Viaje a Praga: qué hacer, qué comer y dónde dormir

Crédito: Gentileza Verónica Parera
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13 de mayo de 2019  • 17:04

Llegué a Praga en pleno invierno con mi esposo, con toda nuestra vida en cuatro valijas y un contrato de trabajo como única certeza. No conocía República Checa más que por fotos, fotos que hoy vuelvo a mirar y juro que no le hacen justicia a su belleza en absoluto.

Una de las características más atrapantes de la ciudad es su arquitectura, que mezcla el art nouveau y el art déco, perfectamente conservada y armoniosa en colores pasteles
Una de las características más atrapantes de la ciudad es su arquitectura, que mezcla el art nouveau y el art déco, perfectamente conservada y armoniosa en colores pasteles Crédito: Shutterstock

Era enero y la ciudad estaba cubierta de nieve, pero los -13 grados no nos impidieron salir emocionados a descubrir nuestra nueva casa, en la que nos quedaríamos por los siguientes dos años, porque, como bien dijo Kafka, "Praga te atrapa, te envuelve en su abrazo y luego se niega a dejarte marchar". Catalogada como una de las ciudades más lindas de Europa, no creo que nadie se atreva a refutar ese título después de conocerla, porque Praga tiene todo lo necesario para dejarte sin aliento.

Crédito: Gentileza Verónica Parera

Una de las características más atrapantes de la ciudad es su arquitectura, que mezcla el art nouveau y el art déco, perfectamente conservada y armoniosa en colores pasteles. Mires a donde mires, parece como si estuvieras en un escenario de película. De hecho, es muy común ir paseando y encontrarte con sets de filmación en plena calle, que no necesitan más que encender la cámara y esconder algún que otro detalle que delata que estamos en la actualidad.

Stare Mesto, el casco antiguo

El famoso reloj astronómico (Staromestský Orloj, en checo), creación del maestro relojero Hanus.s
El famoso reloj astronómico (Staromestský Orloj, en checo), creación del maestro relojero Hanus.s Crédito: Shutterstock

Si bien los medios de transporte funcionan como un relojito suizo, a Praga hay que caminarla. Recorrer el casco histórico con sus calles de adoquines laberínticos y llegar hasta la plaza vieja, rodeada de torres, iglesias, faroles y hasta carruajes. Es tanta belleza junta que parece absurdo.

Uno de los atractivos del casco histórico es el famoso reloj astronómico (Staromestský Orloj, en checo), creación del maestro relojero Hanus. Data del siglo XV y, además de dar la hora, indica las fases lunares, la estación del año, los signos zodiacales y tiene un calendario agrícola que indica la época del año para preparar la tierra, cultivar o cosechar. Cada hora en punto, además, ofrece un espectáculo en el cual desfilan los 12 apóstoles mientras también hacen lo suyo cuatro figuras: la Avaricia, la Vanidad, la Lujuria y la Muerte, representada con un esqueleto que toca una campana y nos recuerda que tenemos una hora menos de vida. Cuenta la leyenda que el reloj funciona casi a la perfección desde 1490 y que cada vez que se detiene ocurre alguna desgracia. La última vez fue en 2002, cuando una fuerte crecida del río Moldava dejó gran parte de la ciudad inundada.

Josejov, el antiguo gueto judío

Crédito: Gentileza Verónica Parera

Desde la plaza central nace la avenida más exclusiva de Praga, por la que nos sumergimos en el barrio judío Josefov caminando frente a las vidrieras de las boutiques y tiendas de lujo más caras de la capital checa: Gucci, Louis Vuitton, Michael Kors, Dior, Prada; una versión checa de Champs Élysées que, justamente, tiene el nombre de la capital francesa: Parizská.

Josejov permaneció durante años separado del resto de la ciudad por murallas que fueron derribadas en 1850. Si bien fue completamente reformado, aún conserva las sinagogas, el ayuntamiento y el impresionante antiguo cementerio judío.

Según cuenta la leyenda, en el ático de la sinagoga antigua habita el Gólem, mítico personaje defensor del gueto de los ataques antisemitas.

Data útil: si querés visitar las sinagogas, podés sacar una entrada combinada, "Museo Judío de Praga", que incluye la entrada al cementerio y a todas las sinagogas excepto la vieja-nueva, por CZK330 (alrededor de ?12) Se pueden visitar de lunes a viernes y los domingos, de 9 a 16:30 de noviembre a marzo y hasta las 18 de abril a octubre. La entrada a la sinagoga vieja-nueva cuesta CZK220 (alrededor de ?7). Aunque no visites ninguna de estas cosas, igual vale la pena caminar el barrio.

Puentes, castillos y jardines

Crédito: Shutterstock

La ciudad es atravesada por el río Moldava, hay varios puentes hermosos para cruzar de un lado a otro, pero el que se roba todo el protagonismo es nada más y nada menos que el famoso puente de Carlos. El nombre se le atribuye a Carlos IV, quien puso la primera piedra allá por el año 1357. A lo largo del puente nos encontramos con más de 30 estatuas y, por supuesto, varias de ellas tienen mitos y leyendas, que van desde acariciar un perro de bronce para asegurar la fidelidad en la pareja hasta colocar los dedos en unas estrellas que te aseguran un retorno inminente a Praga.

Desde el puente se aprecian imágenes dignas de un cuadro: se ve el Národní Divadlo (Teatro Nacional de Praga), el monte Petrin con una minirréplica de la torre Eiffel francesa y, como frutilla del postre, el imponente castillo de Praga. Al cruzar el puente hacia el lado del castillo, nos encontramos con Mala Strana, o "barrio del castillo", mi favorito. Lleno de restaurantes, embajadas, iglesias y parques.

El castillo es, en realidad, un conjunto de palacios que actualmente funciona como oficina de gobierno. Alberga museos, tiendas, cafés, salas de conciertos y la imponente catedral de San Vitto. La entrada a las zonas más importantes es totalmente gratis y lo mismo después de las 17 para el "callejón del oro", lugar donde antiguamente vivían los alquimistas y trabajadores del castillo (tiempo después, en el número 22 vivió Franz Kafka) y que hoy es una pintoresca callecita cuyas diminutas casas funcionan como tiendas de libros y artesanías.

Data útil: Si podés, visitá el castillo de día y de noche, cuando todo se ilumina y te hace sentir dentro de un cuento de hadas. Se encuentra abierto de noviembre a marzo todos los días de 6 a 23 y de abril a octubre de 5 a 24, pero la catedral interna de San Vitto cierra a las 16. Ambas son de entrada libre y gratuita.

El paraíso cervecero

La cerveza es la bebida nacional
La cerveza es la bebida nacional Crédito: Gentileza Verónica Parera

La cerveza o pivo en checo es un capítulo aparte, es para los checos como nuestro mate, no hay horario ni ocasión en la que falte; es su bebida nacional. Siempre tirada, como mínimo de medio litro y, si bien no soy experta en la materia, aseguro que es la mejor que he probado. No cometas el sacrilegio de irte de Praga sin probarla. Mi favorita es la Pilsner Urquell.

Data útil: Si pedís una cerveza, no debería costarte más de CZK40 (alrededor de ?1,50) el medio litro. Si pedís menos, te van a mirar raro. Un buen lugar para sentarte a tomar una cerveza es el U Glabicu, en la zona de Mala Strana, un bar que lleva abierto más de 700 años. Ofrece cerveza y todos los típicos platos checos, como el clásico gulash servido dentro de un pan ahuecado. Más info: uglaubicu.com/en.

Praga al aire libre

Crédito: Gentileza Verónica Parera

Habiendo vivido dos años en Praga, tuve la oportunidad de salir bastante del circuito turístico tradicional, por lo que, si estás varios días de visita, te recomiendo, sin duda, ir a alguno de los espacios verdes, como el parque Stromovka. Es el espacio verde más grande de la ciudad, una mezcla de parque y bosque, lleno de pequeños lagos e ideal para desenchufarse un rato de la urbe.

Otro de mis espacios verdes favoritos es el Riegrovy Sady, lugar elegido por la juventud para disfrutar de los atardeceres más lindos con el sol cayendo detrás del castillo, tomando una cerveza, por supuesto, sentados en una concurrida tribuna improvisada de pasto mullido. Se encuentra en el barrio de Vinohrady, lo que sería para nosotros el Palermo checo, una zona residencial, donde, además de este parque, podés experimentar un poco más en profundidad su cultura recorriendo algún mercadito o tomándote un café en una de sus tantas cafeterías locales. El café en Praga también es un tema aparte, es de una calidad muy difícil de encontrar en otros países de Europa. Mis favoritos son Mama Coffee, una cadena checa que produce su propio café; el If Café, que, además de tener un café exquisito, tiene todo tipo de pastelería francesa y sus locales son una postal. Dejamos lo mejor para el final: La Boheme Café, que ofrece todo tipo de cafés, tés y además tiene la cheesecake más rica de la ciudad.

Crédito: Gentileza Verónica Parera

Hablando de dulces, un imperdible de Praga es el trdelnik, lo vas a encontrar en casi cada cuadra de la ciudad. Los cocinan a la vista en pequeños puestitos por la calle: es una especie de factura que se prepara en tiras, se enrolla en unos rodillos de madera, se pasa por canela y azúcar rubia y luego se cocina sobre leña. Una vez cocido, podés pedirlo relleno con chocolate, strudel de manzana, frutillas con crema o helado. Yo te recomiendo que pruebes el clásico, sin relleno, para sentir bien el sabor de la masa recién horneada. Te puede costar desde 80 hasta 120 CZK (entre 2 y 5 euros), según cómo lo pidas.

Guía práctica

Otro de mis espacios verdes favoritos es el Riegrovy Sady, lugar elegido por la juventud para disfrutar de los atardeceres más lindos con el sol cayendo detrás del castillo, tomando una cerveza, por supuesto, sentados en una concurrida tribuna improvisada de pasto mullido.
Otro de mis espacios verdes favoritos es el Riegrovy Sady, lugar elegido por la juventud para disfrutar de los atardeceres más lindos con el sol cayendo detrás del castillo, tomando una cerveza, por supuesto, sentados en una concurrida tribuna improvisada de pasto mullido. Crédito: Gentileza Verónica Parera

Hospedaje: Praga está dividida en 22 distritos. Si vas a estar poquito tiempo, te recomiendo alojarte por las zonas de Praga 1 o Praga 2, por los barrios de Stare Mesto, Mala Strana, Nove Mesto o Josejov. Si estás varios días y querés conocer un poco más de la cultura local, podés hospedarte por Praga 3, en el barrio Vinohrady, a solo tres estaciones de metro del centro.

Uno de los mejores hostels es el Mosaic House, donde parar cuesta, por noche, desde ?15 una habitación compartida o desde ?75 una doble privada.

Cómo llegar: no hay vuelos directos desde Buenos Aires, por lo cual depende un poco de la época del año, los precios y promos. Por lo general, se consiguen buenos precios en aerolíneas low cost haciendo el tramo Ámsterdam-Praga, París-Praga o Londres-Praga por Transavia, KLM o Norwegian Airlines.

Si ya estás en Europa, podés llegar por tren o autobús desde cualquiera de sus países limítrofes (Alemania, Polonia, Austria o Eslovaquia). La mejor web para buscar estos trayectos o para moverte dentro de República Checa es www.omio.com.

Crédito: Gentileza Verónica Parera

Casas de cambio: hay muchísimas casas de cambio en Praga, casi una por cuadra. Pero la mayoría de ellas son estafadoras. Te recomiendo mirar bien la cotización del día antes de cambiar, no firmar ningún papel que te ofrezcan antes de asegurarte de que te están dando el dinero que corresponde y que no te cobren ningún tipo de comisión. En resumen, te recomiendo que pagues siempre con tarjeta o saques plata de un cajero para evitarte dolores de cabeza.

Transporte: hay un boleto único que sirve para todos los medios de transporte, tranvía, bus o metro. El boleto simple cuesta CZK24 (?1 aprox.) y lo podés usar por 30 minutos desde que lo marcás, combinando los medios de transporte como quieras. Al ser una ciudad muy caminable, no te recomiendo sacar ningún pase de medios de transporte.

Texto y fotos: gentileza de Verónica Parera ( @pisandoelmundo).

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