Una comunidad en Umepay

Paisaje de Umepay.
Paisaje de Umepay.
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26 de junio de 2015  • 17:16

¿Qué es una comunidad? ¿Cuál es la primera imagen que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de ella? En mi caso recuerdo el último capítulo de Mad Men, cuando, ¡Alerta Spoiler!, Don Draper se encuentra ante una de sus tantas crisis existenciales, y se interna en un lugar apartado, en donde se vincula con personas motivadas por la búsqueda espiritual.

Para el diccionario, comunidad es:

*Conjunto de personas que viven juntas bajo ciertas reglas o que tienen los mismos intereses.

*Un grupo de personas asociadas con el objeto de llevar una vida en común, basada en una permanente ayuda mutua.

Algunos eligen vivir de una manera poco convencional, en comunidades pequeñas, aunque si lo pensamos, así nacieron los primeros pueblos y asentamientos.

Umepay es un campo al pie del cerro, que se encuentra a pocos kilómetros de Villa Yacanto de Calamuchita, Córdoba, y ofrece, a primera vista, un vínculo directo con la naturaleza. Los colores del paisaje tienen algo de irreal para los ojos acostumbrados al gris de las calles de la ciudad.

El viernes pasado, a través de Ensalada verde, tuve la oportunidad de charlar con uno de los creadores del Centro Umepay, Matías Echenguren, y con Stephanie Meli Krawitz, que hace un año y medio eligió quedarse a vivir con ellos.

Matías me contó que es de Buenos Aires, del barrio de Liniers. Ahí conoció a sus amigos, ahí crecieron juntos. Con algunos desarrollaron proyectos, de la nada -o del todo- iniciaron empresas a las que les fue muy bien y generaron una hermandad de once personas que más allá de los problemas, los alentó a compartir experiencias en común.

Meditaban desde los 18 años, habían hecho retiros de lectura de aura, que son retiros iniciáticos muy fuertes durante nueve días; se habían ido a Brasil a hacer catorce días de ayuno todos juntos. "Nos ayudó a limpiar, ubicar qué era nuestro ego, qué éramos nosotros. Se presentan los miedos, las dudas. Están ahí, juegan con nosotros pero ya sabemos que esa vibración y esa potencia vienen cuando el corazón no está guiando el timón".

Por eso, cuando aparecieron alteraciones en los vínculos, decidieron resolverlo con charlas semanales que empezaban a la tarde y no tenían horario de fin, en las que volcaban lo que sentían y les pasaba. Una especie de terapia de grupo, pero autoabastecida, basada en los cuatro acuerdos toltecas:

-No hagas suposiciones.

-No te tomes nada personal.

-Siempre honra las palabras.

-Haz tu máximo esfuerzo siempre.

Después de seis meses de esa rutina catártica, fue el momento indicado para que apareciera Umepay. Una de las parejas había comprado un campo y empezó a construir cabañas para mudarse ahí, con la visión de que algo grande iba a pasar.

-Un 21 de diciembre nos fuimos con la idea de probar un mes en el campo, hubo mucho trabajo interior mientras pintábamos y preparábamos el lugar, el comedor comunitario y la cocina. En ese mes resolvimos que íbamos a quedarnos a vivir allá. Volvimos a Buenos Aires, vendimos casas, departamentos, vendimos las empresas. Juntamos plata y nos fuimos, cada uno ponía lo que podía y quería. Construimos la sala de arte, más cabañas.

Casi todos eran de Buenos Aires, once adultos, con tres niños, que le dieron un cambio radical a su entorno. Hoy Umepay creció en varios niveles, es un proyecto que comprende nueve hectáreas, y tiene un centro de actividades. Pero la comunidad se amplió y se transformó, como un organismo vivo.

-Los primeros dos años estuvimos nosotros solos, hacíamos retiros para gente de afuera, eso nos sustentaba económicamente. Y en el tercer año vino la segunda camada, diez chicos que habían venido a los retiros y querían vivir ahí, abrimos las puertas para que probaran durante tres meses y se quedaron a vivir. Juntos, estos veinte, formamos un eco barrio, compramos una tierra, loteamos, construimos más cabañas, con tecnología actual.

-¿Comen vegetales de la huerta?

-Tenemos una huerta re grande que nos está costando mucho, no somos gente de la tierra, nos estamos haciendo. Compramos cosas afuera, tenemos un verdulero, que es un ángel, tenemos un vecino experto en biodinámica.

Matías cuenta que Umepay se sigue expandiendo, y por eso la idea se simplificó. Continúan siendo importantes las reglas de convivencia, la construcción natural, la permacultura y el cuidado del medioambiente. El trabajo espiritual pasó a un plano más individual.

-Hay espacios en común pero cada uno hace lo que quiere cuando quiere y tiene su proyecto: unos venden jabones, otros construyen, uno da talleres de meditación, otros dan terapias, otros hacen comida. Tres o cuatro hacen lectura de aura, otros hacen magia. Lo que creamos está trenzado por ese trabajo interior.

Suena lejano, hippie, utópico. Parece que esas personas se hubieran alejado del mundo, pero ¿quiénes están más distanciados? ¿O acaso viajar todos los días en subte, quedarnos atascados en autopistas en hora pico y ver televisión para estar informados nos hace más sabios, más reales? Los que habitan Umepay no viven del aire, necesitan dinero, lo generan. O, en realidad, crean los recursos para moverlo, pero siempre como medio y no como finalidad. La convivencia, en ese sentido, es a prueba y error.

-Hasta hace seis meses teníamos un sistema comunista y ahora tenemos un sistema neoliberal (risas). Me enojé cuando pasó pero ahora estoy contento, antes todos ganábamos lo mismo, pero somos diferentes. Si uno quiere laburar diez horas para cambiar el auto o el otro quiere no laburar para estar con su hijo, lo hace. Somos un neoliberalismo con intervención del Estado, y el Estado es Dios. De repente aparecen cosas mágicas, nos acostumbramos a que eso suceda.

Claro que ese lugar no es para cualquiera, uno puede ir, probar, hacer talleres, pasar unos días y entender que estuvo bien, otros tal vez se enamoren del lugar y elijan quedarse para siempre, o por un tiempo largo. Las posibilidades nunca son cerradas y definitivas.

-Si eso te vibra y lo querés, vas a estar en Umepay. Si te vas escapándote de la ciudad, te vas a escapar de Umepay. Cada uno lleva lo que tiene al lugar donde va.

El caso de Steph es de las que fueron a probar y se enamoraron.

-Hace un año y medio entré al proyecto. Había recibido una lectura de aura, eso fue en julio. Estaba en pareja, no tenía la plata pero le dije a él: "Tenemos que ir a un lugar. Esto nos va a hacer re bien, como pareja, como personas". Cuando llegué sentí que quería estar ahí. Yo soy cocinera también, así que dije, esa cocina es mía. En noviembre fui a ayudar a la construcción de la sala de arte, que es donde ahora hacemos los jabones, y me quedé.

El proceso para tomar la decisión no fue de un día para otro, hubo dudas, ansiedad. Era invertir la plata y jugarse por un lugar con el que no había soñado, si a ella siempre le había gustado la playa.

-Lo humano integrado con la naturaleza. Por qué esto lo tengo allá y no en otro lado. Algo importantísimo para mí es poder ver el cielo, la panorámica del cielo sin ninguna antena ni edificio. O ver una mariposa antes de entrar a hacer jabones me cambia, no me da lo mismo. Ver la vía láctea. Ese contacto para mí es vital, me encanta la ciudad pero no para vivir, es algo que no me cuaja. Así llegué y me integré a Umepay. Algo que yo veo en mí, y que hace que tenga el lugar que tenga, es que lo generamos. Nace de la impronta de cada uno. Estuve en la cocina, después los jabones, es un lugar que me gané en mí. Los que estamos ahí tenemos esa certeza de estar ahí porque es el lugar que queremos. Vuelvo a Buenos Aires, antes la odiaba y ahora me encanta, se produce la magia, los encuentros, las sincronías.

El emprendimiento de jabones naturales y productos de limpieza corporal Theo Lab que hace con su socia Laura Petrolo, lleva tiempo de preparación, usan ingredientes ecobiodegradables y hacen muchas pruebas antes de lanzarlo al mercado. Ellas se ocupan de la presentación, de la distribución. Se pueden conseguir en Capital, a través de Wu Wei Eco Tienda.

De los encuentros programados, habrá uno que llama la atención por todo lo que incluye, es del 18 al 22 de julio. Con ese marco de naturaleza, serán días de retiro con charlas, talleres, música, alimentación consciente y vida sana en todos los aspectos. La información está disponible en https://umepay.wordpress.com Matías decía al respecto:

-Nos conectamos con los nuevos paradigmas, los paradigmas ancestrales. La idea es integrar todo, que pase todo y si hay diferentes visiones que pasen ahí. No es una pelea, los invitados son buenos en lo que abarca cada uno. Vos sos libre de ver por dónde querés ir. Queremos dar una mano para que dentro de este mundo pueden haber diferentes visiones. Generar comunidad, no hay competencia. Somos lo mismo.

Las charlas serán gratuitas para los habitantes de Yacanto, se espera un movimiento importante de personas. El 10% de lo que se recaude será para dar más talleres gratuitos en la zona.

Saberes vivos en Umepay.
Saberes vivos en Umepay.

Matías Echeguren, como director del centro, tiene el objetivo de salir a contar y compartir lo que pasa en la comunidad.

-Quiero hacer un documental de los tres primeros años de la comunidad para inspirar a otros, para decir que se puede, sea cual sea tu sueño. Me encanta que se transmita, no lo que hacemos, sino lo que estamos sintiendo con lo que hacemos.

Gracias Sebastián Delfino y Ensalada Verde, por presentarme gente tan interesante, y a toda la gente de Umepay por abrirse a compartir el proyecto.

Me pueden escribir a kariuenverde@gmail.com

¡Abrazo y hasta el martes!

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