Viajeras en casa. Así viven el encierro 4 mujeres que pasaban sus días en movimiento

Ayelén Di Leva
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31 de agosto de 2020  • 13:18

Entre valijas, check-in, partidas, arribos y pasaportes. Así era la vida de quienes estaban acostumbradas a viajar, que pasaban horas arriba de un avión, yendo de un destino a otro, conociendo y moviéndose. Lejos de la quietud clásica, ellas pasaban mucho tiempo con las alas abiertas, coqueteando con el cielo y cambiando de paisaje con frecuencia. El coronavirus logró algo que parecía imposible: los aeropuertos se cerraron, las fronteras pusieron candado y los viajes se suspendieron. Cuatro mujeres que tenían el volar como rutina nos cuentan cómo atravesaron este proceso tan particular, lejos de la altura y con los pies más en la tierra que nunca.

"Viajar es un bálsamo para el alma"

Meme Castro (40), periodista especializada en turismo.

"En mi familia los viajes siempre fueron algo muy normal, muy cotidiano. Se vive con mucha alegría y entusiasmo, como una nueva aventura. El año pasado hice 18 viajes, entre trabajo y vacaciones, fue mucho. Había planeado un 2020 un poco más tranquilo, pero nunca imaginé esto. Me iba a ir a Corea el 26 de marzo y, además, tenía en agenda pasar por Aruba, el País Vasco y festejar mi cumple de 40 (fue en junio) en Las Vegas. Con mi marido íbamos a hacer un tramo de la ruta 66 en moto, pero la pandemia nos sorprendió, los viajes se frenaron y el festejo no pudo ser.

Viví toda esta situación por etapas: al principio era pura diversión, jugábamos, cocinábamos, veíamos series..., pero cuando pasó el primer mes, entendí que esto venía para largo y me tuve que poner a pensar qué hacer. Yo vivo de la publicidad de las marcas turísticas y mi negocio había quedado trunco. Estaba un poco perdida, así que decidí hacer una mentoría personalizada con un experto en unidades de negocio, porque mi rentabilidad por este año (y quizá por los venideros) iba a estar anulada. Me di cuenta de que antes mi fuente de ingreso eran las marcas y que ahora tenía que pasar a ser mi comunidad, mis seguidores. Para aquellos interesados, iba a empezar a cobrar mi conocimiento y mi información turística. Lancé un workshop online sobre cómo comunicar turismo, me animé a desafiar mi productividad. La gente se re copó, en el primer taller había 50 personas. Descubrí mi habilidad y me lancé: comparto mi pasión.

Creo que, a futuro, va a cambiar la forma de volar. Viajar es un bálsamo al alma y es imperativo que vuelva el turismo cuanto antes, que se reactive la industria, que es una de las más importantes del mundo. ¿Un consejo para lo que viene? Cuando se reactive el turismo, viajá por nuestro país. Vas a estar más cómoda y confiada".

"Frené y descubrí las simplezas de lo cotidiano"

Marina Gordillo (30), azafata.

"Hace seis años que soy azafata y, antes de esta pandemia, todo el tiempo estaba yendo y viniendo de diferentes destinos, pasando por tres o cuatro provincias. Cuando estaba en casa, trataba de relajar, porque quizás al otro día tenía que volar otra vez, aunque no me hubiera ni despresurizado. Pasaba más que nada durante la temporada alta, estas vacaciones de invierno fueron atípicas, jamás pensé que algo así iba a suceder. A fines de febrero charlaba con mis compañeros y nos reíamos, decíamos que era imposible que nosotros dejáramos de trabajar. No nos imaginábamos que nos iba a tocar, pensábamos que íbamos a seguir volando con precauciones.

La cuarentena, al principio, me parecía genial, porque al pasar tanto tiempo afuera, cuando estoy en mi casa lo disfruto. El primer mes me gustó, pero ahora ya es un montón. Es raro ver el uniforme colgado y el carry on en un rincón. La vida se volvió muy para adentro, extraño el trabajo, pero extraño más lo cotidiano: ir a lo de mi mamá o tomar mates con mis amigas.

Personalmente, estos días de encierro me ayudaron a replantearme algunas cosas y vivir muchos cambios. Durante la cuarentena analicé mucho de dónde venía esta pandemia, cuáles son las cosas que nos enferman. Como tenía más tiempo, aproveché estar en casa para aprender a cocinar y cambiar mi forma de alimentarme: me replanteé las cosas que comía y me hice vegetariana. Además, modifiqué la manera en que consumía. Me di cuenta de que antes compraba más, era muy consumista, y todo esto me hizo notar que lo que tengo en mi casa me sirve y es todo lo que necesito. Frené y descubrí las simplezas de lo cotidiano. Más allá de eso, por supuesto que extraño volar, mi rutina y mis vuelos. Espero que, a futuro, todo esto que vivimos signifique un cambio de paradigma y podamos evolucionar".

"No poder viajar es un bloqueo importante"

Melisa Lucero (32), BRM Digital IT.

"Trabajo para el South Hub de L'Oréal (Chile Argentina y Uruguay), mi puesto consiste en conectar IT con los equipos de negocio. Un mail no basta, por lo tanto, viajaba una vez por mes (a veces un poquito más) para establecer esos puentes. Cuando se decretó la cuarentena y se suspendieron los vuelos mi trabajo hizo un giro, porque es mucho más difícil sostener los vínculos en esta situación, todo cambia de tono y puede ser malinterpretado. Las charlas de oficina se convirtieron en videollamadas, y eso tiene un impacto y agota. Muchas veces pienso: 'Esta semana tendría que estar viajando'. Porque los viajes te renuevan, yo tenía vida de hotel: me hacían la cama, todo estaba impecable... El contrapunto fue notorio, porque ahora hago las tres comidas en mi casa, con mis manos. Como viajaba sola, la semana que estaba afuera era una semana para mí, aprovechaba para hacer shopping y conocer. Era un placer el desayuno, iba caminando a las reuniones, relajaba..., la pasaba muy bien. Además, al ser una compañía internacional, tenía muchas capacitaciones afuera. En abril estaba programada una en México, que terminamos haciendo por Teams. No poder viajar, en este caso, cambió todo. La capacitación fue distinta, desapareció el ida y vuelta y perdimos el networking: conocer gente, ponerles caras a las personas con las que hablás por mail, enterarte a fondo de diferentes ideas... Las capacitaciones en el exterior potenciaban muchas mejoras y a mí, en lo particular, me han dado el contacto con mucha gente que después me ayudó en un montón de proyectos. La parte social es importantísima y el no poder viajar es un bloqueo importante.

Igual, aunque extraño, confieso que me gusta trabajar así. No me encontré con ninguna situación que no pudiera resolver digitalmente y estoy feliz, disfrutando muchísimo de mi casa".

"Esta pandemia decidió por mí"

Sofía Bezazian (28), licenciada en educación.

"En 2017 me fui con dos amigas a Australia, sacamos un pasaje y nos fuimos. A los tres meses nos separamos y yo, en medio de mi recorrido, terminé viviendo con una comunidad espiritual. Tienen varios negocios, fui para trabajar en el café, pero terminé entrando un poco en las prácticas de ellos. Después me tuve que ir al norte a renovar mi visa, porque es un requerimiento para los latinoamericanos en Australia que, si querés quedarte un segundo año, tenés que trabajar 88 días arriba del trópico de Capricornio. Me fui para ahí y al tiempo me enteré de que mi abuela se había enfermado, parecía que se iba a morir, así que decidí volver a Argentina. Cuando llegué, mi abuela estaba súper bien de salud, así que pasé las fiestas y me volví a Australia, con la comunidad. Estuve cinco meses y empecé a sentir que tenía que ir a la India, así que saqué pasaje y me fui para Bali. Intenté ver al Dalai Lama, no lo conseguí y terminé haciendo un instructorado de yoga medio por accidente. Volví a Australia y tuve la sensación de que debía volver a Argentina. Siempre inquieta. Volví a fines del año pasado, pero siempre con la idea de que, si me quería volver a ir, me iba. Tenía muchas dudas sobre qué hacer y, de repente, esta pandemia decidió por mí. Quedé atrapada y empezaron a surgir un montón de proyectos. Quizá me tenía que quedar acá. Mis amigas alquilaron una casa y nos mudamos las tres juntas. Estamos haciendo muchos planes, armando una red solidaria en Pilar y pensando en dar clases de yoga. Son muchos cambios, pero estamos abiertas, queriendo hacer algo mejor por el mundo. Viajar me permitía seguir mi intuición, moverme cuando lo necesitaba y conocer gente y lugares, pero esta situación me ayudó a darme cuenta de que en Australia está todo un poco más resuelto (la parte económica y social) y acá hay mucho para hacer. Encontré una linda razón para quedarme, ¿para qué me voy a ir?".

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