Un ruego por la paz

El siglo XXI comenzó con una terrible ola de violencia que conmovió al mundo entero. En esta nota, fotos, canciones y textos publicados en diversos medios expresan el deseo de que la paz esté, finalmente, con nosotros
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23 de diciembre de 2001  

La imagen que abre esta producción tiene el doloroso privilegio de decirlo todo: desde el 11 de septiembre último, el mundo vive entre la desolación y el miedo, entre la legítima necesidad de justicia y una inusitada sed de venganza. Pero, por sobre todo, vive en guerra, una guerra inédita que traspone los límites éticos conocidos. Para esta Nochebuena, el deseo de la Revista es que el diálogo y la solidaridad se impongan por sobre la violencia, el egoísmo y la irracionalidad. Que la paz tenga, por fin, la oportunidad que se merece.

Para dar cuerpo y alma a este deseo, se eligieron algunos de los llamados a la concordia que la prensa publicó tras los atentados en Estados Unidos. También, fotos que registran momentos emblemáticos de los conflictos bélicos posteriores a la Segunda Guerra Mundial y las letras de algunas canciones que, desde entonces, se han convertido en verdaderos himnos por la paz en todo el mundo.

El fin no justifica los medios

Entrevista con Yoko Ono*, por Andrew Smith

Jueves 22 de noviembre, The Observer y Clarín

“... Algunos piensan que es necesario contraatacar. Lo que yo pienso es que ya no hay que pelear por la paz, sino ser pacíficos, lo cual es diferente. En los años 60 peleábamos por la paz cuando tenía lugar la Guerra de Vietnam. Estábamos contra la policía y los políticos. Todos llevábamos pancartas y esas cosas. Y pienso que, en cierto sentido, así como ellos disfrutaban del machismo de la guerra, nosotros disfrutábamos del machismo de oponernos a la guerra. De modo que me dije que esta vez no iba a hacer lo mismo. Es una situación demasiado complicada. No podemos disfrutar del machismo ni pelear por la paz. Pensé que los admiradores de John tenían que saberlo. Se puede abogar por la paz, pero no pelear por ella. Los jóvenes de aquella época sentían –y con razón– una gran indignación ante tanta injusticia, y querían despertar a los políticos, bombardear la Casa Blanca, lo que fuera. John y yo decíamos que no había que hacer eso. Algunos dicen que lo más importante es el resultado, pero no es así. El fin es importante, pero también los medios lo son...

... “A John le indignaba que chicos inocentes salieran a manifestar porque sus dirigentes los mandaban... Por eso, esta vez no hay que pelear por la paz. Además, seguramente la gente que está peleando también piensa que lo hace por la paz.”

- *Artista de vanguardia, viuda de John Lennon

Por Kofi Annan*, leído el 16 de noviembre, Día Internacional de la Tolerancia

“Después de los horribles atentados del 11 de septiembre, millones de personas de todo el mundo han reafirmado su comprensión de que todos pertenecemos a la misma familia humana. Han expresado, en su pena y solidaridad, aquellos valores que forman parte de nuestra humanidad en común.

“Uno de estos valores es la tolerancia. Esta piedra fundamental de los derechos humanos, el pluralismo y la democracia se basa en la apertura, el diálogo, la comprensión y el respeto para con los demás. Es un valor que hace posible la paz. Sin paz, no puede haber progreso ni desarrollo.

“Tolerancia también significa que todas las personas deben tener los beneficios que traen las oportunidades económicas y sociales, sin discriminación. La exclusión y la marginalidad llevan a la hostilidad y al fanatismo, y crean más intolerancia. La promoción de la tolerancia es una parte importante de la lucha que conducimos en contra del terrorismo. Nuestro objetivo es crear una comunidad global construida en la solidaridad, la justicia social y el respeto por los derechos humanos.

“En el mundo globalizado, la tolerancia es esencial. El diálogo debe prevalecer sobre la violencia, la comprensión sobre la indiferencia, el conocimiento de los otros sobre la ignorancia y el prejuicio. Esas deben ser nuestras metas: construir los puentes que unen a las diferentes culturas...”

- * Secretario general de las Naciones Unidas y último Premio Nobel de la Paz

Contra el ojo por ojo

Por Rigoberta Menchú*, carta enviada al presidente George W. Bush, publicada en su página de Internet el 12 de octubre de 2001

“Deseo, en primer lugar, reiterar a usted la solidaridad y condolencia que expresé a todo su pueblo el martes 11 de septiembre, luego de conocer los dolorosos sucesos ocurridos en su país, así como compartir mi indignación y condena a las amenazas que entrañan esos actos de terrorismo.

En los últimos días, he estado pendiente de la evolución de los acontecimientos, empeñando mis mejores oficios en que la respuesta a dichos sucesos sea la reflexión, no la obcecación; la cordura, no la ira; la búsqueda de justicia, no la revancha. He invocado a la conciencia de los pueblos eminentes con los que comparto un compromiso ético con la paz, a los jefes de Estado y a los líderes de organismos internacionales para que la cordura ilumine nuestros actos.

Sin embargo, señor presidente, al escuchar el mensaje que dirigió al Congreso de su país, no he podido reprimir una sensación de temor por lo que puede desprenderse de sus palabras.

(....) Al empezar este año, invité a hombres y mujeres del planeta a compartir un código de ética para un milenio de paz, reclamando que: No habrá paz si no hay justicia.

No habrá justicia si no hay equidad.

No habrá equidad si no hay desarrollo.

No habrá desarrollo si no hay democracia.

No habrá democracia si no hay respeto por la identidad y la dignidad de los pueblos y las culturas.

En el mundo de hoy todos éstos son valores y prácticas escasas; sin embargo, la desigual manera en que están distribuidos no hace más que alimentar la impotencia, la desesperanza y el odio. El papel de su país en el actual orden mundial está lejos de ser neutral.

(...) Una vez que dé usted la voz de “fuego”, me gustaría invitarlo a pensar en un liderazgo mundial diferente, en el que no necesite vencer sino convencer; en el que la especie humana pueda demostrar que en los últimos mil años hemos superado el sentido de “ojo por ojo” que tenía la Justicia para los bárbaros que sumieron a la humanidad en el oscurantismo medieval; en el que no hagan falta nuevas cruzadas para aprender a respetar a quienes tienen una idea distinta de Dios y la obra de su creación; en el que compartamos solidariamente los frutos del progreso, cuidemos mejor los recursos que aún quedan en el planeta y a ningún niño le falte un pan y una escuela.

Con la esperanza en un hilo, lo saludo atentamente.

- * Premio Nobel de la Paz, 1992

Las raíces del odio

Por Vicenç Fisas*, publicado en El País de Madrid, el 19 de octubre de 2001

“... Cabe preguntarse lo que ocurre cuando los pueblos que se creen escogidos por Dios se enfrentan a grupos fanáticos que también se creen escogidos. Evidentemente, nada bueno, pues el choque es profundo y está inmerso en elementos sobrenaturales que escapan a la mínima racionalidad y a la moderación.

“(...) El uso de Dios, por unos y otros, nos invita a hacernos más preguntas, y una de ellas es interrogarnos qué es lo que provoca el fanatismo y la disposición de morir matando. Y en las respuestas, que son varias, veremos muchas invocaciones a que detrás de los fundamentalismos siempre encontramos miseria y desesperación, lo que permite crear mitos de gloria o un más allá de plena felicidad...

“... En la crisis actual, pero también en las futuras, creo que nos ayudaría mucho conocer mejor lo que nos piden los demás o los argumentos que hacen servir para intentar legitimarse, incluido Ben Laden. Como ha dicho Gema Martín Muñoz, una exigencia o una petición no deja de tener sentido y significado porque lo pida o lo exija el enemigo, el adversario o el terrorista. Y es que hemos acumulado muchos temas pendientes, arrogancias insoportables, demasiadas injusticias, fanatismos de todo tipo y falsas verdades, y Medio Oriente es un espacio donde se han concentrado demasiadas de esas cosas. Y para tratar lo pendiente se necesitan requisitos, y son muchas las personas que están convencidas de que Estados Unidos no tienen la legitimidad necesaria para reconducir los asuntos pendientes de este mundo. Su creencia de ser únicos, diferentes a los demás, los más fuertes y la manos derecha de Dios, les impide entender muchas dinámicas del planeta y concertar estrategias cooperativas y universales. A los ojos de una gran parte del mundo, especialmente del musulmán, los Estados Unidos no tienen la altura moral para conducir determinados asuntos, y menos para querer imponer su criterio particular. Y de la larga lista de motivos que se han esgrimido estos días, me quedo con la más que significativa actitud de rechazar y despreciar el Tribunal Penal Internacional, por su profunda convicción de que un soldado norteamericano jamás debería ser encausado por un tribunal internacional. Y esa actitud insolidaria y arrogante se produce nada menos que en un momento donde todos los analistas coinciden en que lo que sucede ahora debería obligar a los Estados Unidos a replantearse su aislacionismo (...) “Una tercera consideración previa es la de entender cómo operan los mecanismos y procesos de construcción de imágenes del enemigo, el maniqueísmo de pensar que nosotros siempre somos los buenos y los malos siempre son los demás, la tendencia a reducir, simplificar o generalizar las cosas sin matizar, personalizar o concretar las diferencias y los tonos.

“(...) No enfocaremos correctamente esta crisis si no somos capaces de ir a las raíces del odio, la cólera y el resentimiento, máxime cuando lo que se plantea es hacer frente a un fenómeno como el del terrorismo, al que no podremos hacerle frente con medios militares, entre otras cosas por tratarse de un enemigo difuso, no focalizado o centrado en un territorio específico, y que puede estar entre nosotros mismos.”

- * Director de la cátedra Unesco Sobre Paz y Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona

Oriente y Occidente

Por Vaclav Havel*, publicado en La Nacion, el 12 de octubre de 2001

“... Huelga decir que el fin de la división bipolar del mundo y el avance de nuestra civilización por la vía de lo que ahora llamamos globalización nos instan a cambiar radicalmente nuestro modo de pensar respecto del futuro orden mundial. Por lo tanto, la percepción implícita de la superioridad occidental y la inferioridad oriental son, a la larga, insostenibles. Ningún territorio geográfico y cultural determinado puede considerarse a priori mejor que ningún otro, para siempre o por cuestión de principios.

“Creo, en verdad, que Occidente debería recuperar, de a poco, su antigua neutralidad moral. En el futuro, debería significar una región del mundo contemporáneo claramente definida, una de las esferas de la civilización que se caracteriza por una historia, cultura, escala de valores y tipo de responsabilidad compartidas, así como por sus inquietudes específicas y peculiares. Ni más ni menos. Lo mismo debería aplicarse a Oriente, pese a todos los problemas, evidentemente inveterados, que lo aquejan hoy día.

“Mientras la palabra Oriente tenga resonancias peyorativas y la palabra Occidente, una connotación afirmativa, será inmensamente difícil construir un nuevo orden mundial basado en la igualdad entre las diversas regiones. Nada tiene de malo formar parte de Occidente, ni hay razón alguna para no declarar tal filiación.

“Por otro lado, ser una persona o país occidentales no entraña una superioridad a priori. Esto debería aplicarse a todas las demás entidades del mundo actual: no hay por qué avergonzarse de pertenecer a cualquiera de ellas. El respeto hacia otras identidades y la certeza de que todas son iguales deben acompañar el esfuerzo por forjar un orden mundial fundado en una paz y una asociación genuinas, en un orden que emane del compromiso, universalmente compartido, de atenerse a ciertos principios morales y políticos absolutamente fundamentales.

“Ya pasaron los tiempos de la dominación mundial del hombre blanco, el europeo, el norteamericano o el cristiano. Estamos entrando en una nueva era. Nuestro deber es respetarnos los unos a los otros y trabajar juntos para beneficio de todos.”

- *Presidente de la República Checa

Un ejemplo dorado

Por Luisa Valenzuela*, publicado en La Nacion, el 9 de octubre de 2001

“(...) En la guerra del gigante multinacional contra el multicelular, escurridizo, ubicuo enemigo invisible, cabe esperar cualquier cosa. Yo espero la multiplicación al infinito de una historia real que traje de allá como un tesoro.

“Ocurrió la semana última, en el barrio de Astoria, Queens, en Nueva York. El dueño de una cafetería egipcia, egipcio él mismo, atendía a su clientela cuando dos hombres entraron hechos una furia y le demolieron el local a patadas. Habían destruido casi todo cuando la policía los detuvo. Pero el dueño del local se opuso terminantemente a que los metieran presos: Los perdono. Entiendo la frustración, entiendo su rabia; no los justifico, pero los perdono y estoy en mi derecho.

“Muy a su pesar, los policías tuvieron que soltar a los tipos. Y los tipos volvieron dos horas más tarde. Y se pusieron a arreglar lo que habían roto. Pidieron disculpas, se ofrecieron para atender las mesas a partir de ese momento y a oficiar de guardianes.

“El mundo está lleno de gente como el barman egipcio de Astoria. Por lógica y por desgracia son otros los que tienen las armas. Y los que trafican con ellas.”

- * Narradora y ensayista

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