Viajes. Lo que aprendí al conocer el Taj Mahal

Sofía Stavrou
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24 de junio de 2019  • 10:40

Después de vivir 20 días en Calcuta trabajando como voluntaria en los hogares de la Madre Teresa, emprendí un recorrido de una semana entre Varanasi, Agra y Nueva Delhi. Llegué a la ciudad de Agra pasado el mediodía después de un viaje de unas cinco horas en auto escuchando a John Mayer, durmiendo de a ratos y escribiendo en mi diario mientras la ruta lo permitía.

Me hospedé en una casa de familia y me recibieron sus dueños, Kiran y Suri Barman, juntos desde hace más de 30 años. Me esperaron con el almuerzo listo y el mismo amor de quien recibe en su propia casa a un amigo o un familiar.

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Sofía Stavrou

Devoré los chapatis, los rotis, el tikka masala y probé los chutneys y curries que había en la mesa. A esta altura del viaje ya estaba acostumbrada al picante y me reía acordándome de mis primeros días en India cuando solamente comía arroz blanco, plane, sin nada de nada.

Terminé de almorzar y después de una ducha fría que me recompuso del calor intenso de mayo y el pegote del viaje en auto, me encontré con Sanjay, el guía que iba a acompañarme en mi recorrido de 48 horas en la ciudad de Agra.

ATARDECER EN EL TAJ MAHAL

Sanjay me recibió con una sonrisa y un entusiasmo que parecía genuino y que me ayudó a terminar de despabilarme y prepararme para conocer ese Taj Mahal tan fabuloso que siempre había visto en fotos. Después de un trayecto en auto cambiamos a un tuc-tuc, el típico transporte urbano, para llegar hasta la puerta del complejo. Antes de bajar Sanjay me advirtió que iba a vendarme los ojos y me iba a guiar. Que confiara en él.

Así entré al predio del mausoleo, a ciegas, agarrada del brazo de mi guía, escuchando el barullo y las pisadas de las miles de personas alrededor. Are you ready? Escuché después de unos minutos de oscuridad. Me sacó la venda y cuando abrí los ojos fue inevitable no abrir la boca al mismo tiempo. El Taj Mahal es imponente, y no me gusta caer en adjetivos trillados, pero es que realmente lo es. Se impone. Estaba ahí, lejos pero a la vez tan cerca y encima mío. Me acuerdo que dije «WOW» y que cerraba y abría los ojos como si no fuese real lo que estaba viendo.

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Sofía Stavrou

Lo miré a Sanjay y le sonreí. Pero él estaba contemplando el mausoleo como si fuese su primera vez. Le pregunté cuántas veces había estado. Nunca son suficientes, me respondió devolviéndome la sonrisa.

LA HISTORIA DE AMOR DETRÁS DEL TAJ MAHAL

Entre lo que me contó mi guía y lo que leí en el viaje en auto hacia Agra aprendí sobre la historia de amor que hay detrás del Taj Mahal: en 1607 el Príncipe Imperial Yurram, más tarde conocido como el emperador musulmán Shah Jahan, conoció a la princesa Arjumand Banu Begum en un bazar de la ciudad de Agra. Para los que creen en el amor a primera vista, ellos fueron una prueba real de esa magia. Pero recién 5 años después de ese flechazo pudieron volver a encontrarse, casarse y comenzar una vida juntos formando una familia de 14 hijos. La princesa murió en el parto del último de ellos y el emperador se encerró durante un año en el palacio por la depresión que le causó. Fue entonces cuando quiso cumplir su deseo de que el amor por su mujer fuese eterno y que descansara en la tumba más linda del mundo. La construcción del Taj Mahal llevó ¡más de 20 años! Y más de 22.000 personas y 1000 elefantes trabajaron para hacerlo realidad.

Esa noche me fui a dormir pensando en esa muestra de amor. Y me hizo reflexionar sobre las propias. Le había contado a Sanjay mi historia de (des)amor y después de escucharme con atención me dijo: "If it ends well, It will be well" (Si termina bien, todo va a ir bien). A veces los finales tienen mucho que ver con los nuevos comienzos, escribí en mi diario.

AMANECER EN EL TAJ MAHAL

No tenía planeado quedarme casi un día más en Agra, pero la tarde en que conocí el Taj Mahal y que el guía me contó que el mármol podía cambiar hasta 16 tonalidades diferentes según el momento del día, quise volver a verlo una vez más al amanecer.

Mi alarma sonó a las 4:30 pero ya estaba despierta. Quería llegar antes de que saliera el sol y así fue. Hoy recuerdo ese amanecer como uno de los más especiales de mi viaje por India y también de todos mis otros viajes.

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Sofía Stavrou

Elegí uno de los bancos de plaza que hay dentro del complejo, debajo de los árboles. Y solo me dediqué a observar. No solo al palacio, sino a las pocas personas que empezaban a llegar y a contemplar, a los pájaros, a los cuervos, a las hormigas al lado de mis pies, al cielo que empezaba a cambiar de color y también lo hacía el mármol.

Escribí algo sobre la confianza y sobre que el amor nunca se rinde. En ese momento no tenía idea de todo lo que estaba por venir y que, 3 años después, el lema de mi casamiento sería "el amor nunca se rinde."

Antes de irme me acordé que un compañero de mi antiguo trabajo me había recomendado escuchar el himno nacional de India mientras visitara el Taj Mahal. Pero me acordé tarde porque no había llevado conmigo ni los auriculares ni el teléfono. Se lo conté a Sanjay, como una anécdota. Y él, sin dudarlo, cerró los ojos, respiró hondo y empezó a cantar el himno a capella. Esto también es una forma de amor, pensé.

DÍAS, HORARIOS Y COSTOS DEL TAJ MAHAL

Abre todos los días desde el amanecer hasta el atardecer excepto los viernes, así que es clave que organices tu visita a Agra teniendo en cuenta esto.

El precio de la entrada es de 19 dólares (1300 rupias aproximadamente) y el ticket se compra ahí mismo. Los días de luna llena abre de noche (de 20:30 a 00:30 horas) y dicen que es uno de los espectáculos más fascinantes de Agra (y quizá, del mundo).

DÓNDE HOSPEDARTE

BANSI HOME STAY, una casa de familia atendida por sus dueños en donde también sirven desayunos y almuerzos caseros con los sabores e ingredientes típicos de India.

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