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Coronavirus

Una argentina en un pueblo soñado de Italia: “Hoy se vive entre la esperanza y el terror”

Carina Durn
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21 de abril de 2020  • 00:48

En la mañana del 19 de marzo del 2002, Ana Schaffer abrazó con fuerza a su marido. Se encontraban en Ezeiza y él partía con destino a Venecia, una ciudad que a la mujer le remitía a góndolas y romance, pero que en aquel instante le provocó sensación de ahogo. Tan contradictorias fueron sus emociones que, ambos, olvidaron que era su aniversario. Dos meses después de la partida, ella lo siguió.

Por aquel entonces Ana, psicóloga y psicodramatista, tenía 50 años. Su marido, un técnico químico, 46. A pesar de sus largas búsquedas, no pudieron escaparle a una realidad en la que vieron sus posibilidades laborales estrechadas y decidieron emprender aquel viaje hacia un futuro mejor.

Se instalaron en un pueblo poco atractivo a 50 kilómetros de Venecia, donde alquilaron una vivienda por tres años. Ana descubrió que era casi un milagro poder insertarse laboralmente en Italia con un título universitario incluido. Su primer empleo fue prestando servicios de limpieza en un banco, pero un buen día, y tras mucha persistencia, nuevas puertas se abrieron y comenzó a desarrollar sus capacidades como psicóloga y musicoterapeuta en un importante centro para discapacitados.

Con renovada perspectiva, decidió realizar un Máster en la Universidad C'A Foscari de Venecia, estudio que culminó con éxito. Y luego de años de esfuerzo se trasladaron a Asolo, un pequeño pueblo en la región de Veneto, considerado una joya mundial por su construcción medieval sobre una colina.

Calles de Asolo.
Calles de Asolo.

En su nuevo hogar, Ana quedó maravillada ante las continuas obras de infraestructura, en especial en los hospitales, todos pulcros al extremo y con tecnología de vanguardia. Lo que jamás imaginó es que, dieciocho años después, aquellas edificaciones tomarían un protagonismo impensado, consecuencia de una pandemia mundial inesperada.

Hoy, inmersa en sentimientos encontrados, la argentina que reside en un pueblo de ensueño, también vive en uno de los países que tiene en vilo al mundo. Con un total de 181.228 contagios registrados hasta el 20 de abril del 2020 – 24.114 fallecidos y una tasa de mortalidad del 13,3%-, Ana considera, sin embargo, que la región de Veneto supo tomar medidas diferenciales alentadoras, acompañadas por un sistema de salud avanzado.

En una entrevista para LA NACIÓN, la mujer de 67 años comparte sus impresiones acerca de vivir en un pueblo al norte de Italia en tiempos de coronavirus.

- ¿Cómo describirías la situación que se vive hoy en tu región de Italia?

Las medidas tomadas en la región de Veneto han sido eficaces en contraposición a aquellas que se lograron implementar en otras zonas de Italia en las cuales, y por diversos motivos, hubo una reacción tardía que provocó un mayor número de contagios y muertes.

Por ejemplo, al 19 de abril Lombardía cuenta con 66 236 contagios registrados y 12 213 muertes, a diferencias de los 15 930 contagios y las 1087 muertes que se contabilizaron en nuestra región. Se considera que esta brecha se logró gracias al llamado "modelo Veneto" en donde el propio gobernador, Luca Zaia, tomó las riendas desde el comienzo y de manera independiente a los lineamientos de la dirigencia nacional. Fue clave la implementación del cierre de las fronteras de la comuna y testeos mediante tampones a toda la población de Vo´ Euganeo (de aproximadamente 3300 habitantes), en donde se identificó el primer foco infeccioso. En este proceso se verificaron 66 casos positivos en personas que en su mayoría eran asintomáticas, por lo cual se decidió someterlos a cuarentena y declarar a toda la comuna como "zona roja", con la imposibilidad de salir de la misma, además de continuar con un estricto control.

Por otro lado en Lombardía, que cuenta con 10 millones de habitantes, se realizaron testeos a 264.155 personas, y en Veneto, que tiene menos de la mitad de la población, a 247 000; a su vez, seguirá doblando sus controles y los mantendrá en el tiempo. Es una región con una buena disposición de camas de terapia intensiva, sub intensiva y comunes. El sistema está funcionando bien y los hospitales cuentan con tecnología de avanzada. El punto crítico - como en muchos lugares del planeta – fueron los insumos descartables y de protección para los operadores del servicio sanitario, que debían ser provistos por el Estado nacional. Como la ayuda fue escasa, Veneto decidió asimismo activarse por cuenta propia para apalear con bastante éxito la falencia.

Más allá de las noticias de público conocimiento acerca de los orígenes de la pandemia en Italia, quedó también en evidencia los reajustes de presupuestos en los hospitales que se venían dando en muchos puntos del país, algo que generó momentos de enorme dificultad ante los eventos inesperados. La no previsibilidad dejó sorprendidos a los integrantes del Ministerio de Salud Nacional: los médicos y enfermeros quedaron inicialmente desprotegidos, sufriendo las consecuencias.

Paisajes de Veneto.
Paisajes de Veneto.

- ¿Cómo ha respondido el ciudadano a las medidas y cómo describirías el estado emocional que se vive allí?

La respuesta de los pobladores de Veneto ha sido buena en su mayoría, pero en la atmósfera se percibe desconcierto, temor y, por supuesto, mucha ansiedad. Hay un profundo deseo de retomar la actividad al aire libre, costumbre muy arraigada en estos lugares de Italia.

La tranquilidad y la belleza de la región se vio trastocada por una realidad demasiado dura como para creer en un comienzo que fuera cierta. Casi incrédulos, siento que transitamos por una zona de sombras profundas, colmadas de miedos e incertidumbres. Muchos lo perciben como otra guerra y se preguntan: ¿Cómo fue posible que se desatara sobre Italia una vez más? Ya sin bombas, pero con un virus capaz de paralizar y matar a miles de personas, dejándonos en un absoluto encierro, algo cruel para estas zonas tan productivas y prósperas del país, como lo son Lombardía y Veneto en el norte.

Calles vacías.
Calles vacías.

- En relación a la actividad laboral, ¿cómo han impactado las medidas en la atmósfera cotidiana de tu comunidad?

El pueblo de Veneto tiene una elevada cultura del trabajo y el ahorro. Tal como acontece en el mundo, el cierre temporal de los comercios y fábricas -con riesgo de quiebra del sistema económico - está generando una gran crisis social: contar con el dinero suficiente para la subsistencia de las familias son bases imprescindibles para la vida comunitaria.

Al momento, a los servicios esenciales se les sumaron las tiendas de artículos librería y de ropa para niños. Hay varias industrias que ya están en funcionamiento y el gobernador Zaia desea ampliar la apertura para el 4 de mayo. Por otro lado, aún se aconseja postergar las consultas médicas y todos los trabajadores en la zona deben estar protegidos con barbijos. La ciudadanía está atravesando un período que definiría como "suspendidos entre la esperanza y el terror". Terror por lo desconocido, sumado a la grave crisis que puede quitar la seguridad y el bienestar tan habituales acá. La comuna de Asolo está atenta y activa con la entrega de bonos económicos y bolsones de comida a los necesitados, y el gobierno central destinó 600 euros a los que son trabajadores independientes. Sin embargo, el sistema productivo y comercial se halla en serias dificultades por la burocracia y lentitud del Estado nacional.

En mi caso, hace un año que colaboro con un centro de ayuda a familias que cuentan en su núcleo a una persona con la enfermedad de Alzheimer. En este establecimiento se asiste al afectado para que el resto de los miembros puedan sentirse más libres de hacer sus cosas diarias, algo que se vuelve complejo, en especial cuando la situación se agrava. Este servicio es sin cargo y se realiza dentro de un hogar en donde a los pacientes se les ofrece actividades de entretenimiento, laborterapia y musicoterapia durante la mañana.

Yo soy una de las voluntarias profesionales y, previo a la pandemia, trabajaba con la estimulación cognitiva a través de la musicoterapia. En este tiempo de cuarentena el servicio está cerrado y las familias se encuentran muy solas, por lo que me ofrecí para brindar ayuda psicológica online y telefónica. Son sesiones gratuitas dirigidas a estas familias con el objetivo de evitar crisis de angustia y depresión. Acá y en el mundo hay situaciones de mucho desamparo y realmente es muy importante poder ofrecerles algún tipo de sostén como podamos.

Ana.
Ana.

- En tu caso, ¿qué sentimientos te atraviesan en esta situación como argentina, a tu edad, lejos de tu tierra y tus seres queridos?

Curiosamente, el 2 de marzo con mi esposo debíamos estar en Buenos Aires. Teníamos el viaje organizado hacía meses: ticket, traslado, hoteles, visitas a familiares y amigos. Apenas seis días antes (el 25 de febrero) cancelamos todo. Un presentimiento particular me advirtió que no nos sería posible regresar a Italia; el 13 de marzo aquella sospecha se volvió real. Esperamos poder realizar la travesía hacia el tan anhelado reencuentro en un tiempo no muy lejano. Recibimos muchos mensajes de preocupación y afecto desde la Argentina, algo que valoro con el alma. A mi edad, siento que esta es una nueva oportunidad, para mí y para todos, de replantearnos nuestro estilo de vida y nuestra existencia completa. Es nuestro momento de vivir una vida más espiritual y menos apegados a lo efímero y al consumismo que nos ofrece el mundo constantemente. Es tiempo de abrirnos a la posibilidad de ayudar más al prójimo y centrarnos menos en nosotros mismos.

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