Una noche de locura en L.A.

En la entrega de los Oscar, los nervios se crispan. Pero el verdadero disloque se produce durante las semanas previas a la gran ceremonia
En la entrega de los Oscar, los nervios se crispan. Pero el verdadero disloque se produce durante las semanas previas a la gran ceremonia
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19 de marzo de 2000  

En un día cualquiera, Los Angeles, bajo una pátina de sol, smog y superficialidad, se mueve torpemente al filo de la navaja del pánico, de la frustración y otros síntomas tan característicos de las junglas urbanas. Y cualquier día de la semana anterior a la noche de los Oscar se hunde completamente a pique en dicho estado. La ciudad se vuelve auténticamente loca.

En toda la ciudad, diseñadores, estilistas, modistas, expertos maquilladores, trabajan contra reloj para solucionar las necesidades de las estrellas, que mientras tanto han salido en busca de bronceadores, bloqueadores, antidepresivos e inyecciones de colágeno para lucir bien a último momento.

Si usted estima la magnitud de la pre-Oscarmanía, puede estar seguro de que Richard Riordan, alcalde de Los Angeles, no. La ciudad es reforzada con una cuidadosa estrategia para evitar potenciales catástrofes que pueden ir desde un atascamiento de limousinas hasta el acecho a celebridades y de la histeria de la multitud al terrorismo oportunista.

Hoteles y limos

Las suites favoritas de los mejores hoteles de L.A. ya están reservadas desde un año antes. Los que se enorgullecen por sus buenos dividendos se inclinan tanto por el viejo y rancio esplendor del Château Marmont como por el muy publicitado falso retro The Standard o el muy actual de mediados de siglo Avalon Hotel. El Sunset Marquis, con servicio europeo, es el preferido, sí... de los europeos y también de los rockeros. El Four Seasons de Doheny Drive ha sido durante años el centro de los diseñadores de moda.

Cuando llega el día del Oscar, los hoteles están en estado de alerta roja con diseñadores, peinadores, joyeros, estilistas y agentes, corriendo por las recepciones mientras entran los huéspedes. Entre las 12.30 y las 14, el servicio se ve atascado con llamados de las celebridades que necesitan alimentarse antes de comenzar el largo trayecto que va del día a la noche.

Se debe duplicar el personal de cocina al igual que los asistentes y valets.

Las recepciones se ven colmadas de bouquets de flores y de enormes canastas de rosas. Las fuerzas de seguridad se cuadriplican y afuera, en la calle, frente a cada hotel, los carteles de no estacionar son quitados, de manera que el personal pueda ordenar la flotilla de limousinas que se alinean para dirigirse hacia la fama y la fortuna.

Respecto a limousinas, sedanes y todo tipo de autos, Los Angeles es la capital mundial, pero la semana anterior a la noche del Oscar, su número se triplica. Se solicita refuerzo de Rolls, Benz, Navigators, Lincoln y Hummer a San Diego, Orange y Santa Bárbara.

Se producen disputas por la elección del color adecuado. En general, el negro es el más solicitado, aunque los rockeros prefieren el ostentoso blanco. Además, el bar tiene que estar bien equipado con ciertas marcas de licor y el reproductor de CD con determinados temas musicales. También, algunas estrellas solicitan choferes específicos o de ciertas características. Un astro insistió en que el conductor de la limo debía ser del estilo mayordomo inglés y con el mismo uniforme que Alfred en las películas de Batman.

Muchas cosas desagradables suceden cuando la gente está bajo tanta presión. "Nuestros conductores, por supuesto, también han visto relaciones sexuales entre tres y cuatro personas mientras se dirigían a la ceremonia, mucho consumo de droga y no se pueden imaginar las cosas que caen de las carteras y los bolsillos de estas estrellas", cuenta un ex representante de una importante empresa de limusinas.

Vestidos, peinados

En 1997 estaba programado que Kim Basinger concurriera con un fabuloso vestido hecho en París, por Balenciaga, para ella. ¿El costo? 17.000 dólares, pero luego de que los modistas trabajaran sin parar para finalizarlo a tiempo, Basinger optó por no asistir a la ceremonia. Tales incidentes sugieren el porqué los diseñadores pueden estar enloquecidos en el período pre-Oscar.

Durante las semanas previas, los principales diseñadores, Prada, Guc- ci, Valentino Armani..., se acercan a estrellas y estrellitas con premios que van desde maravillosas flores hasta pasajes en primera clase, a Europa, para que lleven sus marcas.

Pero no todos tienen modistos cargados con alta costura golpeando a sus puertas. En realidad, Hollywood está llena de gente común que se desespera por vivir el glamour de esa noche. ¿Qué hace esa gente? Van a negocios como Barney, que se sabe posee un equipo para calmar el nerviosismo del momento y expertos en elegancia y halagos. Allí, una prenda puede ser adquirida por bastante menos de 1000 dólares (hasta Julia Roberts se compró un prêt à porter rosa para un estreno).

En cuanto a las joyas, hoy la competencia entre Winston, Bulgari, Van Cleef & Arpels, es algo serio. Van Cleef & Arpels directamente regala a cada nominada un exquisito collar. ¿Soborno? No, sólo persuasión amistosa. Winston, en cambio, piensa: "Si le damos a alguien una joya, queremos asegurarnos de que sea alguien que va a ser fotografiado". Pero los cielos favorecen a la estrella que es la presentadora.

El año último, Whoopi Goldberg subió al escenario llevando 30 millones en piezas que incluían una pulsera de diamantes de un millón, aros de 750.000 y un anillo de 15 millones de dólares.

Salones de belleza

Las reservas de turnos en casi todos los salones de belleza están agotada. Una vez que se conocen las nominaciones, John Barrett está totalmente solicitado y todos los años, desde hace cuatro, deja a su clientela habitual en Nueva York para volar a L.A. la semana anterior a la gran noche. Ese día, desde las 15, va de hotel en hotel o a casas particulares,peinando a las estrellas, dedicándoles una hora a cada una. Barrett conoce lo suficiente de la locura de estos días como para poder dar consejos al respecto: "Recomiendo arreglos simples, porque ese día es muy largo. Las estrellas parten a las 15 y continúan siendo fotografiadas a las 2 de la mañana. El día del Oscar es como su día de bodas."

En cuanto a los spa, a los que las estrellas concurren durante todo el año, guardan secreto absoluto sobre quiénes se someten a los distintos tratamientos de belleza, pero todo el mundo se los hace. En Aida Thibiant, en Beverly Hills, los tratamientos faciales con colágeno más solicitados, que suavizan e iluminan la piel, cuestan US$ 90 y el pulido corporal (Tahitian Body Scrub) -que deja la espalda, brazos y escote suaves-, US$ 125. Los asistentes al Oscar también transitan por el spa del Península Hotel, especialmente para masajes suecos (US$ 95) y para arreglarse las uñas, que seguramente serán mordidas antes que la noche finalice.

Salones

Cualquiera que mire la cobertura televisiva sabe que las fiestas se han convertido en algo tan trascendental y extravagante como el mismo show. El propio baile de la Academia y la justificablemente famosa soirée del Vanity Fair son acontecimientos por los que la gente prácticamente mataría para entrar, pero nadie puede acercarse sin invitación.

Un tema muy importante en todas las fiestas previas y en la misma del Oscar, en los últimos años, son las bolsitas que se dan. Todos los proveedores de productos dirigidos a consumidores de alto nivel quieren que la elite de Hollywood los conozca y las bolsas con sus regalos son un poderoso elemento de marketing.

"La gente se apretuja para obtener una a la salida. He sabido de personas que partieron de la fiesta y luego regresaron porque se habían olvidado de retirarla", dice el director de una compañía organizadora.

El contenido de la canasta de este año es absolutamente confidencial, pero en años anteriores se incluyeron copas de cristal para champagne, lapiceras Waterman, grandes cajas de chocolate Godiva, relojes Tag Heuer y cámaras Nikon.

Seguridad

Los semáforos de los principales recorridos que conducen al evento han sido estratégicamente regulados por técnicos en alta tecnología, el centro de tránsito computado se parece a los laboratorios espaciales de la NASA. Las fuerzas de la ley trabajan durante semanas en equipo con la Academia para monitorear amenazas telefónicas, cartas y mails, para estar listos en caso de situaciones potencialmente peligrosas.

Especial atención se presta a los fans. Entre los entusiastas inocentes pueden filtrarse dementes. Algunas estrellas contratan sus propios guardaespaldas. Ron Williams, uno de los que también brindó seguridad a presidentes, dignatarios extranjeros y al Papa, comenta: "El problema con los premios de la Academia es que las estrellas desean mostrarse y esto hace que sea difícil brindarles protección. Yo me preparo para potenciales emergencias averiguando cómo llegar al hospital más cercano y teniendo una vía de escape alternativa. También tengo un auto guardado en las cercanías".

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