Veinte años no es nada (si sos varón)

Mercedes Funes
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31 de agosto de 2019  

No humilles al tipo. Como si la mujer de su adversario fuera un auto o un par de zapatillas gastadas, como si, en medio del incendio, se detuviera para comparar posesiones y medir fuerzas. La casa se quema, el país se quema, pero mi mujer es más sexy y más joven que la tuya, o directamente: más joven, que es como entendemos que es ser sexy en Occidente, un poco por naturaleza y bastante por cultura. Como si su esposa fuera algo de su propiedad, un modelo de rodado más nuevo que eventualmente también podrá cambiar para que no se deprecie con el paso el tiempo. La mayor parte de nosotros sería hoy incapaz de reírse hasta en privado de este chiste del que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, participó en su muro de Facebook, con la conciencia absoluta de que daría la vuelta al mundo: " Ahora entienden por qué Macron persigue a Bolsonaro -escribió un usuario junto a las fotos de Michelle Bolsonaro (37) y Brigitte Trogneux (66)-. Apuesto a que son los celos de Macron". "Jajajaja. No humilles al tipo".

Hace unos meses, varios también tildaron de sexista a un comentario mucho más amable de Donald Trump sobre Trogneux. "Estás en forma", le dijo el presidente de los Estados Unidos a la primera dama francesa, y después, se volvió a Macrón: "Está en forma, es divina". ¿Casualidad? La diferencia de edad entre los Macron es idéntica a la que Donald Trump y Jair Bolsonaro les llevan a Melania y Michelle, respectivamente.

Enfocarse en la diferencia de edad es cosa de Bolsonaro, Trump y otros trogloditas más o menos poderosos. Pero la historia de cómo se conocieron Emmanuelle y Brigitte Macron puede resultar algo inquietante para todos. El año pasado, ella le confirmó a Paris Match que la primera vez que Emmanuelle le propuso casamiento, tenía 17 años. También el documental Brigitte Macron: una novela francesa cuenta la difícil historia de amor de la profesora de teatro y su brillante alumno de quince años. ¿Me atrevería a nombrar livianamente como tal a la historia de amor entre un maestro de más de cuarenta años y una quinceañera? El documental, que se emitió por primera vez el año pasado, con alta audiencia, cuenta el momento en que los padres del hoy presidente francés lo mandaron a estudiar a París y le exigieron a Brigitte que no volviera a verlo hasta que cumpliera dieciocho años. "No puedo prometerles nada", habría dicho ella. "Nadie nunca va a saber en qué momento empezó nuestra historia. Eso nos pertenece: es nuestro secreto".

Brigitte Trogneaux es la primera dama más popular de la historia de Francia: habla bien, es positiva, cálida, y se muestra enamorada de su marido. Parece considerar a su historia de amor como un signo de empoderamiento y modernidad. Macron también suena razonable cuando dice: "Si fuera veinte años mayor que mi mujer, nadie cuestionaría la legitimidad de nuestra relación. Pero como es mi mujer la que me lleva veinte años, a la gente le parece que está mal".

¿Somos poco feministas o demasiado patriarcales si el detalle de las circunstancias en las que se conoció la pareja presidencial gala nos inquieta? No lo sé, pero celebrar que las mujeres se apropien de algunas conductas aceptadas en los hombres es muy distinto de promover el abuso. Brigitte dice que él no era un adolescente, y que la suya fue desde el principio una relación consentida entre adultos. ¿Le dejaríamos pasar esa afirmación a un señor? ¿Seríamos igual de considerados y modernos si el profesor hubiese sido Macron? Claro que eso no habilita las críticas misóginas de Bolsonaro, ni de nadie, que como dijo Macrón, fueron "extraordinariamente ofensivas" para con su mujer. Quizá podemos hacernos cargo de ese ruido, sin dejar de lado que es una relación legitimada por los resultados, y que más allá de las dudas que podamos tener sobre su origen, hoy es entre dos adultos. Confesión final: admito que escribo esta columna con culpa, y es que me parece más puritano indagar en la cama de Macrón que en la del "viejo verde" de Bolsonaro.

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