Tomá agua de la canilla

Crédito: Corbis
¿Para qué gastar plata y recursos naturales? En la ciudad, elegí agua de red para cuidar tu cuerpo y el planeta.
Joy Schvindlerman
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13 de julio de 2015  • 00:00

En un mundo que muchas veces nos piensa más como consumidores que como personas, no sorprende que algunos mitos logren instalarse como verdades reveladas. Entre ellos, hay uno que se destaca por su gran nivel de adhesión, y es el que asegura que el agua de la canilla es de peor calidad que la que se compra envasada.

Es probable que las leyendas "pura", "limpia" o "saludable" repetidas hasta el cansancio en las publicidades nos hayan hecho inferir, por descarte, que el agua de red no lo es tanto, y, claro, ¿cómo no mirarla con desconfianza? Más si pensamos que por una hay que pagar mientras que la otra es gratis. Pero hay que decirlo: en las ciudades donde el agua de red es segura, la compra de agua envasada es injustificada.

Si sos de las afortunadas que en su casa, en el restaurante al que van a comer y en la oficina donde trabajan tienen agua de la canilla de la misma calidad que la que se vende en el kiosko, ¿por qué gastar plata y recursos del planeta?

Los tipos de agua comercializada

Cuando hablamos de "agua envasada" de forma genérica, aparece la primera confusión. No todas son lo mismo. El "agua embotellada" o "de mesa" es frecuente encontrarla en los bidones retornables que usamos en los dispensers. Esta no es más que agua proveniente de la red pública, a la que se le suele dar un tratamiento para quitarle el cloro, mejorar su sabor y, en algunos casos, incorporarle ozono como tratamiento bactericida.

Entre las aguas minerales, el "agua mineral natural" es la que se obtiene de una fuente surgente o acuífero sin influencia de aguas superficiales, se distingue por sus minerales y su pureza microbiológica original. El "agua mineralizada artificialmente", en cambio, es de origen subterráneo o de la red pública y se le adicionan minerales. Para no confundirse a la hora de comprar y no dejarse llevar por la marca, basta con tomarse unos segundos para leer la denominación del producto en las etiquetas. Aunque, en cualquier caso, la diferencia con el agua de la red urbana suele estar dada por el sabor, pero no por la calidad, que es la misma (¡incluso a veces es mejor esta última!).

impacto en el planeta y en el cuerpo

Crédito: Corbis

La costumbre de comprar agua afecta innecesariamente nuestro bolsillo: un litro de agua embotellada cuesta tres mil veces más que un litro de agua de la canilla. Además hace daño a nuestra salud y al ambiente.

Basta tener en cuenta los impactos de la extracción y el envasado (la mayoría de las botellas están hechas de PET, un plástico derivado del petróleo), como así también los del transporte para distribuir el agua embotellada (que implica el uso de combustibles fósiles y la emisión de gases de efecto invernadero). Encima, hay una paradoja: se utiliza más agua en la fabricación de una botella que el agua que contiene.

La calidad "pura" del agua envasada también es cuestionable. El agua embotellada de envase retornable, como la que usan los dispensers, suele tener una calidad bacteriológica deficiente, que incluso puede tornarla no potable. El problema se debe en parte a la retornabilidad del envase, ya que el consumidor suele usarlo para usos inadecuados sin recibir luego limpieza suficiente. El PET, por ser descartable, no enfrenta este problema, pero tiene otro: bajo ciertas condiciones de tiempo, temperatura y exposición a la luz, el plástico libera sustancias potencialmente tóxicas al contenido.

¿Qué pasa con el agua de la canilla?

En muchos rincones de la Argentina, el agua de red obtenida de las napas contiene contaminantes como el arsénico, y su consumo implica un serio riesgo para la salud. Pero en ciudades como Capital Federal, donde el origen del agua es el Río de la Plata, no existe ese problema. Por lo demás, el agua de suministro público está sujeta a regulaciones mucho más estrictas que el agua embotellada.

Los controles de calidad que realiza AySA, por ejemplo, se inician en el agua cruda, continúan en las etapas de tratamiento y salida de los establecimientos potabilizadores y siguen durante todo el recorrido del sistema de distribución hasta nuestras casas.

Ahora, ¿por beber agua de la canilla nos perdemos de ingerir ciertos minerales? La respuesta es no. Cualquier beneficio que se le quiera atribuir al contenido salino de las aguas minerales no está científicamente demostrado.

¿Y los filtros?

Una buena opción para quienes aún compran agua porque perciben gusto a cloro del agua de red o desconfían de la limpieza del tanque o las cañerías de su edificio son los filtros de agua, ya que pueden mejorar su olor, color y sabor. Pero lo que tenés que saber es que ese es su único aporte. No cambian sustancialmente la calidad del agua.

Si bien hay filtros que aplican un tratamiento bactericida, generalmente solo se usan cuando el agua es de pozo, que tiene riesgo de tener arsénico, pero cuando es de red, no tienen mucho sentido, así que los filtros de mayor uso en las ciudades no sirven para combatir bacterias, solo para lograr que el agua sea más clara y tenga menos gusto a químicos.

Elegir con argumentos qué agua consumir, cómo hacerlo, considerar los costos ambientales de nuestras elecciones cotidianas y hasta pedir agua de la canilla cuando vamos a comer afuera son algunas formas de comenzar a derribar los mitos y ser una consumidora responsable e informada.

Los "peros" de los compradores

Crédito: Corbis

Hay quienes, aun sabiendo que el agua de la canilla de su baño o su cocina es de excelente calidad, prefieren comprar agua mineral o embotellada. Es difícil culparlos. ¿Quién no le sintió alguna vez gusto a cloro al agua de red, desconfía de la higiene de los tanques domiciliarios o tiene un conocido hipertenso a quien los médicos le prescribieron agua baja en sodio? Pero incluso frente a estos reparos, la compra tiene alternativas. En cuanto al sabor, los filtros (bien elegidos) son grandes aliados. Ante la desconfianza de la limpieza de tanques de almacenamiento, comprar agua no es la solución sino el escape: es suficiente exigir y controlar la limpieza una o dos veces al año. Por último, la creencia de que el contenido de sodio del agua puede ser perjudicial para la salud es refutada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que indica que el agua no contribuye significativamente en la ingesta total diaria de sodio. De hecho, el agua que proviene del Río de la Plata contiene alrededor de 22 mg/l de sodio, valor que no difiere demasiado del que ofrecen las aguas especiales.

por ciudades más limpias

En marzo de 2014 y con la intención de reducir los residuos plásticos, San Francisco se convirtió en la primera gran ciudad de Estados Unidos en prohibir la venta de agua embotellada. Los números son elocuentes: los norteamericanos consumen un promedio de 167 botellas por persona al año. Si la prohibición fuera aplicada a lo largo y ancho del país, se ahorrarían unos 17 millones de barriles de petróleo al año. Con multas por incumplimiento de hasta mil dólares, la ley local fomenta que la gente lleve su propia botella reutilizable y la llene con agua de acceso gratuito en estaciones o bebederos públicos. Así, poco a poco, la idea es eliminar las botellas de plástico del mercado.

¿Consumís agua de la canilla? Además: Agua limpia y solidaria y Reciclá el agua de la lluvia .

Expertos consultados: Carlos Ben, Presidente de AySA. Verónica Gaspart y Andrea Ochoteco, Analistas del INTI Entre Ríos. Ricardo Mateucci, Ingeniero químico. Director técnico de laboratorio de análisis de alimentos y agua.

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