Una maratón en la Dubai de Diego Maradona

Nuestro cronista cumple el sueño de correr en este escenario, respaldado por el astro futbolístico
Daniel Arcucci
(0)
1 de febrero de 2014  

"Contame todo… ¿Cómo es esto que se te dio ahora de correr maratones?" Diego Armando Maradona , más habituado a contestar preguntas de otros que a hacerlas él, muestra un interés genuino. Sentado a la cabecera de la mesa negra laqueada del comedor de su casa en The Palm Jumeirah –el lujoso barrio mundialmente conocido como La Palmera de Dubai, que se ve en las fotos turísticas y, dicen, también desde el espacio–, no baja la vista para esperar la respuesta. Mientras, descarna artesanalmente uno de los cogotes de pollo que van dejando vacío un plato hondo y, tras dejar brillosos los mínimos huesos, pica con el tenedor de la ensalada de rúcula y clara de huevo, condimentada con limón y aceite de oliva, que él mismo se encargó de preparar. Es un ritual de su dieta, que respeta y repite en cada almuerzo y cena.

Trato de explicarle, algo balbuceante en el inesperado rol de entrevistado, después de casi treinta años de entrevistador del mismo personaje, qué es "esto de las maratones".

Diego ya sabía bastante, en realidad, porque lo había leído en el mensaje iniciático de la idea, nacida el año pasado, cuando faltaban poco menos de cien días para la carrera y habían pasado apenas veinte de mi debut en los 42 km de Berlín, con la motivación de siempre ("Corro cuando estoy mal, para estar bien; corro cuando estoy bien, para estar mejor"), pero esta vez con el agregado de lo exótico del lugar. Y de su presencia allí.

Y fue uno de los primeros, Diego, en responder a la inevitable pregunta: "¿No te vas a morir de calor?". No. Enero en Dubai es invierno y tanto los amaneceres como los atardeceres son de una agradable primavera, casi otoñal. En el verano de julio y agosto, en cambio, hasta el mar se calienta por encima de los 40°. "En esa época, podés poner a hervir los fideos", dice Maradona, refiriéndose al agua verde que baña la playa que le corresponde a la rama de palmera sobre la que está su casa. Hacia allí dan los ventanales posteriores de la mansión de dos plantas. En la inferior, el hall de entrada; un living hacia la derecha y dos cuartos; otro living hacia la izquierda, además del comedor y la cocina con su comedor diario. En todos los ambientes hay TV, en general sintonizada en Telesur o en partidos de fútbol. Balconeando sobre la playa, una piscina y un césped mullido, sobre el que están montadas una cancha de fútbol tenis y una mesa de ping-pong. Ambos son escenario de desafíos entre Diego y Rocío, su novia, que Maradona dice ganar siempre. En la planta superior está el cuarto principal, otros dos cuartos, una oficina y el gimnasio.

Equipado con máquinas de última generación, allí fue el último entrenamiento, el miércoles por la noche, para la maratón prevista para el viernes 24. Viernes, sí, domingo en el mundo musulmán. Allí, Maradona ha ido reencontrándose con su mejor forma física y sueña con volver a estar por debajo de los 80 kilos. Sobre la cinta, ese aparato que ha sido su acompañante en tantos acondicionamientos físicos, hizo tres ciclos de dos kilómetros a alta velocidad y los complementó con 7 kilómetros sobre la bicicleta. El enorme muñeco azul para practicar boxeo se ofreció sin palabras para cerrar la faena y soportó los golpes con buena técnica y mucha fiereza que le lanzó Diego.

Mientras, en el ambiente sonaba a todo volumen el tema que Dalma cantó con el grupo Apolo, además de mucha cumbia romántica, el Chaqueño Palavecino y, entre otros, una versión de "A cara o cruz" que mereció un acting. En ese ambiente, lo que tocó en la rutina propia fue un trabajo regenerativo, después de haber trotado amables 7 kilómetros durante la mañana, que cerraron tres meses de entrenamientos rigurosos y que sirvieron de recorrida turística a pie por Dubai Marina, uno de los lugares más atractivos de la ciudad. Algo así como un Yacht Club gigante, cruzado por tres puentes y rodeado de modernísimos edificios, como el Dubai Marina Tallest Block, le dan el perfil a Dubai, empezando por el Este.

Vista desde el aire, la ciudad es un largo y angosto corredor, con el mar a un lado y el desierto al otro. Partiendo de Dubai Marina hacia el Oeste, tras pasar The Palm, aparece primero el famoso hotel Burj Al-Arab, más conocido como La Vela y calificado con sus siete estrellas, sobre las aguas mismas. Bastante más adelante, pero sobre la autopista paralela al golfo, la otra referencia inevitable, el Burj Khalifa, la torre más alta del mundo con sus 160 pisos y sus 828 metros.

Pero Dubai no es sólo ese perfil de folleto. Si se sigue avanzando, se llega a la ría Creek, donde el tiempo parece detenido. Los dhows, antiguas embarcaciones, siguen sirviendo para transportar mercancía por el mar de Arabia. El lugar se asemeja a una reserva de los tiempos y las costumbres originarias, mientras a su alrededor todo parece en obra, en constante desafío al futuro. El circuito de la Dubai Marathon 2014 fue insertado en medio de todos esos mundos, pero casi sin tocarlos. La partida, desde Umm Suqueim Rd y Al-Wasl Rd, como un apéndice de doscientos metros perpendicular a la costa y justo de frente a The Madinat Jumeirah, un fabuloso complejo hotelero y comercial. Desde allí, a la derecha por Jumeirah Beach Rd, por casi 20 km, hasta girar en "u" por la mano contraria de la misma calle y seguir así, recto como las vías del tren, hasta el acceso a The Palm y volver a girar en "u", para retomar por la misma avenida. El final será otra vez por el apéndice, en la mano contraria?

Pero antes del final, claro, está el recorrido. La carrera se largó a las 7, junto con el amanecer. Y entre la bruma fría fue posible ver el perfil de los casi 20.000 participantes. La elite, acotada y dominada por etíopes. Los maratonistas, poco más de 2000 hombres y poco menos de 500 mujeres, con muchos extranjeros. El resto, 10 km y 3 km más masculinos que femeninos.

La maratón no deja de revelar matices -superficiales si se quiere, pero matices al fin- de dos cuestiones centrales en el debate cultural del Dubai de hoy: extranjeros y mujeres. Los extranjeros están por todos lados. Así como se van insertando hasta darle un perfil diferente a uno de los sitios más abiertos de los Emiratos Árabes Unidos en particular y del mundo árabe en general, son los que rodean el circuito hasta hacer casi olvidar las calles de dónde está corriendo uno. Por momentos parece Miami o hasta Nueva York y los repetidos "¡Well done!" o "¡Good job!" (taaan americanos) que se escuchan colaboran en la confusión.

Alientan hombres y alientan mujeres. Ellas, las extranjeras, vestidas como quieren. Shorts y escotes, mayoría en las foráneas, conviven con las negras túnicas típicas y conservadoras, todavía impuestas entre las locales, pero combinadas con rouge y accesorios y cada vez más desafiadas por las jóvenes.

El recorrido, plano y recto, como alguna ruta patagónica, invita tanto a perderse (o ganarse) en un ritmo frenético como en pensamientos.

Al pasar los 10 km en tiempo de 10 km, y no de maratón, el pensamiento se va a Maradona, otra vez, y en la experiencia vivida con él en su trabajo en Dubai. Porque así dijo, cuando llegamos a la sede del Dubai Sports Council, algo así como la Secretaría de Deportes de la ciudad: "Acá trabajo yo". Allí presentó el proyecto "To the Top with Maradona", un programa integral de divisiones inferiores de los seis clubes de la ciudad que participan en la Liga del Golfo, y donde aprovechó la conferencia de prensa para dejar uno de esos títulos habituales: "Este año Messi ganó el Balón de Oro al descanso. El mejor premio". Otro programa, pero éste de TV, lo tendrá como protagonista desde marzo. Se trata de The Victorious , un reality show que el canal Dubai Sports está promocionando y en el que se busca un joven talento futbolístico en todo el mundo árabe.

Al pasar los 21 km en tiempo de 21 km, y no de maratón, sin dolor en ninguna parte y con aire para volar, el pensamiento sigue en una ciudad que parece ser una burbuja de paz para Maradona. Pasa la mayor parte del tiempo en su casa y, cuando tiene que moverse a alguna de sus actividades, lo hace en el Audi A8 manejado por Nasser, su asistente saudí, y en el lugar del acto, se encuentra con su traductor personal, Mohammed. Para los movimientos cotidianos, está Sulaimán, hindú, al volante de una camioneta Audi A6. En la casa, trabajan tres filipinas, Cherry, Merlhyn y Rehyma, que se ocupan de la cocina y de la limpieza, pero sólo hasta las cinco de la tarde. Luego, como en una casa común, todo queda a cargo de quienes la habitan.

Cuando toca salir a cenar afuera, uno de los lugares preferidos es La Petite Maison, uno de los mejores restaurantes y otro lugar donde uno pierde la noción de dónde está. En este caso, podría ser París. Más si se va y se viene en su Rolls Royce color blanco perlado, inundado por un momento por la cumbia villera, en una contradicción que le genera carcajadas a Diego. Compartir una cena con él en ese restaurante es degustar la mejor cocina francesa, de comprobar con qué respeto le piden sacarse una foto y una oportunidad de escuchar una frase que lo define: "Hoy por hoy, ¿dónde voy a estar mejor que acá?".

Pero esa comida fue después de la maratón, como celebración por el resultado, y la maratón todavía estaba en pleno desarrollo.

Una señal de alerta fue un dolor izquierdo, al pasar los 28 km. Desapareció rápido. Otra, un reflejo de calambre al pasar los 37 km, en los gemelos. Se aflojaron enseguida. A esas alturas, claro, el ganador hacía rato que había llegado: una vez más me tocó correr detrás de un récord del mundo, esta vez junior, del etíope Tsegaye Mekkonen Asefa, en 2h4 m32s.

Una fuerza que me surgió no sé muy bien de dónde, o sí, me impulsó después del fugaz muro, que recién apareció en el 40 km en forma de leve ahogo. Aceleré y llegué a ritmo de media maratón a la última curva, el apéndice de Umm Suqueim Road hacia la derecha. Delante, a sólo doscientos metros, el arco de llegada. A los costados, dos tribunas colmadas. Aceleré y me alcanzó la energía para arengar con los brazos extendidos, las palmas hacia el cielo, ya sin ninguna bruma. Me reí y alcancé a escuchar, tras tanto "Well done" y "Good job", que también decían "He is happy". Sí. Crucé la meta en 3 horas 43 minutos y 18 segundos, a 5'17 por cada kilómetro, media hora más rápido que en la maratón debut, en Berlín.

En mi pecho, otro sueño cumplido. En mi espalda, sobre la camiseta de la selección argentina, la dedicatoria que Maradona había estampado sobre su autógrafo, un día antes de la carrera: "Ya ganaste".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.