Vandana Shiva en Argentina: la revolución de cuidar las semillas

Vandana Shiva entrevistada por Soledad Barruti.
Vandana Shiva entrevistada por Soledad Barruti.
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8 de junio de 2016  • 08:47

En el marco del festival de cine ambiental FINCA, y con el apoyo de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Medicina de la UBA, ayer estuve en el aula magna para escuchar la entrevista pública que le hizo la periodista Soledad Barruti a Vandana Shiva. Ante un auditorio colmado, la activista del ecofeminismo, creadora de la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, habló sobre su vida y la causa que la moviliza a recorrer el planeta para defender la naturaleza.

Vandana Shiva es filósofa y escritora. Nació en los Himalayas, en Dehradun, India, y tuvo la suerte de criarse dentro de una familia que la incentivó a desarrollarse a nivel intelectual. Recuerda el impacto que le provocó leer un libro de Einstein, lo que la llevó años más tarde a elegir el estudio de la Física. Siempre estuvo vinculada a la tierra, al campo, por eso entendió pronto el valor de los árboles y los bosques.

-En los 70 me uní a un movimiento de mujeres que abrazaban árboles para que no fueran derribados, "Chipko", que significa abrazar. De ese hecho aprendí que abrazar árboles puede ser una herramienta primordial para evitar la destrucción. De mis hermanos y compañeros del Himalaya aprendí sobre biodiversidad, plantas y bosques, más que de los expertos. Aprendí a respetar los conocimientos de los nativos que no habían ido a la universidad pero sabían de la tierra, y el poder de trabajar juntos.

En 1984 hubo un desastre, una fuga química en Bhopal, con más de 3 mil personas muertas y niños que nacieron con deformaciones, las consecuencias son visibles al día de hoy. En esa misma época se levantaron plantas químicas en nombre de la Revolución verde, que, dice Vandana, "de revolución y de verde no tenían nada. Se decía que traería prosperidad pero no hubo paz, se decía que producirían muchos alimentos, la realidad es que provocaban más enfermedades".

Ese hecho la convenció para involucrarse y empezar a escribir sobre el tema, "La violencia de la Revolución Verde" denuncia y adopta una posición frente a un modelo industrial que busca generar ganancias sin tener en cuenta los daños que causa el agronegocio. El patentamiento intelectual de las semillas genéticamente modificadas es solo una parte del sistema perverso, que se apropia de lo que fue siempre de la tierra y de los agricultores.

Ante la pregunta de Barruti, sobre si es posible que convivan ambos modelos, el agronegocio y la agricultura familiar, ella considera que la agricultura industrial es ineficiente a todos los niveles, que utiliza demasiada energía y recursos económicos (utiliza más insumos de lo que necesita para producir). Además requiere subsidios, en los que se gastan miles de millones de dólares. "La idea de coexistencia es hermosa si pensamos en el campo, el maíz y el trigo, las culturas pueden coexistir, pero no puede coexistir lo orgánico con lo trasgénico, sería un fraude científico. La promoción de GMO significa negar a la agricultura orgánica".

La multinacional Monsanto está presente como un fantasma en la charla. Ella dice que el poder es tan grande que muchas familias dañadas fueron demandadas por la empresa cuando quisieron detenerlos. No hay manera de sobrevivan los pequeños productores, porque Roundup (su herbicida más conocido, que contiene Glifosato) está elaborado para matar. Y ahora que su nombre está tan cuestionado, es probable que lo cambien para seguir existiendo.

Gran parte de la violencia que se vive en este momento, la filósofa se lo adjudica a la manera en que se produce la tierra. Afirma que la agricultura industrial significa guerra. No es exagerado, cuenta que todo agrotóxico tiene raíces en los químicos que se usaron en la guerra. "En Alemania, los gases de las cámaras de gas, tienen la misma naturaleza que los fosfatos que se usaron para los cultivos. Los fertilizantes sintéticos vienen de las fábricas de explosivos. Hay muchas bombas hechas de fertilizantes".

Pero la violencia es también mental, es cómo nos hacen pensar sobre el planeta y la diversidad.

"Nos hacen creer que cada insecto es una plaga y hay que matarla, que cada planta que no genera ganancias, es una maleza. Que el pequeño agricultor es un enemigo para eliminar".

Tanta violencia en zonas como Siria o Nigeria, que causan millones de muertes y desastres ecológicos, debe frenarse, pero de una manera pacífica. Eso es lo que vino a proclamar Vandana Shiva. Que debemos parar la guerra contra la tierra porque la tierra significa vida. Y el ecofeminismo implica detener la violencia, en especial contra las mujeres, a las que el sistema considera en ocasiones pasivas, y por lo tanto, innecesarias, para poder desarrollar toda la creatividad de la que somos capaces.

"Hablamos de agroecología, hablamos de paz en todos los niveles. El ecofeminismo es reconocer la creatividad, explicar lo que destruye, lo que promueven la guerra, y construir la paz que necesitamos. No es juzgar a los hombres, porque ellos también deben liberarse de un sistema patriarcal. Es construir juntos los hombres y mujeres".

Lo cita a Gandhi, y remarca que siendo hombre decía: "hazme más femenino, más compasivo, más pacífico, menos violento".

Para que exista un cambio, se debe acompañar desde la ciencia. ¿Pero qué sucede cuando la idea sobre ella está intervenida por los intereses comerciales? ¿Cómo se puede modificar?, pregunta Soledad Barruti.

La respuesta es clara. "La ciencia significa saber, desde su raíz latina. Todos los que saben son científicos, en estos términos. La ciencia fue definida como un conjunto de conocimientos objetivos a partir de la Revolución Industrial. Se dejó en manos de las empresas la responsabilidad de definir la verdadera ciencia". Por eso Vandana Shiva dice que este es el momento para plantarse y oponerse a la propaganda que se vende como ciencia verdadera, aprovechar la conjunción de los conocimientos milenarios con las ciencias de la ecología permitirá salir de la prisión y el reduccionismo de la ciencia mecanicista.

La transmisión de saberes es necesario. Por eso fundó la Universidad de la Tierra en Navdanya. en donde enseñan sobre agroecología, biodiversidad y y arman una red de productores y cuidadores de semillas orgánicas que se reparten a través de dieciocho estados en la India.

Hace 30 años que esta mujer admirable trabaja por la soberanía de las semillas y la biodiversidad, y es consciente del poder de regeneración que posee la tierra. En realidad, somos nosotros como raza los que, con nuestros actos, amenazamos la propia supervivencia. Menciona como ejemplo el caso de la soja en Argentina, y no lo mide en rinde por hectárea, sino en nivel de nutrición, porque mayor ganancia no implica mayor salud.

"Un sistema que transforma los alimentos en veneno puede ser eficiente en términos de ganancias pero es un desastre si hablamos de la tierra. Somos ciudadanos de la tierra y ella nos da todo lo que necesitamos. Nuestro deber es trabajar por el suelo y reabastecerlo por la biodiversidad".

Vandana Shiva en acción. Foto: LatinStock
Vandana Shiva en acción. Foto: LatinStock

Pueden conocer más sobre Vandana Shiva, ganadora del premio Nobel Alternativo de la Paz en 1993, y ver algunas de sus charlas en diferentes eventos.

La tercera edición del festival FINCA termina mañana, no se pierdan la posibilidad de ver películas sobre temas sociales y ambientales.

Les mando un abrazo.

Me encuentran en kariuenverde@gmail.com

Kariu

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