Tránsito lento: conocé el secreto de la digestión mental

Crédito: Ilustraciones de Eugenia Mello
Herramientas prácticas para llevar una vida más liviana.
Jimena Barrionuevo
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27 de marzo de 2018  • 00:40

No solo somos lo que comemos, sino que somos según cómo digerimos. En la medida en que fluyan tu mente y tus emociones, también fluye tu cuerpo y viceversa. Por eso, esos días en que estás enroscada o resistís algo que te sucede y no podés terminar de “digerir”, cambia tu manera de ir al baño. Si te fijás, todas nuestras emociones repercuten en el sistema digestivo: ¿o acaso no sentimos mariposas en el estómago cuando nos enamoramos, perdemos el hambre frente a una mala noticia o corremos al baño de los nervios por una presentación importante?

El segundo cerebro

El tracto digestivo es un sistema complejo formado por un tubo de unos 12 metros que está lleno de pliegues y alcanza una superficie de unos 300 metros cuadrados. Es nuestra aduana, el canal por el que se absorben o rechazan los nutrientes y sustancias que comemos.

El intestino y el cerebro están intrínsecamente relacionados, al punto que el estrés, la tristeza o la ansiedad tienen sus efectos en el sistema digestivo. De hecho, hoy la medicina se refiere al sistema digestivo como nuestro segundo cerebro porque, a través de células especializadas, tiene la capacidad de ser autónomo y generar su propio impulso para movilizarse.

Sin embargo, el estrés, que estimula la respuesta de lucha o huida, provoca un cierre del sistema digestivo, lo que desencadena la liberación de cortisol, que ingresa al torrente sanguíneo y aumenta la permeabilidad intestinal. De esta manera, las partículas de alimentos no digeridos y otras sustancias pasan al torrente sanguíneo y generan un estado de intoxicación.

A su vez, también las emociones tóxicas lo irritan (miedo, enojo, nervios, ansiedad, tristeza) y entonces muchas veces responde con un tránsito deficiente, es decir, con la retención de materia fecal en el colon por más de 72 horas. ¿Las consecuencias? Produce distención abdominal, hinchazón, gases, sensación de saciedad, apatía o verdadero mal humor.

El estreñimiento y los gases pueden ser una auténtica pesadilla: se calcula que un 25% de las mujeres los padecen o padecieron en algún momento de su vida. Y seguramente es por eso que somos el blanco de los anuncios que proclaman las bondades de yogures y laxantes para combatir este trastorno.

La buena noticia es que, como respuesta a una alimentación sana y una buena digestión, el cerebro intestinal es capaz de liberar el 90% de serotonina del organismo, responsable de crear la sensación de bienestar general. Lo resume muy bien un viejo proverbio chino que dice que la felicidad es cuestión de digestión. Entonces, ¿cómo darle luz verde al tránsito lento?

Conocer para sanar

Crédito: Ilustraciones de Eugenia Mello

Los médicos no consideran el tránsito lento una enfermedad en sí sino un síntoma; entonces, ¿cómo aliviarlo?

  • Detectar el origen. Los especialistas coinciden en que los principales factores que predisponen el tránsito lento están relacionados con la dieta y la baja ingesta de fibras y líquido. Pero también los medicamentos pueden influir: los analgésicos, antidepresivos, el hierro o los antiácidos.
  • Regla del 3. Si bien el ritmo evacuatorio varía en cada persona –y estar fuera de estos valores no quiere decir ser “anormal”–, se recurre a la regla del 3 para evaluarlo: o sos más del team 3 deposiciones por día o del de una cada 3 días. También hay que tener en cuenta diferentes factores: la consistencia (dureza) de las heces, la necesidad de maniobras complementarias (como el uso del bidet o supositorios) y otros síntomas asociados, como sangrado, distensión abdominal o dolor ante la defecación.
  • El ciclo influye. En las mujeres en edad reproductiva, el tránsito lento también puede verse afectado por el ciclo hormonal y es muy frecuente que el ritmo habitual se vea modificado en los días previos a la menstruación: muchas solemos sentir una hinchazón antes de menstruar o un cierto estreñimiento los días previos, que se puede convertir en una diarrea en el primer día de la menstruación.
  • Enemigos silenciosos. El alcohol estimula la necesidad de orinar, causa la pérdida innecesaria de agua y hace que los riñones produzcan más orina por hora que lo normal, lo que provoca la deshidratación. Una vez que la persona está deshidratada, su cuerpo comienza a sacar agua del intestino grueso para las reacciones metabólicas, deja el colon sin agua y endurece las heces. En cuanto al cigarrillo, aunque muchos encuentran en el tabaco alivio a su constipación, ya que produce una aceleración del tránsito intestinal, está claro que fumar es perjudicial para la salud.

Limpieza interior

Con una correcta higiene digestiva podemos ayudar a que todo funcione sin inconvenientes.

  • Alimentarse equilibradamente: con una dieta variada en frutas, verduras, legumbres y abundantes líquidos.
  • Hacer un plan de 4 semanas de descanso: sin harinas, lácteos ni azúcares en situaciones de mucha constipación.
  • Ser conscientes de cómo y qué comemos: ayuda a tener un tránsito fluido. Sentarte a comer sin distracciones, saboreando cada bocado, la textura, los colores y el aroma del plato colabora a la digestión.
  • Respetar las señales que nos manda el cuerpo: esto significa no contener las necesidades naturales de ir al baño. Puede ayudar crear un ritual e intentar repetirlo todos los días, a la misma hora.

Crédito: Ilustraciones de Eugenia Mello

Vivos y fermentados

Por Silvina Premmurti. Cocinera naturista.

De nada sirve ingerir fibra si no cambiamos nuestra conducta alimentaria. Los alimentos vivos, aquellos que la naturaleza sabiamente diseñó para el consumo directo, como las frutas, las verduras, los germinados, fermentos no pasteurizados, los frutos secos y las algas, son excelentes aliados para favorecer la buena digestión.

Una corriente de especialistas defiende actualmente los beneficios de consumir alimentos fermentados. El pan, el café, el chocolate, la cerveza y el vino son fermentos con los que estamos en contacto en forma cotidiana. Pero también hay otros como el kimchi (preparación coreana hecha a base de vegetales y especias), los panes fermentados con masa madre o el miso (pasta hecha con semillas de soja y/o cereales y sal marina fermentada con el hongo koji), que favorecen la flora intestinal con prebióticos y probióticos. Como el 80% de nuestro sistema inmune está en los intestinos, alimentarse con fermentos es jugar en equipo con nuestros microorganismos.

Expertos consultados: Dr. Sebastián Díaz Varela. Especialista en medicina ayurvédica. www.mt.org.ar. Teresa Coccaro. Nutricionista. teresa.coccaro@hotmail.com. Dr. Nicolás Panigadi. cgastroenterologia@hospitalaleman.com. Dra. Lourdes Crespo. Ginecóloga. dralourdescrespo@gmail.com. Silvina Premmurti. Cocinera naturista. silvinapremmurti@gmail.com

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