Todos pueden disfrutar del agua, beneficios de la matronatación

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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13 de enero de 2019  

En esta columna suelo hablarles mucho a los adultos. Porque claro, son los que me leen. Pero hay otra población que también me importa y a la que quisiera apuntar estas palabras: los bebés y los niños. Por eso le pedí ayuda e información a la doctora en psicología Patricia Cirigliano, creadora de la matronatación y de la Primera Escuela Argentina de Natación para Bebés, un hecho inédito en el mundo. De su mano, bebitos de hasta 15 días de vida pueden aprender a relacionarse con el agua.

"La matronatación invita a la familia a disfrutar y divertirse con seguridad, afianza los lazos de amor y evita posibles sucesos traumáticos al lograr respuestas vigorosas y adecuadas ante un incidente sorpresivo", relata la doctora. Es que los primeros segundos son vitales tras una caída al agua. Y en pocas clases, los bebés y niños pequeños pueden darles a sus padres una colaboración imprescindible al controlar su respiración. ¿Por qué hablamos de colaboración? Porque aprenden a aparecer rápidamente en la superficie, sin tragar ni inspirar agua, y sin sufrir el efecto sorpresa que provoca pánico y hundimiento veloz en chicos no experimentados.

En tiempos de calor y primeros fines de semana de pileta, esta clase de miedos retornan a los padres con fuerza. Y si bien cuando vigilan de modo responsable a sus hijos la posibilidad de una caída inesperada es lejana, lo cierto es que los bebés nadadores otorgan esos valiosos segundos extra ante un empujón, un resbalón o un bote o inflable que se da vuelta. "Por eso, en clase los simulacros de accidente son un paso adelante para la prevención", destaca Cirigliano, que agrega que saber nadar y sobrevivir en el agua no son capacidades espontáneas. "Hay que aprender habilidades que se complementan y es vital desarrollarlas desde la infancia temprana y para siempre, cuando el juego natural con la presencia reaseguradora de mamá y papá hace todo fácil y placentero", asegura.

Como suelo repetirlo, en este caso también hace falta un apto médico. El pediatra del niño debe autorizar la actividad, y asimismo realizar el seguimiento de salud durante el aprendizaje. Pero es una actividad más que recomendable, incluso en casos con distintas discapacidades, como chicos con síndrome de Down, ciegos, sordos o con problemas motrices, todos son felices en el agua "y se benefician en sus tratamientos con matronatación terapéutica", cuenta.

Si los que tienen miedo al agua son los padres, hay solución, y bastante inmediata. "El pánico al agua, que a veces es soportado desde la niñez, puede ser revertido con alta especialización. Tan solo dos sesiones individuales de 120 minutos del Programa Antipánico pueden destrabar el efecto de antiguas vivencias que impiden el disfrute del agua y aprender a nadar". El plan es un verano placentero y seguro, que despierte el amor de los chicos por una actividad que puede acompañarlos toda la vida.

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