Una cata por Instagram para mantener vivo el amor por el vino y el encuentro

En su primer día de cuarentena, un cronista participa de un vivo conducido con un sommelier
En su primer día de cuarentena, un cronista participa de un vivo conducido con un sommelier Fuente: LA NACION - Crédito: Juleta Ríos
Sebastián A. Ríos
(0)
26 de marzo de 2020  

No habían pasado todavía las primeras 24 horas de la cuarentena cuando me sumé a un vivo de Instagram para participar de mi primera actividad virtual (la primera de muchas, habría de descubrir a lo largo de los días). "Cata con moño" era la consigna propuesta por el bar de vinos Vico, que con sus locales cerrados al público echó a rodar esta idea para mantener entretenida e interconectada a la comunidad de amantes del vino que regularmente participan de sus periódicas catas guiadas. Pero, ¿en qué consistía la propuesta?

Empecemos por el moño. Para Pablo Colina, socio fundador de Vico, el moño es un elemento infaltable de su uniforme de trabajo de sommelier. Otoño, invierno, primavera, verano: el moño (los distintos moños) se luce siempre como parte del combo que incluye una personalidad extrovertida y divertida. Pasemos entonces a la cata: con muy buen timing, Pablo anunció el jueves previo a la cuarentena que el viernes ofrecería una cata virtual.

Era un plan simple. El anfitrión abriría tres grandes vinos, contaría sus historias, hablaría de sus hacedores y, obviamente, los degustaría para luego describirlos. Todo en un vivo de Instagram. Nada muy diferente a lo que el sommelier hace en las catas guiadas que ofrece en Vico, pero con una diferencia no menor: en las catas presenciales los participantes degustan los vinos. Es una experiencia sensorial lo que está en el centro, lo que me llevó a preguntarme qué interés podría despertar en quienes tienen la costumbre de participar de estas actividades, pero que ahora serían solo espectadores.

Yo, por mi parte, corría con ventaja. De los tres vinos que Pablo anunció que cataría en su cata con moño, tenía dos en casa. Copa en mano podría compartir en tiempo real su viaje sensorial, al menos en dos de sus tres estaciones. Aunque debo confesar que ni bien di con las botellas me asaltó la reacción de quién acaba de ingresar a una cuarentena de duración incierta: ¿abro los dos vinos o abro uno solo? ¿No me convendría racionar un poco estos elementos de disfrute por si el periodo de aislamiento social se extiende mucho más allá de lo que mi cava es capaz de soportar?

Me rendí al fantasma de la incertidumbre. Tomé una de las dos botellas y dejé la otra en su lugar. Puse el vino en la heladera para que alcance la temperatura ideal y elegí una de mis mejores copas. El resto del día lo pasé haciendo home office a la espera de que llegue la hora prevista para la cita.

Mollejas vs arroz

A las 19.10 Instagram me notificó que Pablo estaba en vivo. ¿Veinte minutos antes del horario anunciado? Entré y, horror, ¡Pablo estaba sin moño! ¿Era un signo de que se estaba cancelando la única actividad social que tenía en agenda en mis primeras horas de cuarentena? "Chicos, ¿se ve bien?, ¿me escuchan? Estoy preparando todo para que salga bien", me tranquilizó Pablo. De alguna manera, yo era como los que llegan temprano al recital y se encuentran con los plomos tirando cables, ajustando la altura de los micrófonos y probando las luces del escenario.

Dejé el celular sobre la mesa y fui a buscar el vino para abrirlo y dejarlo respirar. Apenas pasadas las 19.30, Pablo reapareció en Instagram: se había puesto el moño.

Para cuando entré, había más de 50 personas en línea, y en cuestión de minutos superamos las 150. No era un número menor. Las catas presenciales suelen reunir a grupos de entre 10 y 20 personas, no más. Por otro lado, el vivo lo estaba haciendo la cuenta de un bar, y no una celebrity como Tini.

Los comentarios que subían los participantes daban cuenta de que conocían a Pablo, de qué habían participado en sus catas. "Estamos todos", escribió @laumsotelo en los comentarios del vivo. "Todas tus catas son de excelencia", sentenció @angieasesoradeimagen; "No estés nervioso sale todo lindo", tranquilizaba por su parte @maggiebricasart, mientras @diegobc7 elogiaba: "Siempre divo, nunca in-divo".

Vivo por Instagra, desde la cuenta @vicowinebar
Vivo por Instagra, desde la cuenta @vicowinebar Fuente: LA NACION

El primer vino de la cata fue el Angéliza Zapata Alta Chardonnay, un blanco maravilloso que tengo la fortuna de haber probado muuuchas veces (y que era la botella de mi cava que preferí reservar para más adelante). Antes de descorcharlo, Pablo comenzó a contar la historia de Angélica, homenajeada por le etiqueta; luego habló de Alejandro Vigil, actual enólogo de la bodega, y de José Galante, su predecesor en ese puesto.

Los winelovers en línea comenzaron con las infaltables preguntas técnicas del tipo "¿A qué altura crecen las uvas con las que se hace este vino?". Con una combinación de nervios de actor en su primera función y la soltura del sommelier con años de oficio, Pablo respondía y al mismo tiempo llevaba adelante el ritual de apertura y servicio del vino. "Pablito, mostrá le etiqueta", coincidían varios en sus comentarios.

"¿Ahí se ve?", preguntaba a su vez el anfitrión del evento moviendo la botella de un lado a otro de la pantalla. "La etiqueta se ve al revés", sentenció alguien en los comentarios, y todos al unísono caímos en la cuenta del inesperado efecto de la cámara. "Uh, sí, no lo había pensando. bueno, no hay mucho que hacer", dijo Pablo y comenzó a hacer girar el vino en la copa, para luego olerlo y, paso seguido, degustarlo.

Entonces comenzó a describir el vino. Del otro lado, apareció una nueva tanda de inquietudes: ¿con qué se puede maridar? "Es un vino blanco que va muy bien con carnes", aseguró Pablo. "Mollejas a full", comentó @martin.mitchell39; yo propuse "bondiola". "Me hablan de bondiola, mollejas. y acá encerrado comiendo arroz jaja", replicó con humor de cuarentena @podelnegio.

En comunidad

El segundo vino de la cata era el que ahora estaba en mi copa: El debut de potrero, un blend tinto de esos que le sacan una sonrisa a cualquiera. Pablo comenzó a contar la historia de la bodega Vinos de potrero, creada por la sommelier Belén Soler Valle y su marido, el futbolista Nicolás Burdisso. Conozco la historia, por lo que mi atención se fue para el lado de los comentarios.

En ellos quedaba claro que somos una comunidad reunida en torno a un tema de nos gusta y nos hace vibrar juntos. A la distancia claro, pero juntos. Quizás algunos de los participantes hayan tenido, como yo la suerte de tener alguno de los vinos de la cata. Pero a esta altura del partido, creo que es lo de menos.

Podemos prescindir de muchas cosas, pero no de seguir compartiendo con otros esos que nos mueve. Y si hoy tiene que ser a la distancia, bienvenido. O, mejor, ¡salud!

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.