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estancias

A ritmo de campo


Propiedades históricas, dedicadas a la cría de caballos, al avistaje de fauna, o coquetas posadas rurales: el abanico de propuestas es amplio y abarca varias provincias de la Argentina.

entre ríos

La Violeta


Diana Hunt, quinta generación de pioneros escoceses, y su marido Federico Gadea abrieron al turismo las tranqueras de su propiedad en Chajarí. Polo, tareas rurales, y buena vida a la entrerriana.

Fotos de Xavier Martin


La cría de caballos es cosa seria en estos pagos. A Diana Hunt Caminal, su marido Federico Gadea y sus cuatro hijos, los une una pasión ecuestre que los huéspedes saben disfrutar en su estadía. Observar el monte verde al paso, o tomar una clase de polo en compañía de alguno de ellos, es una oportunidad que no hay que perderse. La cocina, a cargo de Diana, es otra especialidad. En sus recetas aparece la herencia escocesa de su abuela Susy. Todo es preparado en casa, desde el pan con masa madre hasta la manteca o el asado a la estaca.

La jornada continúa con lo que elija el huésped: más descanso, cabalgata o caminata con observación de pájaros a cargo de Raúl Gustavo Borgo, apasionado amante de las aves. El paseo por el monte entrerriano descubre en el espinal la fauna y flora autóctona, y también las ovejas y vacas sueltas que ralean los brotes de los árboles llenos de pájaros con nombres poéticos.

corrientes

San Juan Poriahú


A 16 km de Loreto, la antigua propiedad de la familia Meabe-García Rams guarda unas 30 lagunas ideales para la observación de la rica fauna de los esteros. Un lugar lleno de magia anclado en el noroeste del PN Iberá.

Fotos de Sofía López Mañán


El complejo colonial es del siglo XVII y conserva, intacto, el recinto que fue la iglesia de la estancia de la Compañía. La arquitectura de adobe tres veces centenario, cuan larga pudieron concebirla entonces, con sus galerías reparadoras, es, desde hace más de 20 años, la casa de huéspedes.

La estancia, dedicada sobre todo a la explotación pecuaria, es administrada por Marcos García Rams, quien se ocupa, además, de atender a los huéspedes. Propone ir en busca de los carayás al atardecer en pleno monte; salir de “cacería” nocturna para descubrir los mil y un ojos fluorescentes de los yacarés; recorrer los diversos caminos de agua que guarda la estancia para capturar la imagen esquiva de algún ciervo de los pantanos, de un lobito, de los capibaras… esas criaturas indómitas de los esteros.

chubut

El Pedral


En Punta Ninfas, un casco patagónico junto al mar con pingüinera propia, colonias de elefantes marinos y la posibilidad de ver ballenas y orcas desde la costa.

Fotos de Xavier Martin


La estancia tiene 9.000 hectáreas. Una gran mayoría se usa para la producción de lana y carne de ovejas merino, y sólo 100 están destinadas al turismo. En la casa-museo (como les gusta llamarla a sus dueños), y en el bloque de nuevas habitaciones construidas respetando la estética de la antigua casona, reciben pasajeros de todo el mundo. El lugar indiscutido de preferencia de casi todos es la galería. Desde allí disfrutan de las vistas y de la desconexión.

Los huéspedes también visitan a piacere a los pingüinos, o la colonia de elefantes marinos que se instala al pie del acantilado en Punta Ninfas. Por su ubicación en el extremo sur de la boca de entrada del Golfo Nuevo, El Pedral es un punto estratégico para avistar la ballena franca austral y orcas. Si es época, basta sentarse en la costa y disfrutar del espectáculo.

córdoba

Dos Lunas


En pleno valle de Ongamira este horse riding lodge invita a espléndidas cabalgatas al cerro Charalqueta y a disfrutar, a la vuelta, de las coquetas instalaciones de su casco de estilo inglés y su buena cocina.

Fotos de Guillermo Llamos


Gustavo de Trápaga, responsable de la estancia Dos Lunas, compró estas 2.200 hectáreas de campo ganadero hace dos décadas. Lo había fundado en 1906 una familia ruso-alemana, que construyó toda la infraestructura y los 50 kilómetros de caminos internos, calzados con piedras de 120 años. Todo se restauró por completo, pero con el respeto del caso. “El gallinero ahora es un barcito; la despensa, un quincho; y el comedor, una suite”, explica. La reconversión de cada espacio, que incluyó el agregado de electricidad y calefacción, se hizo conservando la estructura, las paredes y los techos. Hoy es un horse riding lodge con casco de estilo inglés, distinguido, pero sin ostentar.

Se puede cabalgar hacia las formaciones rocosas de Los Terrones, un trayecto entre una llanura de pastizales y un arroyo amable, o hacia un bosque de robles centenarios, con subidas suaves y descensos pronunciados. Además hay permiso para visitar los campos vecinos. Una de esas travesías lleva hasta un rincón enigmático en el que, si hay suerte, pueden verse hasta 30 cóndores surcando las alturas de este valle inolvidable.

buenos aires

Las Víboras


A 40 km de Dolores, la estancia de las hermanas Dodero es pionera del turismo rural. Desde 2003 comparten con los huéspedes las tareas de las 9.000 hectáreas de pura producción ganadera, a la vera de la RP 11.

Fotos de Soledad Gil


Las hermanas Dodero saben de túneles cavados en los tiempos en que el general Prudencio Ortiz de Rozas luchó contra los unitarios que intentaban derrocar a su hermano, el Restaurador. Saben que el casco original, de 1820, es mencionado por Güiraldes en Don Segundo Sombra. La casa tiene nueve habitaciones, sala de juegos con mesa de pool, y la firme decisión de mantenerla sin wifi. “El que precisa conectarse, puede hacerlo en la oficina, a unos 200 metros”, dice Guiga. “Pero estamos convencidas de que es una maravilla llegar al living y que la gente esté conversando entre sí, o leyendo un libro”.

En Las Víboras vive una colonia de mil ciervos Axis que andan libres y conviven con el ganado. Es muy fácil verlos, porque se los cuida y protege. Todos en la estancia tienen instrucciones de perseguir a los furtivos, que a veces ingresan para cazarlos.

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