Un mes entre útiles, uniformes y médicos

Karina Grella
Karina Grella PARA LA NACION
(0)
20 de febrero de 2016  

Hoy estoy feliz: llamé al cardiólogo ¡y me dio turno para la semana que viene! ¡Y para los tres! Lo que parecía imposible lo logré. Sí, sé que tanta alegría por algo tan simple puede parecer exagerada, pero febrero tiene estas cosas: las satisfacciones pasan por llamar al pediatra o al médico de cabecera y que te haga el apto físico sin reparos, o dar con un huequito para la audiometría que le tengo que hacer a mi hija del medio, o por conseguir turnos consecutivos en el cardiólogo para hacer los electros que te piden en el colegio o en el club si tus hijos practican algún deporte de alto rendimiento.

Claro que las tristezas son de la misma índole: hace unos días pasé por la librería que está cerca de mi trabajo dispuesta a comenzar con la ardua tarea de comprar los útiles y ¡estaba cerrada! ¿A quién se le ocurre cerrar en febrero, en plena temporada alta de compras escolares? Es cierto: librerías hay muchas, pero cuando el tiempo apremia, todo se reduce a la cuestión de la cercanía y la practicidad. Como trabajo todo el día, no tengo mucho tiempo para recorrer y entonces lo optimizo yendo a la librería que me queda frente al consultorio. Este año no pudo ser.

Para bajar la ansiedad ya compré algunas cosas pero obviamente me falta un montón porque en casa todo se triplica...

Lo positivo es que el más chico pasó a segundo grado y entonces todo parece más sencillo. El año pasado, para empezar primero, la lista era interminable y se le sumaban la ropa y los nervios por el comienzo de un nuevo ciclo, lo que sin dudas aumentaba la ansiedad familiar. Con las más grandes no me puedo quejar: la del medio pasó a primer año y la más grande a tercero, sin ninguna materia por rendir. Por suerte son estudiosas y no se llevan nada; si no, a esta altura, tendría que estar lidiando con exámenes y profesores particulares.

Para el estrés, las redes sociales no ayudan mucho. Nunca falta alguna madre en WhatsApp que el 1° de febrero manda un mensaje diciendo que ya tiene todo comprado, etiquetado y embolsado, para desesperación de la mayoría de nosotras que todavía ni le echó un vistazo a la lista.

Y todo esto sola, porque llevar y traer a los chicos al médico, comprar útiles y ropa (los zapatos hay que renovarlos todos los años) es una tarea que recae absolutamente en las madres y a la que los hombres permanecen totalmente ajenos. "¿Lista de útiles? ¿Qué lista?", te preguntan desentendiéndose de la situación. Por eso siempre digo que debería tomarme vacaciones en marzo. Para descansar de tanto estrés que me causa febrero.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.