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Coronavirus

Una argentina en París: "Ante la apertura la mitad tiene miedo, la otra festeja"

Carina Durn
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29 de abril de 2020  • 00:18

Al poco tiempo de su llegada a París, Guadalupe Piñeiro (35) percibió que no habitaba en una única ciudad, sino que transitaba por varias atmósferas que por momentos podían mutar y transformarse. Estaban aquellos rincones de ensueño de los que había oído hablar desde pequeña en el colegio, con sus historias de reyes controvertidos, imponentes parques, e impresionantes castillos, y aquellos otros de la bohemia que tanto la seducían desde que tenía memoria. Y luego estaba su París, cotidiana, de hábitos simples, postales multiculturales y atardeceres compartidos.

Dividida por cuestiones laborales entre Barcelona y la capital francesa, para la periodista el primer gran impacto en tierra gala llegó a través de su gente. Maravillada, la joven descubrió en ellos un sentido del humor único y en cierta manera muy similar al argentino, colmado de una jocosidad impregnada por las ironías y los dobles sentidos, y con un alto nivel de autocrítica reflejada a través de las bromas. Ella jamás hubiera imaginado que podían existir lenguas tan filosas en suelo europeo y, sin embargo, allí estaban, en pleno dominio del sarcasmo y, al mismo tiempo, del control y la corrección por fuera de los círculos íntimos.

Disfrutar de las calles parisinas comenzó a ser un ritual placentero en la vida de Guada, pero entonces aconteció lo inesperado: de la mano de un virus desconocido arribaron los días de aislamiento, alejados de aquella intimidad peculiar y colmados de una nueva añoranza generada por esta dimensión extraña de la pandemia; horas cargadas de una valoración renovada hacia recuerdos cercanos, como las caminatas junto a su novio francés al borde del Sena o los apéro, reuniones previas a la cena con sus amigos.

Guadalupe realizó un máster en el diario ABC de España y se enamoró de un francés, lo que la llevó a París.
Guadalupe realizó un máster en el diario ABC de España y se enamoró de un francés, lo que la llevó a París.

Hoy, inmersa en una nostalgia inevitable, la argentina percibe en el aire sentimientos contradictorios y cierta "rebeldía" francesa, que emerge de hombres y mujeres no siempre dispuestos a obedecer sin objeciones, atentos a defender sus derechos. En un país con un total de 167.358 contagios registrados hasta el 28 de abril del 2020 - 23.694 fallecidos, 46.394 recuperados y una tasa de mortalidad del 14,2%-, Francia se encuentra entre las naciones más afectadas y, aun así, París aguarda la apertura total de la cuarentena con sentimientos que se balancean entre el temor y un innegable festejo.

En una entrevista para LA NACIÓN, Guadalupe comparte sus impresiones acerca de vivir en París en tiempos de coronavirus.

-¿Qué opinás de las medidas específicas que se implementaron en la capital francesa y cómo ha respondido el ciudadano?

En París –y en toda Francia, en general- la cuarentena tiene la característica de ser bastante más "abierta" que en otros países tales como Argentina o España. Aquí, por ejemplo, desde el comienzo está permitido salir a realizar actividad física de manera cotidiana durante una hora o sacar a pasear a los niños, algo que no ocurre en otros lugares. En mi opinión, la cuarentena es una medida necesaria, pero no suficiente y, en el caso de los países europeos, la reacción de los gobiernos llegó tarde. Puntualmente, en París el confinamiento se declaró poco después de las votaciones municipales, lo cual fue un gravísimo error porque permitieron que los ciudadanos fueran a votar cuando los niveles de infección en la población ya eran altísimos.

Hay mucha gente que respeta la cuarentena, pero también se cometen muchísimas infracciones. A medida que se extendió el confinamiento –y como las multas no son tan altas en comparación con otras-, varias personas comenzaron a salir a la calle, desobedeciendo las órdenes del gobierno.

En Francia, el comienzo del desconfinamiento será el próximo 11 de mayo. La mitad del pueblo festeja. La otra mitad tiene miedo. Especialmente, las personas que se ven obligadas a tomar el transporte público a partir de esa fecha. Hay escasez de barbijos y muchos franceses no se consideran preparados a nivel sanitario como para volver a sus rutinas tal como las efectuaban en el pasado. Otra cuestión polémica es el orden elegido: Lo primero que se va a retomar aquí es la actividad escolar, algo que otros países como Italia decidieron dejar para el final por el alto nivel de contagio que tienen los niños con Covid-19. Muchos profesores están preocupados por eso y temen el regreso a los colegios.

Calles desoladas.
Calles desoladas.

-En relación a la actividad laboral, ¿cómo han impactado las medidas en la atmósfera cotidiana de tu comunidad?

Las actividades más afectadas por la cuarentena en estos momentos son aquellas vinculadas al ocio y esparcimiento, que serán las últimas en reabrir –la fecha estimada es mediados de junio- y, por supuesto, el turismo. También las clásicas florerías parisinas están en peligro y han tenido que tirar miles de flores que tenían pensado vender a comienzos de esta primavera, que arrancó en marzo.

Acá el gobierno brinda ayuda económica a las empresas para facilitar el pago de los salarios. De esta manera, los empleados cobran una parte de su sueldo, que es en general un 70% del total. También hay ayudas económicas para los trabajadores independientes.

En mi caso, trabajo independiente desde mi hogar y tengo la suerte de que la pandemia no influye directamente en mi actividad, pero sí conozco muchas personas que se ven afectadas laboralmente. Tras la crisis sanitaria, aquí se espera una crisis económica sin precedentes. Vivo hace casi cuatro años en Europa y jamás escuché tantas veces en la televisión la palabra "inflación" como en estas semanas.

Guadalupe es periodista y canta en eventos parisinos. @pineirolupe
Guadalupe es periodista y canta en eventos parisinos. @pineirolupe

-¿Cómo describirías el estado emocional que se vive allí?

La gente aquí atraviesa una mezcla de emociones que oscilan entre la impaciencia, la resignación y el temor. Con el avance del confinamiento, fue creciendo una fuerte desilusión e impotencia porque, aun estando todos en casa y alejados de nuestros seres queridos, este virus es una amenaza que sigue presente de manera muy arraigada y persistente. En mi caso, mi percepción de las cosas cambió al conocer gente que padeció la enfermedad, algunos con final feliz y otros, lamentablemente, no. Es muy fuerte saber que el virus está entre nosotros y que no es solamente un ente abstracto del que sabemos solo cifras y datos. Cuando ya está entre tus conocidos, la circunstancia te obliga a verlo como algo que también podría pasarte, que no es tan lejano. La idea de que "hoy es otro y mañana puedo ser yo" se acentúa. Sin embargo, creo que es importante difundir que mucha gente se recupera, aunque los cuidados son esenciales.

También crece la sensación de desamparo, de desconfianza con respecto a las cifras que nos llegan y de que el gobierno maneja la situación con desprolijidad. Los mensajes contradictorios con respecto al uso de barbijos, por ejemplo, dispararon el enojo de mucha gente hacia el gobierno.

Asimismo, el otro, el vecino, se ha vuelto una especie de "aliado" desde el balcón cuando salimos todos a aplaudir a los médicos, pero una "amenaza" en otros espacios, como el supermercado. Los franceses son bastante menos amigos de la terapia que los argentinos, pero cuando todo esto acabe seguramente los consultorios de los psicólogos van a explotar por la demanda.

En épocas de vida social.
En épocas de vida social. Crédito: @pineirolupe

-En tu caso, ¿qué sentimientos te atraviesan en esta situación como argentina, lejos de tu tierra y tus seres queridos?

Yo siempre extraño mi tierra, la amo y la reivindico. Pero debo admitir que, en estos años que llevo viviendo en Europa, este es sin dudas el momento más difícil para estar lejos de casa. Hace muy poquito escribí un texto sobre este tema en mi cuenta de Instagram. Una vez un periodista amigo –también expatriado- me dijo que uno nunca extraña tanto su país como cuando se cierran las fronteras. La realidad es que los que vinimos en un contexto de libre circulación de personas jamás imaginamos que nos tocaría vivir algo así, no estaba dentro de nuestro imaginario de posibilidades y no tomamos la decisión de irnos pensando en que esto iba a ocurrir.

Cuando se vive lejos de las raíces, ese reencuentro con amigos y familiares es soñado de antemano, lo esperamos, lo anhelamos muchísimo. Ese abrazo en el aeropuerto, esos mates que duran largas horas en el balcón con mi mamá. Es difícil saber que en un escenario tan complejo no contamos con la posibilidad de poder ver a nuestros seres queridos. Que no podemos estar allí si nos necesitan en estos momentos y, sobre todo, que no sabemos hasta cuándo no podremos viajar a nuestra tierra.

De cualquier manera, yo estoy agradecida porque estuve con mi familia en febrero, pude abrazarlos, ver a mis amigas, y disfrutar de momentos inolvidables. Logré a volver a Europa justo antes de que las fronteras cerraran, soy una afortunada, no todo el mundo tuvo esa posibilidad. Mi país es algo que llevo a cuestas a donde voy, va conmigo y es parte de mí siempre. Pronuncio estas palabras imaginando que mi familia las lee con un mate o un café en la mano y eso ayuda a sentirlos más cerca, a acortar la distancia, a abrazarlos desde donde estoy.

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