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Bestiario

Tras la reja. Lo vio, lo adoptó y la acompañó en el momento más duro de su vida

Jimena Barrionuevo
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13 de mayo de 2020  • 00:07

Llegó a la reja de su casa en el momento más difícil de su vida. Atravesada por un inmenso dolor, Julia Soldavini, lo vio desde adentro , atenta a su comportamiento. Había algo en ese perrito de pelaje blanco, patas cortas y con una actitud diferente a la del resto de los que ella conocía y que se encontraban en situación de calle en el barrio donde vivía, en Tres Arroyos, en la provincia de Buenos Aires.

"Por la reja que dividía la calle del jardín solo pasaban perros pequeños, entre ellos, Tobi que, según un vecino, había sido el compañero de una persona mayor que vivía en un asilo y que había fallecido. A diferencia del resto de los perros que entraban a casa, él era bastante especial: no podíamos acercarnos, nos gruñía ".

Sin embargo, a pesar de la desconfianza,Tobi entró a la casa y persistió en su estadía. De hecho, desde ese día no se fue nunca más. De a poco, entonces Julia comenzó a darle de comer y ganarse su amistad. "Igualmente no le gustaban las caricias. Y, a l ver que no tenía intenciones de marcharse, con mi mamá decidimos adoptarlo . Eso sí, Tobi nunca dejó de ser libre, era lo que mas amaba. Le dimos las vacunas, lo castramos y desparasitamos".

El vínculo entre ellos se fue haciendo cada vez más fuerte. A diario iban a caminar al dique. A Tobi le encantaba correr por el verde. Corría feliz delante de Julia y cada cierta cantidad de pasos, giraba su cabeza para chequear que ella estuviera detrás. "En el camino iba escondiendo todo lo que encontraba, hacía un pozo y lo tapaba con el hocico. Me pasó varias veces que cuando había mucha gente robaba los paquetes de galletitas y salía corriendo para esconderlos. Una vez no pude frenarlo antes de que lo escondiera y tuve que ir a comprar un paquete para devolverlo. Cuando llegaba la noche, si no me acostaba temprano empezaba a refunfuñar, iba hasta el comedor me miraba y se volvía a la camita en la habitación".

Como un profesional

Pasó el tiempo, Julia dejó Tres Arroyos y partió a la ciudad de Tandil a completar sus estudios. Desde luego, Tobi fue con ella. " Como estábamos la mayor parte del día juntos, logré ganarme toda su confianza, y le empezaron a gustar las caricias y los abrazos . El tiempo que estuve en Tandil pasé por muchos momentos difíciles, pero con Tobi al lado todo era diferente. Me hacía sentir que no estaba todo tan mal, me daba ese amor tan puro que solo un perro puede dar. Y sentía que, a pesar de todo, era muy afortunada por tenerlo conmigo acompañándome todos los días". Meses atrás, en un accidente aéreo, Julia había perdido a su papá y a su hermanito de 11 años . Su mundo se había desmoronado. Pero Tobi había llegado para darle una pata amiga.

Cada mañana, cuando sonaba la alarma del celular, Tobi se acercaba a la cama de Julia, se paraba en dos patas y apoyaba su cabeza sobre el colchón para que ella lo acariciara. Era un perrito muy feliz a su lado y se lo demostraba con cada gesto y actitud. "Me acompañaba absolutamente a todos lados, a visitar a mis amigas, a jugar al tenis, a ir a cenas, al campo, a viajar, a hacer compras y se quedaba afuera mirándome fijo para no perderme de vista".

El problema era cuando Julia no podía llevarlo de viaje con ella. Es que Tobi era un "escapista profesional", y siempre encontraba la forma de abandonar por voluntad propia cualquier lugar en donde lo dejara para ir corriendo a buscarla . "Como había vivido mucho tiempo en la calle, se ubicaba perfectamente en cualquier lugar".

Hubo muchas anécdotas en el tiempo que Tobi y Julia compartieron juntos. "En una oportunidad lo dejé a cargo de mi prima en Tandil. Ella tenía que salir y lo dejó en el comedor de su departamento. Ese día, recibí el mensaje de una vecina que me contaba que Tobi estaba en el complejo donde yo vivía. Aparentemente había salido a buscarme. La llamé a mi prima y le dije que no se hiciera problema si se le había escapado, que estaba ahí.. ella no podía entender cómo se había salido. Al llegar a su casa, se dio cuenta de que había dejado abierta una ventana corrediza. Tobi había pasado por las rejas que tiene la ventana (que no sabemos cómo porque eran muy estrechas) y se había ido a mi departamento. Si lo dejaba en la casa de mi mamá en Tres Arroyos, hacia siempre el mismo recorrido buscándome.. iba a la casa de mi novio, a la casa de mi abuela, a la casa de mi otra abuela y si no estaba en ninguno de esos lugares regresaba otra vez a la casa de mi mamá. Así me acompañó hasta el ultimo día de su vida ".

Tobi tuvo un accidente en el campo, mientras la cosecha de diciembre llegaba a su fin. Su corazón no resitió el mal momento. Tenía unos cuatro años cuando ocurrió y Julia lo recuerda con cariño y emoción. "Con esta historia, me gustaría ayudar a otras personas que estén pasando por momentos difíciles, y generar conciencia de lo importante que son los animales para nosotros, del amor tan puro que solo ellos nos pueden dar. Y así, tal vez, quien esté pasando por un momento difícil o simplemente necesite compañía, se anime a ir en busca de algún amigo callejero".

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