
Una luz en el túnel
Aunque todavía hay zonas oscuras en lo que se sabe sobre el funcionamiento de la mente, se dan pasos adelante: una clase de depresión tiene causas biológicas
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" Hace 11 años empecé con esta enfermedad. Sólo ahora sé de qué se trata y que tiene remedio. Mientras tanto, hasta que di con el médico apropiado, pasé por clínicas, psiquiatras, endocrinólogos, y otros profesionales que no dieron nunca en la tecla y tampoco supieron derivarme al especialista adecuado.
"En esos años la pasé muy mal. Cuando tenía los bajones, no quería hacer nada. Dormía mal, tenía taquicardia, adelgazaba, lloraba sin saber por qué. Me costaba un gran esfuerzo hacer las cosas. Ni siquiera la posibilidad de hacer un viaje me ilusionaba. No tenía fuerzas. Lo que me desesperaba era que no había un motivo. A pesar de todo, yo estaba segura de que lo mío no era depresión, y defendía esta postura contra viento y marea.
"Durante muchos años tuve momentos buenos y otros malos. De los malos, tardaba de dos a tres meses en recuperarme, porque de esto se puede salir solo, pero uno tarda más.
"Por fin me recomendaron un psiquiatra biológico que me mandó a hacer un análisis de orina de 24 horas, que puede ser o no complementado con un análisis de sangre. Se hace en un laboratorio especial, y por ahora es muy caro.
"Cuando el doctor vio los resultados, me dijo que no entendía cómo estaba de pie. Me faltaban muchos componentes, entre ellos, minerales. Me explicó que mi cuerpo era como un auto sin nafta. Había que compensarlo. Después se necesita un tratamiento de mantenimiento para evitar la próxima caída. A partir de mi caso, me enteré de que hay muchas personas que pasan por lo mismo. A ellas les diría que se animen, porque tiene cura."
María de A. (de 41 años, maestra, casada, cinco hijos).
Entre el 5 y el 10 por ciento de la población mundial padece de depresiones severas que no respetan razas, sexos ni edades. En la vertiginosa y exitista sociedad de hoy, la tristeza no está permitida... ni diferenciada.
"A mí nunca me gustó el nombre depresión. Se presta a una confusión entre un sentimiento y una enfermedad, y viceversa", dice el doctor Jorge Ciprián Ollivier, ex presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría Biológica y profesor de Psicofarmacología de la UnidadAcadémica Docente Moyano. "La depresión está casi mal vista. En realidad, todo lo que tiene que ver con un diagnóstico psiquiátrico lamentablemente es estigmático socialmente y no debería ser así. Por ejemplo, si uno tiene hepatitis y falta el tiempo necesario al trabajo para curarse, no pasa nada. Si uno tiene una depresión, no se tiene en cuenta que ésta es una enfermedad penosísima." No es casualidad que los años 90 fueran declarados Década del Cerebro en los Estados Unidos. En Europa, para no quedarse atrás, hicieron lo mismo desde 1992 hasta el 2002. Es que poco a poco este órgano está dejando de ser un misterio. A pesar de ello, queda un gran camino por recorrer. A grandes rasgos, se calcula que la computadora más moderna debería tener el tamaño del Empire State Building para poder almacenar toda la información que puede retener el cerebro.
Ciprián Ollivier explica que hay dos tipos de cuadros depresivos:
- Reactivos: es una tristeza que se adapta a una situación que tiene consonancia con algo que realmente ocurrió, como muerte de un ser querido, pérdida de trabajo, divorcio, o todo lo que produce dolor. También puede desarrollarse una depresión reactiva al hecho de tener una enfermedad, por ejemplo.
Se calcula que esta clase de tristeza en una persona sana dura entre nueve meses y un año (hablando de una pérdida importante, como por ejemplo la muerte de un ser querido). Durante este tiempo es razonable que haya un lapso de desvitalización, desinterés, una visión gris de la vida. Pero siempre tiene que existir internamente una tendencia hacia la cicatrización. Esto es lo que se llama duelo.
- Endógena: la persona que padece depresión endógena muchas veces no es comprendida porque aparentemente no tiene razones para estar afligida. Sin embargo. está caída, le cuesta levantarse a la mañana, no tiene ganas de hacer nada, todo es un esfuerzo. Entonces, dentro de su entorno surgen interrogantes. ¿Qué le pasa? ¿Tendrá que ir a un psicólogo? ¿A un terapeuta familiar? ¿A un psiquiatra? ¿A un endocrinólogo? ¿A un clínico? ¿Le convendrá hacer un viaje? ¿Cambiar de trabajo? ¿Cambiar de pareja? ¡Tendría que mejorar su ánimo! ¡No puede seguir así! Alguien -quizás ella misma- debe tener la culpa de lo que le pasa.
Nada ni nadie tiene la culpa. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la posibilidad de atravesar por una depresión endógena alguna vez en la vida está en el orden del 30 por ciento.
Una depresión reactiva puede transformarse en endógena si la mejora del ánimo no se produce y el cuadro persiste. Entonces estamos ante la cristalización de la depresión: el impacto que produjo esa pérdida provocó el consumo de la reserva funcional del sistema nervioso. Pero la endógena puede presentarse también directamente, sin que haya nada que justifique ese desinterés, esa apatía.
La depresión orgánica es una enfermedad como cualquier otra. A partir de este concepto, es necesario liberar de la culpa que sienten aquellas personas que padecen -según la American Psychiatric Association- síntomas como insomnio o incremento de sueño, retardo de pensamiento y de la motricidad o agitación, pérdida del interés o placer por las actividades usuales o decrecimiento del comportamiento sexual, fatiga y pérdida de energía, sentimientos de autorreproche o culpabilidad, ideas recurrentes de muerte o suicidio, disminución de la capacidad de pensar o de la concentración, síntomas somáticos y en ocasiones crisis psicóticas con ideas delirantes y alucinaciones.
Doctor Ciprián Ollivier, ¿de qué manera un desbalance químico en el cerebro puede provocar una depresión?
-El sistema nervioso funciona con el intercambio de información entre las neuronas, que se comunican a través de ciertas sustancias químicas que ellas mismas producen. Se llaman neurotransmisores o neuromoduladores. Hay varias categorías de estas sustancias, que hacen al equilibrio armónico de todo el funcionamiento del cerebro. Cada neurona tiene un pequeño depósito, como si fuera un reservorio de la sustancia que produce, y acude a ella en los casos en que tiene una sobreexigencia en el circuito por stress, o por lo que fuera. Si esa reserva no se repone, empieza a haber síntomas que configuran el auténtico cuadro depresivo.
-¿Cuáles son esos síntomas?
-Tienden a hacerse notar a través del sistema nervioso voluntario. Por ejemplo, la falta de ganas para hacer algunas cosas, el desinterés por cosas que antes interesaban, o el querer hacer y no poder. Muchas veces el depresivo se siente culpable porque no puede cumplir con su familia, con sus tareas. Quiere y no puede. Y no puede porque no tiene combustible, es como querer hacer andar un auto sin nafta. No es culpable ni él, ni la familia, ni nadie.
-¿El se da cuenta de lo que le pasa?
-Puede notar cómo ha ido cambiando porque pierde su entusiasmo y sus impulsos vitales. Cuando uno está bien, no necesita que pasen cosas especiales para tomarle el gusto a la vida. Con una depresión endógena se pierde todo lo que tiene que ver con lo que nosotros llamamos el hedonismo. Todo lo que da placer deja de darlo. El apetito, por ejemplo, cambia. Hay inapetencia o hay una manera desordenada y ansiosa de comer que no tiene que ver con el placer de comer. Se pierde también el deseo sexual. Es decir, todos estos placeres básicos del vivir es como si pasaran a quedar del otro lado de un vidrio gris. No hay interés, incluso por los afectos más importantes, como los propios hijos o los nietos.
-¿Qué otros síntomas pueden presentarse?
-El otro gran componente que suele acompañar a la depresión es el desasosiego, la ansiedad, la inquietud, con síntomas de vertiente angustiosa: sensación de presión en la garganta. Ganas de llorar. Angustia permanente sin motivo. Eso, muchas veces, acentúa la depresión. Y además hay síntomas cognitivos: el paciente está menos concentrado, guarda menos información, está más distraído, no se acuerda de cosas, como por ejemplo, de la película que vio ayer.
-¿Hace cuánto que se sabe que a nivel de los neurotransmisores hay algo que no está funcionando bien?
-Esto comienza al final de la década del 60. Se aplica químicamente a lo largo de la década del 70 y sólo a partir de la década del 80 se comienza a armar todo lo que tiene que ver con una buena infraestructura para hacer un buen diagnóstico psiquiátrico. Es como pasar de decir te veo pálida, debés estar anémica, a compruebo que te faltan glóbulos rojos, después de un análisis de sangre.
-¿Cuáles son los estudios más efectivos para hacer un diagnóstico?
-Actualmente, la tendencia mundial es hacer uso de todos los adelantos de la ciencia para facilitar el diagnóstico de las enfermedades psiquiátricas. Y se tiende cada vez más al trabajo multidisciplinario. Vale decir que se realizan estudios psicológicos, electroencefalográficos, mapeos cerebrales y estudios de laboratorio, los que junto con una buena historia clínica facilitan enormemente el tratamiento de las enfermedades depresivas.
-Hay ciertos antidepresivos que se han puesto de moda.
-No existe un antidepresivo universal, ya que el que le hace bien a un paciente no tiene efecto en otro. En otras palabras, en términos bioquímicos y farmacológicos no todas las depresiones son iguales ni deberían ser tratadas con los mismos antidepresivos.
-Es decir, la depresión endógena tiene variantes...
-Muchas. Una de sus variantes es la llamada depresión enmascarada en la que se presentan síntomas físicos. Es decir, los órganos están sanos, pero funcionan mal. Entonces aparecen taquicardias, dolores de cabeza, que son síntomas somáticos de la depresión. Esta es en realidad una de las maneras que tiene el sistema nervioso de alertar acerca de una situación de depresión. Hay pacientes que han llegado a ser operados por la violencia de su sintomatología, y resulta que lo que tienen es una depresión desde el punto de vista neuroquímico. Uno le hace estudios en donde se evalúa el estado de la reserva funcional del sistema nervioso y claramente aparece el cuadro. Son pacientes que, tratados como depresivos, se alivian. Los gastroenterólogos ven una enorme cantidad de síntomas del depresivo, los cardiólogos y el 50 por ciento de los clínicos también.
-¿Cuál es el límite entre la depresión endógena y la reactiva?
-Hay cifras que son muy categóricas y que no te dejan ninguna duda, pero hay otras que te dejan un margen de duda. Allí es la clínica y la evolución la que te orienta. Hay tratamientos reconstituyentes que son para los que están en el umbral de la depresión.
-¿Por qué hay personas que sufren la depresión endógena?
-Es una pregunta que todavía no se ha llegado a contestar. Hay causas genéticas hereditarias, pero no se puede descartar que haya una causa psicológica que la desencadene.
-¿Entonces es hereditaria?
-Hay ciertos tipos de depresión que tienen incidencia genética, es decir, se pueden heredar.
-¿Cuáles son?
-Casi todas las depresiones que tienen recurrencia. Hay personas que tienden a deprimirse en primavera y en otoño, o que periódicamente, cada dos o tres años aparecen con el mismo cuadro. También hay casos en los que se alterna la depresión con un estado de euforia o de casi euforia. Estos son cuadros que tienen una raíz genética.
-¿Se nace con depresión endógena, o es una enfermedad que aparece con el tiempo?
-Hay personas que nacen con una personalidad depresiva, y son siempre así. Pero en la depresión endógena por lo general hay un antes y un después. Hay un enfermarse, en concreto.
-¿Suele suceder a alguna edad en particular?
-Esta es una enfermedad cuya curva es amplia. Sucede a ancianos y a chicos. Sucede a cualquier edad.
-¿Indistintamente a hombres o a mujeres?
-Hay una tendencia hacia las mujeres. Pero no se sabe si es porque en realidad la mujer es menos pudorosa para consultar. En ese sentido tiene más caracter. Si no se siente bien, consulta. El hombre espera mucho para ver si sale solo. Y se va hundiendo, porque la depresión es como una ciénaga. Es muy peligroso que el paciente se acostumbre a vivir con su depresión porque va quedando al margen del funcionamiento familiar o social. Hay un gran retraimiento en ese sentido, que puede terminar en muerte.
-¿Cómo se trata?
-Lo importante en un cuadro de depresión endógena es saber que hay muchos subtipos. Es muy importante hacer bien el diagnóstico para que la terapia sea correcta. Sobre todo ahora, que hay una gama muy importante de tratamientos. Lamentablemente hay una tendencia a hacer creer que cualquier droga es buena para la depresión. Hay personas que son mal diagnosticadas. Los ven ansiosos y les dan ansiolíticos, lo que acentúa el desgano. Y como otro de los síntomas es el insomnio, toman pastillas para dormir. Después esas mismas pastillas son tomadas durante el día porque se sienten ansiosos y a veces porque, cuando dejan de hacer efecto, producen un rebote de ansiedad. Entonces esa persona va funcionando con un mínimo de su potencialidad.
-Tengo entendido que el análisis es caro, cuando en realidad debería ser de rutina.
-Sí, debería ser de rutina, sobre todo ahora que el equipamiento necesario se abarató muchísimo. El primer aparataje que se instaló en el Borda costó mucho más que lo que cuesta actualmente. Ahora parece que vamos a poder instalar un laboratorio en el Moyano, donde van unas 1200 personas por mes a los consultorios externos. El alto costo del análisis no tiene mucho sentido. Tampoco el hecho de que las obras sociales no lo cubran porque son asuntos psiquiátricos.
-¿Hay otros tratamientos que las obras sociales no reconocen por estar pedidos por psiquiatras?
-Sí. Por ejemplo, para nosotros los psiquiatras es una complicación pedir una resonancia magnética nuclear cerebral. Este es un estudio muy categórico para hacer diagnóstico diferencial. Es como mirar al detalle el cerebro por adentro. Si está entero, hay una posibilidad muy grande de que ese cuadro sea neuroquímico funcional. Para ser un médico psiquiatra hay que estudiar 11 años, y sin embargo la psiquiatría todavía es mirada con escepticismo.
- ¿Qué posibilidades de éxito tiene el tratamiento?
-Tiene entre un 90 y 95 por ciento de probabilidades de éxito entre los 20 y 40 días de tratamiento. Esto puede fallar si la enfermedad se cronifica, ya que las neuronas son sociales. Entonces si no se conectan se atrofian y a veces esa atrofia es irreversible a lo largo de los años.
-¿Cuáles son los compuestos que más se utilizan en el tratamiento?
-El litio, magnesio, zinc, y las vitaminas del grupo B. No solamente para tratamientos antidepresivos, sino también antirrecurrenciales para evitar la recaída. La neurona fabrica el neurotransmisor básicamente con lo que se llama el aminoácido precursor (que es lo más chiquito en que se puede partir una proteína). Para que esa transformación sea posible, utilizan minerales y vitaminas porque facilitan el trabajo a las neuronas.
Hoy, mediante un análisis de sangre y de orina, se puede saber cómo está el ánimo de un paciente. Algo que parecía totalmente subjetivo se ha vuelto objetivo, aunque los análisis todavía requieren de manos expertas que los elaboren.
Pero según los doctores Juan y Nilda Spatz, bioquímicos y especialistas en este tipo de análisis, en la Argentina todavía hay una corriente psicoanalítica muy fuerte. "Mucha gente va a terapia, dejando gran parte de sus sueldos allí, cuando frecuentemente el problema por resolver es de origen orgánico", dicen. Los análisis de cientos de sustancias en orina, sangre y líquido cefalorraquídeo muestran alteraciones. Entonces el médico sabe con qué medicar para corregir esas dismetabolias.
Sin embargo, hay quienes tienen una postura conciliadora y proponen un modelo integrador. "Desde la perspectiva cognitiva, el ser humano es una unidad biopsicosocial, donde la mente, el cerebro y la cultura se entienden como procesadores de información que operan en simultáneo", explica el doctor Sergio Pagés, médico psiquiatra, director de la Fundación Aiglé.
"El nivel de intervención biológico y/o psicológico y/o social será una elección en función de la relación costo-beneficio y eficacia, pero cualquiera sea el que elijamos producirá cambios en los tres niveles simultáneamente", continúa el doctor Pagés.
"Según esta relación, intervendremos en el nivel más adecuado, o en más de un nivel simultáneamente. Esto sería generar una red social para una persona que está sola, aislada -que es la forma que toma la depresión en lo social-; o bien intervenir biológicamente, con un antidepresivo, por ejemplo; o con una intervención psicológica, psicoterapia en alguna de sus formas", afirma Pagés.
Los tratamientos con fármacos no son exactamente nuevos. En la década del 50 aparecieron los primeros medicamentos aplicados específicamente para el tratamiento de las enfermedades psiquiátricas y junto con ellos una nueva especialidad médica: la psicofarmacología.
"La observación de que distintos fármacos mejoran las afecciones psiquiátricas despertó un enorme interés en centros de investigación dedicados a conocer las causas físicas más que las psicológicas de estas afecciones, entre ellas, la depresión. Y nació una nueva corriente dentro de la psiquiatría: la psiquiatría biológica", afirman los Spatz.
El pionero argentino en este campo fue el doctor Edmundo Fischer, que posteriormente sería el presidente de la Federación Mundial de Sociedades de Psiquiatría Biológica, cargo que hasta hace poco tiempo ocupó el doctor Jorge Ciprián Ollivier. Con la dirección del doctor Fischer en el laboratorio de Psicofarmacología y Neuropsiquiatría Experimental del Hospital José T. Borda, se inició en la década del sesenta una serie de investigaciones fundamentales en el campo de las esquizofrenias, depresiones y epilepsias. En 1964 se incorporó a ese laboratorio el doctor Spatz, que desarrolló los métodos de análisis bioquímicos que dieron pie a numerosas publicaciones nacionales e internacionales.
"La visión de Fischer en cuanto al origen bioquímico de la depresión fue en cierto sentido genial por su sencillez. Por aquel entonces se empezaba a conocer la existencia en el cerebro de una sustancia llamada feniletilamina. Los estudios demostraron que en las depresiones endógenas el organismo produce cantidades anormalmente bajas de feniletilamina, un compuesto que cumple la función de influir en los estados de ánimo. La carencia de feniletilamina puede ser demostrada mediante estudios en la sangre y orina en laboratorios que cuenten con el equipamiento adecuado y las técnicas específicas de muy alta complejidad. A consecuencia de estos hallazgos se descubrió que un aminoácido, es decir, una sustancia natural, la fenilanina, actúa como antidepresivo, sola o combinada con otros fármacos, al transformarse en feniletilamina.
Spatz en su laboratorio: "Mucha gente va a terapia y deja allí gran parte de su sueldo, cuando frecuentemente, tiene problemas orgánicos"
"Lamentablemente -continúa Spatz-, no siempre el problema se presenta en forma tan simple. Si bien la deficiencia en feniletilamina es casi una constante en las depresiones endógenas, esta deficiencia puede ocasionar o coexistir con otros disbalances relacionados con las sustancias encargadas de transmitir señales o información de una neurona a otra: los neurotransmisores (mensajeros químicos que comunican a las neuronas entre sí)." Y a partir de ciertas certezas empíricamente demostrables es que se comenzó a aplicar tratamientos y a evaluar resultados.
El doctor Humberto Mesones, médico psiquiatra que también se especializa en el tema desde hace 30 años, aclara: "En esta cuestión del equilibrio químico, es impresionante cómo los pacientes comienzan a conocerse a sí mismos y a no dejarse estar. Saben si están bien, más o menos, o mal. Al menor síntoma, consultan.
"Todavía no está tan difundido el hecho de que las depresiones endógenas son enfermedades físicas en las que el cerebro sufre trastornos en el sentir y en el pensar, que son sus funciones propias. Las alteraciones son medibles y, gracias a que la psicofarmacología está muy desarrollada, posibles de corregir.
"Nosotros, como médicos, tenemos muchas satisfacciones. Hay pacientes que vienen muy mal y que en pocos días mejoran notablemente. Pero es impresionante la ansiedad con que esperan los resultados de los análisis. Después de arrastrar la enfermedad durante años, su esperanza consiste en que por fin algo les dé mal, se pueda detectar... y curar." Pero según el doctor Pagés, la investigación comparada de pacientes tratados sólo con psicoterapia, sólo con psicofármacos, o con psicoterapia y fármacos al mismo tiempo, arroja como resultado que lo más eficaz para las depresiones más severas es lo que se conoce con el nombre de tratamientos combinados: intervenciones biológicas y psicológicas.
Como se ve, no es cuestión de confiar en una panacea curativa. Cada caso tiene su complejidad. La cuestión es aprovechar todos los recursos que existen y enfrentar el problema que, hoy, tiene grandes posibilidades de llegar a una solución.
Un poco de historia
Desde los remotos tiempos de Hipócrates, aquel sabio de la medicina que vivió alrededor del 400 a. C., se habla de una cierta melancolía como consecuencia de una exceso de bilis negra, uno de los cuatro humores fundamentales, junto con la sangre, la flema y la bilis amarilla.
"Constantino Africano, un sabio del siglo XI, escribió el libro De Melancholia, un tratado sobre la depresión inspirado en la lectura de los antiguos y en sus propias observaciones", dice la doctora Nilda Spatz.
Al comienzo de su libro Primero dice: "La melancolía perturba el espíritu más que otras enfermedades del cuerpo. Una de sus clases, llamada hipocondría, está ubicada en la boca del estómago, la otra clase está en lo íntimo del cerebro.
"Los accidentes que a partir de ella se suceden parecen ser el temor y la tristeza. Ambos son pésimos porque confunden al alma".
Más adelante dice: "Cuando los efluvios de la bilis negra suben al cerebro y al lugar de la mente, ocurecen la luz, la perturban y sumergen, impidiéndole que comprenda lo que solía comprender, y que es menester comprender. A partir de lo cual esta desconfianza se vuelve tan mala que se imaginan lo que no debe ser imaginado y hace temer al corazón cosas terribles. Se padece de vigilia, malicia, demacración, alteración de las virtudes naturales que no se comportan según lo que solían, mientras estaban sanas".
Un complejo análisis de orina determina qué componentes están faltando en el organismo
"A lo largo de los siglos los conceptos sobre la enfermedad depresiva coinciden en lo esencial. Y aún la idea de la bilis negra nacida en la prehistoria de la medicina sienta las bases de una interesante hipótesis que reconoce causas exclusivamente orgánicas para una afección psiquiátrica. Lo que sucede es que cuando se enferma el cerebro, se manifiestan trastornos en el sentir y en el pensar, que son sus funciones propias. Entonces lo que se enferma pareciera ser el alma de la persona", explica la doctora Spatz.
Consultas gratuitas
Para ayudar a las personas que padecen los síntomas de la depresión, nació la Fundación Mendizábal, una organización sin fines de lucro que se dedica a atender a pacientes depresivos.
Médicos psiquiatras, psicólogos y neurólogos se encuentran disponibles de lunes a viernes, de 9.30 a 12.30 y de 14.30 a 18.30.
Al no contar con subvenciones, se cobra un bono donación de $ 25 por consulta, cifra que se reinvierte en la fundación.
Pero puede haber aranceles diferenciales. Los últimos sábados de cada mes se dan conferencias gratuitas sobre diversos temas.
Línea gratuita para consultas y obtener informes: 0-800-29478.
Paula Urien
Fotos: FPG y Daniel Pessah
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