Un relato de Navidad que hace pensar

Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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22 de diciembre de 2001  

La habitación estaba a oscuras. La falta de luz era interrumpida sincrónicamente por el parpadear de una guirnalda que adornaba el arbolito navideño. Frente a él, sentado, el hombre tenía la mirada perdida. El pino de origen chino no estaba rodeado por ningún regalo.

El tiempo pasaba, pero su actitud no cambiaba. Junto a él, su perro permanecía inmóvil. Sus ojos, límpidos, de mirada leal, cada tanto observaban de reojo la actitud de su dueño.

En determinado momento la mascota no pudo más. Se irguió, enfrentó al reconcentrado personaje y apoyó una de sus patas delanteras en la rodilla inmóvil de su amo. En principio no causó ningún efecto. Un gemido acompañó el gesto y logró romper esa especie de sortilegio.

"¿Qué querés, Fetiche?" le preguntó al mismo tiempo que se respondía a sí mismo: "Esta Navidad no va a ser igual: no estamos bien y es difícil imaginar una celebración con este clima. Estamos tristes". El perro parecía querer responderle y se esforzaba esbozando sonidos mientras su amo desgranaba penurias.

El animal, en un intento final, apoyó ambas patas en la falda del hombre. Los ojos de ambos quedaron a una misma altura. "Vos sí que no tenés problemas", le dijo mientras lo acariciaba. "Comés lo que te doy, a veces bueno, otras no tanto, y siempre estás contento. No sé cómo hacés". El pichichus meneaba el rabo porque sentía que era comprendido. "¡Qué linda mirada que tenés! Estás feliz y yo te tiro estas pálidas. ¿Entenderás lo que digo?" El perro emitió un sonido que sonó a afirmación. "¿Vos me querés decir algo? ¡Mirá que yo loco no estoy!" El can se apartó abruptamente e hizo un par de piruetas que arrancaron una sonrisa al hombre. Agradecido, lo acarició.

Luego de meditar, cambió la cara y dijo en voz alta: "No estamos bien. Pero, ¿vale la pena que angustie a mi familia porque este año las cosas no serán como en los anteriores?

"Si Fetiche come siempre lo que le podemos dar y él está contento, duerme tranquilo, no deja de cuidar la casa y se siente feliz en cada paseo, ¿por qué en Nochebuena tenemos que estar tristes? No podré hacerles regalos a los míos, pero los amo y ellos lo saben. No habrá pavo ni exquisitos turrones, pero un rico choripán les gusta a todos. Lo importante es que vamos a estar juntos. ¿Qué más puedo pedir si eso es lo que puedo dar y lo hago de corazón?

"Tenés razón, Fetiche, no vale la pena entristecerse, seguramente vamos a pasar una hermosa Navidad."

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