos empresarios: La tienen al seis por ciento, para que puedan darle laburo a la gente. Así podrías tomar un préstamo, como hace cualquier empresario, para tratar de crecer. Pero con las tasas que hay, hoy por hoy es imposible. Si no cambiamos la política vamos a seguir cerrando fuentes de trabajo.

-Algunos lo acusan de hacer campaña para desprestigiar la imagen presidencial.

-No es contra De la Rúa o contra el presidente de turno. Creo que el sistema económico en el que estamos metidos no está funcionando. Yo voté a la Alianza, así como una vez voté a Menem. Y la voté porque estaba Chacho (Alvarez): soy el típico electorado independiente de Capital, que siempre anduvo dando vueltas. Después de los curros que hubo, me pareció que la Alianza iba a aportar una administración honesta y que Chacho le iba a dar empuje. De repente, terminamos todos dependiendo de Cavallo y de su política económica. No tengo nada personal contra Cavallo, pero yo no lo voté y ahora, como empresario, lo tengo que soportar. Cuando veo los resultados de la última elección, un cuarenta y pico por ciento entre los que no votaron, los que impugnaron y los que votaron en blanco, y veo que el presidente se va a fuera para eliminar la CH y la L del diccionario -que sería un tema importante en otro momento-, me digo: ¡Huy!, Dios, estamos complicados.

-Usted considera que el problema es la falta de decisión política.

-Hay un problema grave de decisión política. Y esto no es Suiza donde se juntan veinte flacos y deciden qué hacer; acá el presidente es muy importante, éste es un sistema presidencialista.

-¿Paga precios por decir estas cosas?

-Y, este país es así: decís algo en favor y todos creen que te pagan los radicales; decís algo en contra y te acusan de querer voltear al presidente. Si te fue bien durante un gobierno peronista, enseguida fue porque anduviste en alguna transa. Me siento muy abierto, muy independiente de todo lo que pueda ser un negociado o una transa, por eso me gusta decir lo que pienso. Me puedo equivocar, como cualquiera, pero no tengo ninguna animosidad ni me quiero transformar en político.

-¿Alguna vez le ofrecieron un puesto político?

- Esa es otra de las cosas típicas de este país: si decís algo medianamente comprometido enseguida te ofrecen meterte en política: Che, por qué no te presentás para diputado. Nada más lejos de mi interés. Digo lo que digo porque siento que me jugué un montón de cosas, porque creo en el país, y porque tengo ganas de seguir creyendo y de quedarme a vivir acá. Pero muchas cosas me asustan. Si estás muy expuesto, acá hay gente muy turra que te puede inventar cualquier cosa.

Siento que hay un límite, y no sé cuál es, que si uno lo traspasa pueden saltar historias como este flaco es evasor impositivo o corruptor de menores. Y yo vengo, laburo y me juego mi guita. No es que cobro un sueldo pagado por la gente y encima otros miles de gastos reservados, así que me juego mucho más que un montón de tipos que no nos representan en lo más mínimo.

-¿Usted cree que la clase política se da cuenta de estas situaciones?

-Creo que sí, pero a la mayoría no le importa en lo más mínimo y mira para otro lado.

-En este marco de situación, ¿cómo hace para decidir dónde invertir su dinero? ¿Lo hace por intuición, es una decisión racional o, en todo caso, es de acuerdo con sus gustos personales?

-Es todo eso, pero con la intuición adelante. La voy poniendo de acuerdo con lo que voy sintiendo. Pero te encontrás con el país también, con un canal que entra en convocatoria de acreedores, con un canal estatal que te paga en doce cheques para el año siguiente, y la gente no puede esperar a que vos le pagues en doce cuotas. Igual, hasta ahora estoy contento con los productos que hemos hecho, con los buenos y con los malos, porque soy un convencido de que las malas experiencias son las que más te enseñan. Algunos programas tienen que ver con lo que me gusta, hay otros en los que tengo fe -si no creo en un producto lo dejo terminar el año y no lo hago más-, y no quiere decir que yo me tenga que identificar con un programa, no es así.

-Mucha gente no puede imaginarse cómo es posible que el conductor de Videomatch produzca un programa como Okupas, que se metía con una temática social.

-Es cierto. Muchos dicen: Qué loco que Tinelli haga Videomatch y haga Okupas... Claro, si lo que compraste es el personaje Tinelli, es lógico que lo pienses, porque al oso Arturo seguramente no le gustaría Okupas, pero a la gente que me conoce no le extraña. Como el personaje Tinelli no habla durante Videomatch de la temática de Okupas, o de que le encantó Pizza, birra y faso (la película de Bruno Stagnaro, que más tarde dirigió la miniserie Okupas en Canal 7), entonces la gente dice: Es sorprendente que un tipo como Tinelli -que para algunos puede ser un genio y para otros puede ser un estúpido, y me parece bien- haga un programa así. Pero están juzgando al personaje y no a la persona.

-¿Cuál es la versión de la persona?

-La persona un día vio Pizza, birra y faso, se enamoró de una estética, convocó a Stagnaro y juntos hicieron Okupas. Lo mismo pasa con Todo x 2 $: a mí Capusotto y Alberti me encantan y puedo laburar con ellos, o cuando la gente se sorprende porque me ve en la cola para ver a Caetano Veloso y no puede creer que a mí me guste Caetano. Qué piensan, ¿que escucho cumbia villera todo el tiempo? Es decir, mi imagen como personaje es tan fuerte, como todos los días entro en las casas desde hace tantos años, que se me juzga por esa imagen y no por mí.

-¿Y eso no lo hace sentir un tanto incómodo?

-No está mal. O sea, yo no ando con un póster que dice I Love Caetano, I love Tom Waits, Fui a ver a Kusturica, no tengo que andar diciendo eso. Quienes me ven por la tele tienen derecho a pensar de esa manera, porque eso es lo que conocen de mí. En Videomatch, no puedo ponerme a hablar de Underground (film de Emir Kusturica) para que la gente sepa quién soy.

-Bueno, pero su imagen pública desconcierta. El conductor de Videomatch no puede producir Okupas.

-Es verdad. Yo tengo una imagen pública producto del personaje de Videomatch, y otra imagen pública que es como productor, que es la menos conocida. Y además está la parte humana, que no tengo que andar desnudando todo el tiempo ni gritando: Che, yo soy así, ¿eh? Digo, se equivocan, pero está todo bien, no estoy desesperado por aclarar quién soy. A mí me encantó Okupas, y siento que Invisibles, la miniserie que vamos a hacer el año que viene con Bruno (Stagnaro), me va a encantar también, como me fascina Cuatro amigas. Y también debo decir que esta productora hace Fugitivos y hay muchas cosas que no me gustan de Fugitivos.

-¿Cuán democrático es en el manejo de su empresa?

-En algunas cosas soy democrático y en otras no. Pero suelo delegar mucho y muchas veces tengo que traer la soga un poquito porque me excedo. Acá cada gerente tiene total libertad para manejarse. Después me tendrán que rendir cuentas como dueño de la empresa, pero no me gusta andar encima de la gente: cada uno sabe lo que tiene que hacer. Antes, por ejemplo, yo pedía las cosas: Traeme una nota con García Márquez. Y me anotaba: fulanito, mañana, García Márquez. A cada rato le preguntaba a esa persona cómo iba el laburo. Y algunos me decían: Olvidate, me lo diste a mí, yo soy el responsable. Y tenían razón. Así que aprendí a delegar y ahora sólo anoto mis propias cosas.

-Se calmó su ansiedad.

-No sé por qué, pero desde hace un tiempo estoy más tranquilo. Ojo, a mí me encanta lo que hago, pero no estoy tan ansioso. Antes me volvía loco si bajaba tres puntos de rating: ¡Cómo, de 28 puntos bajamos a 25! Y ahora está todo bien. No me siento ni un genio para hacer 28 ni un tarado para hacer 2, ni al revés. Porque para cierta gente el genio es el que hace 2 puntos. Soy un laburante al que le puede ir bien o mal. Y me gusta que en algunas cosas me vaya mal porque eso me da espacio para aprender. Son los errores los que te dan esa posibilidad. A veces el éxito te va llevando y te dejás estar. Es bueno cometer errores.

-¿Se considera una persona ambiciosa o, por el contrario, lo fue arrastrando la vorágine de los acontecimientos?

-No, no, para nada, soy cero ambicioso. Voy andando.

-Por ejemplo, ¿cómo va a ser su próximo año?

-Tenemos un plan armado y esperamos que se pueda cumplir, pero nosotros no somos un canal de televisión, somos una productora independiente que, paradójicamente, depende de las decisiones de los canales. Vos te programás de una manera y después te tenés que ir adaptando a lo que hacen los canales.

-¿Le sirven las gambetas del fútbol como mecánica para manejar esas situaciones?

-Sí, pero igual a veces te pegás de frente contra una pared. Yo no soy, de todas maneras, alguien que viva pendiente de lo que piensa el otro. Hay gente que está todo el tiempo calculando las jugadas del contrincante para armar estrategias. Yo no sé si tengo tanta estrategia. Soy más bien alguien que reacciona en el momento: me juego por algo y voy para adelante. Siempre me dio resultado la intuición. Acá hay gente a la que le gusta hacer estudios de mercado, por ejemplo. Y no es que no me interesen, pero me aburren un poquito. Entonces, cuando escucho el estudio de mercado y lo llevo a mi código barrial, casi siempre coincide con lo que yo estimaba antes de hacer el estudio. Eso reafirma mi fe en la intuición. No hay fórmulas cerradas, ni siquiera en la vida personal.

-Evidentemente hay que tener mucha capacidad de adaptación.

-Yo reivindico el derecho a cambiar de manera de actuar y de opiniones. Uno no puede quedar siempre preso de sus palabras. Al contrario, me parece que si la gente no cambia, se muere. Yo pienso y digo cosas en un contexto determinado, en el marco de una realidad, y si eso cambia, tengo derecho a cambiar. Y no me avergüenzo por eso.

-Al parecer le divierte patear tableros...

-Y, si no, no sirve. Algunos se quedan duros, rígidos en una postura, y eso es la muerte. Cuando mis hijas eran chicas, yo pensaba que el día que tuvieran novio me iba a volver loco, me horrorizaba. Y hoy lo veo como algo normal: me encanta que me lo cuenten y hablar con ellas abiertamente.

-¿Qué quería ser cuando era chiquito?

-Astronauta.

-Y terminó siendo productor de televisión. Cómo cambia la gente, ¿no?

-En cualquier momento me tomo un cohete y cumplo mi sueño.

Hace sonar una onomatopeya, y dibuja con la mano la partida del cohete de sus sueños en dirección al cielo.

Agradecimientos: Emporio Armani, Adolfo Domínguez, Ricky Sarkany. Vestuario: María Vilariño. Maquillaje: Elena Sapino. Producción: Diego Maffuche.

Tinelli solidario

Aunque no masivamente, mucha gente sabe que Tinelli ayuda a instituciones, como su activa participación en las Olimpíadas Especiales. Pero pocos conocen su faceta más íntima

Una faceta de Marcelo Tinelli que no muchos conocen es su actividad solidaria. Desde hace años brinda apoyo a algunas instituciones, pero también es alguien que recibe cientos de cartas con pedidos de ayuda.

Mucho no le gusta hablar del tema. Por eso, casi se limita a contar algunas, de corrido, cosas que son de conocimiento público. “Lo hago hace muchos años. Algunas cosas son públicas, porque son instituciones que lo necesitan, como las Olimpíadas Especiales, para las que hace falta generar sucesos para después pedirles colaboración económica a las empresas. O el hospital de Bolívar. Yo puse mi dinero, pero también necesité que me apoyaran las empresas para poder hacer el hospital de mi ciudad. Y hay otros casos que me salen en el momento que no tienen una proyección institucional, me salen del sentimiento. Por ejemplo, ahora estoy abocado a armar un comedor infantil. Tengo ganas de darle de comer a un montón de gente que se muere de hambre. Me encantaría poner el dinero, pero voy con pie de plomo, quiero ver quién lo va a manejar, no me quiero meter en un lío grande. Pero sueño con poder darles de comer a unos mil pibes. Después, voy haciendo pequeñas cosas: ayudo a un tipo que necesita una operación en tal lado, o le doy una mano a un hogar de chicos. No puedo ayudar a todo el mundo, eso está claro: a mí me mandan cientos de cartas pidiéndome ayuda. A veces se trata simplemente de darle trabajo a alguien que no lo tiene. Hasta por ahí le decís una mentirita piadosa: no es tanta la necesidad que tengo de contratar a alguien, pero yo les digo que los necesito y les doy laburo. Es un tema que hablamos mucho con Paula (Robles, su mujer), a los dos nos gusta mucho ayudar. El momento en que yo me emociono más a esta altura de mi vida es cuando ayudo, cuando doy, más que cuando recibo. No me pasa lo mismo cuando recibo algo económico, o un punto de rating o un premio. Cuando doy, en cambio, vuelvo a mi casa y duermo en paz. La gente está tan necesitada y es tan agradecida... Tenemos un país de gente que ha dado toda la vida. Me acuerdo de todo lo que dieron para la campaña de Malvinas y después se lo afanaron todo. A pesar de tanta traición, es un país que si lo movilizás con algo solidario, responde.

“Si se dejara de robar en este país, cuántas cosas se podrían hacer. Hay frases que a mí me han quedado, como la de Barrionuevo, que proponía dejar de afanar durante dos años. Digo, si los políticos se lo propusieran en serio, ¿no se podría ir al menos por el bronce, para devolverle algo a la gente y poder volver a creer en los políticos?

No es que uno descrea del sistema democrático. Pero, ¿por qué no nos sinceramos? Alguna vez tenemos que tener políticos que puedan ayudar a la gente, que lo único que quiere es poder volver a la casa después de un día de trabajo. Hay políticos honestos, pero no los dejan ocupar espacios de poder real.

“Por eso digo, yo todavía puedo dar y convoco a todos los que todavía pueden dar en este país. Es maravilloso poder ayudar a la gente. Todo lo que das te vuelve multiplicado por cien en valores humanos.”

Números rojos

Domingos, a las 20, Azul TV. Entretenimientos.

Rating: 5.5 puntos promedio.

Fuente: 4, 11 y 18 de noviembre. Ibope

Cuatro amigas

Lunes, a las 23, Telefé. Ficción.

Rating: 15.5 puntos promedio.

Fuente: 5, 12, 19 de noviembre. Ibope

Fugitivos

Miércoles, a las 22, Telefé. Entretenimientos.

Rating: 12.8 puntos promedio.

Fuente: 7 y 14 de noviembre. Ibope

Videomatch

Lunes y jueves, a las 21, Telefé.

Rating: 27.2 puntos promedio.

Fuente: 5, 8, 12, 15, 19 de noviembre. Ibope

Todo x 2 $

Lunes, a las 23, Canal 7. Humorístico.

Rating: 3.6 puntos promedio.

Fuente: 5, 12 y 19 de noviembre. Ibope

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