Una nueva generación en diseño

Las fronteras entre sectas urbanas se diluyen en una tendencia incipiente, alimentada por los medios masivos y globales, en la que reinan el remix y la personalización
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27 de octubre de 2000  

Tres chicos de unos veinte años viajan en asientos separados en un colectivo. Usan remeras con alguna marca distintiva de diseño, pantalones holgados con bolsillos anchos a la altura de las rodillas, zapatillas aerodinámicas como autos. Van abstraídos en el mundo paralelo que les proveen sus walkmans. Al llegar a Retiro, se juntan en la puerta del colectivo y, tal vez retomando una charla interrumpida al subir, bajan los tres.

La escena no indica nada en particular, salvo que quiera leérsela como signo. En este sentido, lo que más puede llamar la atención al observador es que ciertas características externas comunes revelen, finalmente, la existencia de lazos interpersonales entre los protagonistas. "Dime cómo te vistes y te diré con quién andas", podría reformularse el refrán.

Pero no. Lo que esos chicos parecen compartir ante todo no es la edad, y ni siquiera el hecho de que sus prendas sigan una línea común de diseño, sino el modo particular en que se apropian de esa indumentaria. Así usada, se trata de un código escogido a conciencia para manifestar actitudes, comportamientos, formas de pensar; también, la pertenencia a un grupo, a la vez que la necesidad de particularizarse dentro de ese grupo. En definitiva, se medita sobre su uso, lo que implica no ya un plegarse a los dictados de la moda industrializada, sino consumir diseño.

Desde siempre, los adolescentes y otros grupos marginales a los diversos sistemas buscan generar sus propios modelos. De esas márgenes surge la cultura alternativa, donde la indumentaria actúa como un lenguaje más de expresión de lo diferente, lo contestatario, lo nuevo.

Al margen de la moda

Las llamadas tribus urbanas -punks, raperos, ravers, hippies, modernos, etcétera- son un ejemplo preciso de fusión entre estética y ética alternativa. A pesar de la amplitud del concepto, las tribus podrían definirse como grupos de jóvenes cuya identificación con una ideología se traduce en muy concretos códigos vestimentarios, lingüísticos, musicales, etcétera. Configuradas a partir de los movimientos contraculturales de los años sesenta, las tribus se sostuvieron como grupos cerrados hasta mediados de la última década.

Desde hace un lustro, sin embargo, esta relación entre grupos marginales y consumo de diseño de indumentaria comenzó a ampliarse. Paulatinamente, está constituyendo una tendencia que engloba a un público más heterogéneo, dentro de un espectro que, si bien se concentra en la gente joven (digamos, desde la adolescencia hasta los 40 años), también está tentando a algunos adultos mayores.

Parece haber dos causas principales de este fenómeno. Por un lado, las propias tribus comienzan a perder el carácter de grupos cerrados, y esto, en parte, por el progresivo debilitamiento ideológico que se perfila en las últimas décadas, vagamente llamadas posmodernas. Gustavo Lento (de la marca Esteoeste, Dos Argentinos), ofrece un ejemplo:"El rapero de hoy tiene una identidad visual del rap, pero es probable que no tenga idea de qué es el rap ni cuál es su origen. No digo que las tribus hayan desaparecido del todo, pero creo que es un concepto que ya no tiene sustento. En todo caso, hay una gran tribu con subgrupos no muy claros". A lo que agrega Marcelo Ortega (de la marca Unmo): "Hay más paz, más tolerancia entre las tribus. Eso se ve en la Bond Street".

Por otro lado, la información penetra cada vez con mayor agresividad a través de diversos canales de difusión masiva. Como dice Nadine Zlotogora (de la marca Nadine Z):"Antes había un público de iniciados en el diseño que se informaba por medio de revistas, pero todo cambió desde que existen MTV e Internet. Por eso hoy lo que se vende en las galerías Bond Street o Quinta Avenida se ve con más frecuencia en la calle". Ymatiza Ortega: "La mayoría nos sentimos ciudadanos del mundo. Ya no hay banderitas. Internet es como un país enorme donde se hablan todos los idiomas. Pero al mismo tiempo tenés el caso de la MTV latinoamericana, que tiene una identidad cada vez más propia, diferente de la yanqui, por ejemplo".

Valeria Gariglio (de las marcas Gen y Velvet) aclara:"El diseñador de hoy sabe que trabaja para un público sobreinformado. Nuestra propuesta es ver qué le va a cada cliente según el estilo de cada diseñador. Creo que más allá de los límites de las tribus, la tendencia actual de los jóvenes es buscar un estilo más personal, que incluso los haga brillar dentro de esos grupos. Ahora hasta los adolescentes son más libres para vestirse. No siguen tanto las referencias de modelos o ídolos". Yagrega Zlotogora:"Hoy las barreras entre estilos - street , dark , romántico, etcétera- es mucho menor. Y por otra parte, hay más consumidores que buscan la cosa rarita, la prenda única, lo exclusivo. Cada vez más, también la gente con poder adquisitivo busca el diseño no masivo". Por su parte, Prisl (de la marca Prisl) arriesga una hipótesis: "Ahora todo está tan trasheado , tan mezclado, que es difícil analizarlo. Quizá por eso se impuso esa idea de experimentar, de hacer en pequeña escala".

La socióloga Susana Saulquin hace una lectura de este fenómeno dentro de un cambio cultural y social mucho más amplio: el paso de la sociedad industrial -de estructura vertical, producción seriada y masiva- a la sociedad cibernética, en la que prima la horizontalidad, la dispersión de los centros de poder, una mayor autonomía y libertad.

Lo global y lo local

No todo, sin embargo, se produce en forma tan libre e innovadora. Dice Gustavo Lento: "Los diseñadores chicos producen desde la creencia en una ideología, desde un espacio cultural, en un proceso de acción sobre la imagen. Crean por la necesidad de romper con un modelo operativo generalmente impuesto por las grandes marcas. Igualmente, estas marcas generan megatendencias a las que los diseñadores chicos tienen que prenderse para sobrevivir. Si no, se te cae el boliche".

En definitiva, mientras se produce una cada vez mayor individualización del consumidor dentro del eclecticismo reinante, hay ciertos códigos que se han generalizado como fundamentos del nuevo diseño: la ropa unisex, que se toca con la imagen andrógina; el código vestimentario deportivo (va desde el uso de zapatillas y zapatos-zapatillas, remeras y pantalones más cómodos, hasta, por ejemplo, las tres franjas de Adidas usadas como ornamento; todo en función de una mayor practicidad y funcionalidad); la atemporalidad (la idea de temporada está en decadencia, las colecciones van por año y no ya por estación, y la gente tiende a usar cada vez más una ropa adaptable a diversos climas); y la funcionalidad (que se confunde con el código deportivo, pero se extiende también a prendas de diseño más formal). Saulquin, autora de La moda, después , un libro que disparó más de una controversia por la audacia de sus predicciones, sostiene que para el 2020 este profundo cambio en los hábitos vestimentarios se habrá consolidado definitivamente. Una de sus hipótesis más arriesgadas -y poéticas- es que la ropa ya no señalará afinidades de edad, sexo o profesión, sino de personalidad. "Va a ser más fácil identificar a las personas por modos de ser que por cualquier otra determinante exterior o formal", asegura. Sin embargo, hace una aclaración significativa: "No está desapareciendo la homogeneización de los objetos (las prendas), sino que se personalizan esos objetos a partir de diseños básicos. Esto ocurre en el marco de una sociedad globalizada, que tiende cada vez más al localismo a partir de esa base global".

Lento propone una fórmula que resumiría la práctica de los nuevos diseñadores independientes: "Pensamos una moda no copiada, actualizada para nuestra cultura". Yremata: "Sin duda, dentro de este cambio paulatino hacia el consumo de diseño, el desafío para el diseñador de hoy es aumentar la capacidad de observación. Más que mirar a las tribus, tiene que crear lo que el otro necesita. Es precisamente esto lo que hace que el diseño como lenguaje esté pasando de algo que ancla al usuario en la comunidad a algo que lo particulariza".

Para una etapa no muy lejana quedará la revolución más profunda: la que impondrán los vestidos inteligentes, como la ropa cromática, térmica o bactericida. Las prendas se adaptarán a las necesidades del usuario según cada ocasión, lo que radicalizará las tendencias generales que hoy ya son visibles. A no dudarlo: la nueva era recién empieza.

Cruce de bandos

Es cierto. La vida de una tribu urbana es cada vez más corta. Lo que hasta hace dos años era materia de culto de unos pocos (como la música electrónica) hoy convoca a miles (como la rave primaveral que ocupó el Rosedal).

La indumentaria es uno de los signos que hablan de la comunión de bandos en la noche porteña. Basta con poner un pie en las fiestas de la Ideal, por ejemplo, para comprobar que este cruce es cierto. Así lo dicen los zapatitos dorados de esa chica, que baila al lado de aquella otra, la del par de zapatillas con las tres tiras. Y lo ratifica Pablo Simón, que justamente eligió este lugar para montar su "boutique social" de trasnoche: "En el 2000, la onda es de convivencia mutua y en L´Ideal Party conviven travestis con chicos Bond Street".

Este diseñador de prendas sofisticadas -"las que combinan diferentes materiales"- , identifica en la noche la presencia del "me visto una sola vez y salgo", una tendencia de indumentaria que ejemplifica con el uso de una buena pollerita con zapatillas cómodas -que sirve para varias ocasiones- y el prêt-à-porter desalineado, en los hombres".

Sin embargo, en la mítica confitería de Suipacha al 300 el trenzado de las que fueron llamadas tribus se manifiesta más allá del vestir. Porque si en un principio la pista del primer piso y la de la planta baja diferenciaban al público según sus preferencias sonoras, ahora generan un juego de sube y baja entre el dance y la música de los años 80.

Resulta claro, en este último tiempo, que tanto las fiestas multidisciplinarias como las itinerantes (también las que combinan ambas características) concentran cada vez más la atención de los noctámbulos. Este ir y venir de un ámbito a otro -aun cuando el movimiento sucede dentro de un mismo espacio-, y el interés o curiosidad que genera todo aquello que aparece como nuevo o desconocido, entrelaza a grupos de jóvenes con diferentes gustos, comportamientos, actitudes.

De la tribu, para todos

Rodrigo lleva pantalones holgados, de tiro bajo; zapatillas de horma ancha -esas de capellada reforzada y lengüeta super acolchada- y una remera deportiva. Hasta hace un par de años, sólo con apreciar su look habría bastado para decir que él es un skater. Pero si hoy no llevara, además, una tabla con rueditas bajo el brazo bien podría ser uno más de los tantos que eligieron como propio este tipo de vestimenta.

Este es sólo un ejemplo, sabido e instalado, de la adopción masiva de un tipo de indumentaria que se diseñó para una tribu urbana en particular, según sus necesidades funcionales (la ropa amplia, en este caso, permite que los skaters puedan desatar sus piernas en cada salto, sin ataduras). Pero la referencia basta para demostrar cómo en poco tiempo lo raro puede convertirse en usual .

"Cuando la gente ve algo nuevo, lo rechaza; después lo mira bien, empieza a gustarle y lo incorpora", dice Rodrigo Barros Hurtado, presidente de la Federación Argentina de Skateboard, y para avalar esta tendencia señala: "Hay ejecutivas que visten pantalones de traje, pero tipo cargo, con bolsillos a los costados".

Fuera del círculo de deportistas, el resultado comercial de estos diseños nacidos para servir a los skaters no hace más que generar demanda. "¿Te acordás de esa publicidad de pantalones Calvin Klein donde al modelo se le veía la raya de la cola? -insiste Barros Hurtado-. Así como con la música y otros códigos, el skateboard es un tremendo generador de tendencias: de él salió la ropa ancha y el calzado de este tipo es el más vendido en Estados Unidos".

Algunos lugares

Centro

Diseñadores del Bajo. Florida 971, 1er. piso.

Galería Bond Street. Av. Santa Fe 1670.

Galería Quinta Avenida. Av. Santa Fe casi esquina Talcahuano.

Marcelo Ríos. Av. Santa Fe 1780, piso 12, oficina 08. 4811-0727.

Palermo

Esteoeste, Dos Argentinos. Borges 2189. 4833-5776.

Juana de Arco. El Salvador 4762. 4833-1621.

Salsipuedes. Honduras 4814. Marcas varias.

Bacano. Armenia 1544. 4831-3564.

Fortunata Alegría. Malabia 1619. 4833-0614.

Boutique Nómade, de Caro Sosa. 4833-7598. (itinerante).

Latina. El Salvador 4865.

Sol Suide. Honduras 4944. 4832-4092.

Salamanca. Pasaje Santa Rosa 5038. 4832-3666.

Volcánica. J. Alvarez 1302. 4831-7787.

Otros lugares

Diseñadores 2000. Local de los ganadores del concurso. Paseo Alcorta, 2º piso.

Belleza y Felicidad. Acuña de Figueroa 900. 4867-0073.

Milion. Paraná 1048. 4815-9925.

Sonoridad Amarilla. Fitz Roy 1973.

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