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Cor@zones

Un cuadro gripal abrió una puerta impensada y Cupido los flechó al instante

Señorita Heart
(0)
3 de abril de 2020  • 00:37

Fue una semana particular para Diego (37). El estudio de abogados en el que trabajaba estaba atravesando un período con abundante caudal de trabajo y no podía darse el lujo de quedarse en su casa hasta que la gripe pasara. Se sentía cansado, con ganas de recostarse. Pero optó por ir a la farmacia y conseguir un antigripal. "Eso seguro me va a aliviar la congestión y voy a poder seguir trabajando pensó".

Fue a la que quedaba cerca de la oficina, en el barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Sacó número y esperó su turno para que lo atendieran. "Mientras estaba haciendo la fila me llamó la atención una de las chicas que atendía. Me pareció preciosa. Casualidad o las vueltas del destino, me atendió ella. Tenía la sonrisa más linda que había visto en mi vida, unos ojos marrones verdosos increíbles, piel de bebé. Era hermosa". No pudo evitar decirle que era muy bonita y le preguntó su nombre. Ella sonrió y simplemente señaló la identificación que llevaba en su guardapolvo. Tatiana, decía.

Diego hizo la compra y al salir de la farmacia vio un detalle que lo llevó a reflexionar. En la vidriera, en una chapa, figuraba el nombre Tatiana y comprendió que quien lo había atendido era la farmacéutica a cargo del lugar. ¿Había sido un guiño del destino?

Estuvo días pensando qué hacer. Diego tenía un matrimonio feliz y no estaba en sus planes cometer una infidelidad. Sin embargo, no aguantó la duda y buscó a Tatiana en las redes sociales. Facebook, Twitter, Instagram. Pasó varios días buceando entre los miles de datos de Internet. Y finalmente la encontró. "Le hablé por privado, me contestó y la conversación comenzó a fluir. No parábamos de hablar. Ella me preguntó si yo estaba con alguien y le dije la verdad. Ella tampoco estaba sola... Evidentemente el flechazo no me había pegado a mi solo".

En suspenso

Fueron cinco días de charlas ininterrumpidas mientras cada uno estaba en su respectivo trabajo. El fin de semana era más complicado ya que los dos convivían. "Después de hablar durante semanas, no aguantábamos las ganas de vernos, sabíamos que estaba mal, pero la atracción era enorme. Entonces decidimos encontrarnos en un bar un viernes a la noche. Ambos habíamos ido con amigos como coartada y el encuentro no pasó de una intensa charla con risas, miradas cómplices y roces disimulados. Nunca voy a olvidar esa noche, no nos besamos, pero había mucha atracción: no parábamos de tocarnos, rozarnos, abrazarnos. Era como que los dos queríamos todo, pero sabíamos que no podíamos".

Crédito: Shutterstock

El sábado posterior a la salida se hizo eterno. Habían acordado que los fines de semana no mantendrían contacto. Y ambos ansiaban que finalmente llegara el lunes. "Esa mañana nos saludamos casi a la misma vez, nos dijimos cuánto nos extrañamos. Pero la culpa siempre estaba presente". El segundo encuentro se hizo esperar. Tatiana no estaba segura sobre cómo manejar la situación, que se volvía cada vez más intensa.

"Para verla una segunda vez, me hizo prometer que esa sería la última. Ya había pasado un mes desde el primer encuentro. Ella cree en que todos tenemos más de una vida, cree en la reencarnación y me recomendó el libro Muchas vidas, muchos maestros. Lo compré pero todavía no lo leí. Siento que cuando lo termine, terminaré realmente mi historia con ella y me da miedo".

Mochila roja

Pactado ese acuerdo, ambos accedieron a verse. Fue un viernes por la tarde. Un médico amigo de Diego había puesto a disposición el consultorio para que pudieran encontrarse a escondidas. "Ella traía una mochila roja, entramos al consultorio y nos besamos apasionadamente. Una cosa llevó a la otra. Hicimos el amor y nunca en mi vida sentí tantas cosas juntas: felicidad, alegría, culpa, nostalgia, miedo, tristeza, incertidumbre. Acto seguido ella se puso a llorar. No tuvo que decirme nada, yo entendí todo. La promesa sobre ese último encuentro seguía firme".

Tatiana tomó su mochila. Sacó una hoja, era un "contrato". En él ambos se comprometían a que estarían juntos, sin condiciones, en la próxima vida. "Yo lo firmé, me pareció un poco loco, pero hoy en día elijo creer que eso puede ser real, de alguna manera. Y eso hace que le tenga un poquito menos de miedo a la muerte".

Desde esa despedida no se volvieron a ver ni a hablar. Tatiana se llevó el contrato y prometió quemarlo o enterrarlo para que el acuerdo se cumpliera. "Yo quiero a mi esposa también, pero ahora no sé si ella es mi verdadero amor. Tal vez el destino nos vuelva a juntar, y si lo hace, espero que pueda saber si realmente Tatiana es el amor de mi vida". Dice hoy tratando de entender sus sentimientos.

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