Vida de country, pero con vista al mar

Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi
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29 de diciembre de 2018  • 00:23

PINAMAR.– El vehículo tiene butacas en la caja y en una suerte de acoplado. Más de una docena de lugares que se empiezan a ocupar en las escalas previstas en cada una de las rotondas, punto acordado para tomar este transporte que los acercará al área deportiva o a las playas. Los pasajeros son niños de 6 a 12 años, que se mueven solos entre frondosas arboledas, casas que combinan lujo y diseño, variadas propuestas de entretenimientos y guardias privados que todo lo vigilan.

Con la seguridad como prioridad y la múltiple oferta de entretenimiento para todas las edades, los countries de la costa atlántica con salida al mar ganan en inquilinos en esta época de vacaciones de verano.

El turista ABC1, que esta vez resignó la escapada al exterior por los vaivenes y nueva paridad cambiaria de la economía local, encontró en estos barrios privados una propuesta a medida (lo que se notó a mediados de año, cuando se aceleró la demanda de alquileres). Aquí consigue confort, comodidad, buen programa para todos los miembros de la familia y esa tranquilidad de no estar siempre pendientes de cerrar la puerta de la casa o preocuparse porque los más chicos no están a la vista.

"Hace 15 años que pasamos las fiestas afuera, huyendo de la gran urbe, pero el primer año que elegimos un barrio privado con salida al mar", cuentan Pablo y Lea Valle, acompañados por su hijo Manuel y sus sobrinos Fede y Lulu. Alquilaron una casa en el barrio Costa Esmeralda, al norte de Pinamar, ya en el Partido de la Costa, justo en la zona más próxima al sector donde están los escenarios deportivos: cancha de fútbol tamaño profesional de césped sintético, otras de tenis en superficies rápida, semirrápida y polvo de ladrillo, otras de pádel y un gym muy moderno.

Los Valle compartieron el alquiler con otros familiares y aseguran que además de la comodidad encontraron respuestas a todas sus demandas. "Aquí se puede hacer deporte, pasear, entretenerse y divertirse con todo lo que antes encontrábamos en Pinamar pero ahora en un espacio más seguro y controlado", remarca Lea. Las normas allí son estrictas y hay severas multas por exceso de velocidad y otras infracciones.

Pancho Mayol es uno de los que más conoce y sabe de esta tendencia. Llegó a este country primero como propietario y ahora es responsable de Experiencia Costa, un emprendimiento que inició desde la oferta inmobiliaria y que de a poco empieza a generar otras respuestas para los clientes que alquilan por aquí.

Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

"Tenemos muchísimos pedidos de familias que buscan pasar aquí las fiestas este fin de semana y muy buena demanda y nivel de contrato para estos meses de verano", explicó. Esta semana fue de cierre de operaciones y entrega de propiedades a clientes que esperarán el Año Nuevo al abrigo de la oferta de Costa Esmeralda.

Estos countries con salida al mar proliferaron en la zona entre la ruta 11 y las playas. En el caso de Costa Esmeralda tiene una superficie de 1000 hectáreas con 3600 lotes donde ya se construyeron 1600 casas con mayor ocupación los fines de semana y en especial el verano. El barrio, con 3,2 kilómetros de frente de playa, solo tiene unas 40 familias que residen de manera permanente. Muy cerca está North Beach, desarrollo que en su master plan incluye aparts, helipuerto y galería comercial propia.

La planificación en todos los casos busca dar respuestas a los distintos intereses y gustos de propietarios e inquilinos. Hay preferencias de refugiarse en zonas de bosque, siempre más tranquilas y sobre todo menos expuestas al aire de mar que en temporada baja se siente y mucho. También los que solo piensan en los beneficios de verano, con las playas bien cerca. Y los que definen ubicación pensando en tener a la vista o bien a mano la cancha de golf de 18 hoyos. La primera mitad de enero en una unidad de tres dormitorios se paga desde 4500 dólares. Una opción más es alojarse en complejos de departamentos, más cercanos a la costa. Tienen unidades de dos o tres ambientes y la opción de estadas semanales.

Los que eligen este tipo de propuestas resaltan que más allá del costo, encuentran incluidos una multiplicidad de servicios que puertas afuera de un country se deben pagar aparte. Tenis, fútbol y pádel, gimnasio y recreación para los chicos, todo está cubierto. Los turnos se reservan desde el celular, con una aplicación, y solo se paga un diferencial por iluminación.

"Siempre buscamos casas de estilo rústico y un entorno abierto que aquí encontramos muy a gusto", explica Paula Rodríguez, chilena, que llegó por primera vez con su familia a este formato. Su experiencia anterior había sido a 60 kilómetros de Pinamar, en Rincón de Cobo. En ese caso resalta que fueron detrás de un ambiente más rural, menos desarrollado. "Aquí buscamos algo con más propuestas y confort", cuenta.

La hija de Rodríguez practica equitación. Paga aparte este deporte específico, pero logra que la niña pueda tener a diario la posibilidad de montar un caballo y entrenar saltos. A la hora de la playa, resaltan que intentan buscar espacios más despejados. Dialogan con la nacion en uno de los restaurantes del complejo, al pie del cual los bañistas están uno al lado de otro, como un balneario céntrico. Pero todo se resuelve con una caminata o avanzar en auto por el carril seguro para los 4x4: "Hacés 200 o 300 metros y la playa es para vos solo".

Propietarios e inquilinos destacan que los sectores que rodean a cada club house (hay más de uno por country) contribuyen al encuentro. "Los chicos se mueven casi solos y sociabilizan, se hacen de más amigos y tienen una vida muy tranquila", dice Lea. Eso ayuda a simplificar la vida y el descanso de sus padres.

Al atardecer los niños y adolescentes coinciden en un sector próximo a la cancha de fútbol donde tienen gastronomía a su medida: comida rápida, panqueques y algo de música. Más tarde, ya de noche y con un momento especial previsto para el inicio de 2018, el punto de encuentro es el bar de playa. Hasta allí se mudan las familias después de la cena y antes de medianoche para brindar a la luz de la luna, junto al mar.

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