Una solución fallida cuando la depresión acecha o el amor falta

Any Krieger
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30 de noviembre de 2013  

Hay un nuevo paradigma social, donde hay que pensar al cuerpo como un nuevo dios. Nuestra época esta centrada en lo ilimitado, en la falta de prohibiciones. Y las peores consecuencias están saliendo a la luz. La crisis de la autoridad, la caída del lugar del padre que encarnaba dicha autoridad conlleva a la violencia y a las adicciones como nuevos síntomas sociales.

Asistimos a una verdadera adicción generalizada, porque ya no son sólo los tóxicos y el alcohol, sino que contamos con los adictos al celular, a la televisión, a Internet, al juego, a la comida, al sexo, al trabajo y a las cirugías plásticas, como una nueva modalidad de convivir en la sociedad de consumo.

El mercado nos bombardea, el consumo sobrevuela todos los aspectos de la vida y la oferta diaria que deambula por la TV vende la ilusión del cuerpo perfecto, donde subyace la idea de la felicidad.

El sujeto compra, entrega su cuerpo una y otra vez, y acude al quirófano con la fantasía de que, al fin esta vez, encontrará allí la imagen completa que anhela. Y el sufrimiento cesará.

Pero el objetivo deseado, y la supuesta plenitud, dura poco, se diluye, falla. Y entonces llega un nuevo intento, un nuevo encuentro prometedor con el bisturí. Hoy, el concepto de belleza contemporánea se asocia con cuerpos y rostros intervenidos por el Bótox y las intervenciones quirúrgicas. Y a esto se lo llama "belleza responsable", que se enfrenta a la belleza natural que traemos desde el nacimiento. Aquellos individuos que hacen un pacto con el bisturí se sienten obligados a ser bellos. Son personas que desconocen los riesgos en su frenética búsqueda de una imagen imposible, ya que se encuentran afectados por una dictadura de la imagen, que será siempre inalcanzable. Como la metáfora del burro con la zanahoria delante...

El bisturí es una solución fallida cuando la depresión acecha o cuando el amor se ausenta. El individuo de la era global está desamparado por la pérdida de las representaciones de la autoridad que, a su vez, lo empujan a una infantilización generalizada que trata de conseguir la juventud eterna.

La inquietud comienza en la adolescencia, cuando las quinceañeras piden pasar por el bisturí como un ritual, antes de ir a Disney. Demás está decir que no sólo las mujeres padecen de esta tortura, puesto que todos los días se agrega el sexo masculino al fatídico conjunto.

La terapia psicoanalítica es una herramienta fundamental para el cirujano, que debe trabajar con un gabinete psicológico, detectar el trastorno y ayudar al paciente.

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