Virus

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21 de marzo de 2020  • 17:03

"Tantos odios para curar/ Tanto amor descartable./ Escucharte a mi lado hablar/ Aunque estemos distantes/ De este mundo tan poco sensual/ Que no pudo aliviarme." Lo cantaba Federico Moura en Virus, hace más de treinta años, pero suena terriblemente actual. El musculoso zarpado que se niega a cumplir los protocolos contra el Coronavirus y le pega en cámara al pobre señor de seguridad que, encerrado en su garita, apenas si se resiste -como el Minotauro de Borges-, y se vuelve, precisamente, viral, es la imagen del odio descartable y distante de esta semana. También nos queda por saber en estos días si los asesinos que mataron en patota a Fernando Báez Sosa tendrán prisión domiciliaria para volver a sus casas. Fernando -que hubiera cumplido 19 años el 2 de marzo último- ya no volverá a la suya, y no hay alivio cuando estamos demasiado preocupados por nuestro propio confinamiento para acompañar a esa familia rota.

El mundo enfrenta hoy una pandemia inédita, se habla de la de 1918, pero eso queda más lejos que la guerra y nuestros abuelos jamás nos la contaron, porque el horror de las guerras y el triunfo de haber sobrevivido fue más heroico. Pero a la par de los gestos mezquinos del zarpado que pega (que no es muy distinto de los que incumplen con menos violencia o los que se llevan todo el alcohol en gel de las góndolas, como si esto fuera un sálvese quien pueda en el que sólo sirviese evitar el contagio de los propios) también pasan algunas cosas buenas. Hay solidaridad en los balcones, en las redes, y en los grupos de whatsapp de las familias, amigos, padres y madres de colegios que quedaron con los chicos en casa; y la Argentina de la grieta es ejemplo en la región con medidas tomadas con prisa, en conjunto y una conferencia de prensa prolija y antipánico de la que participaron el presidente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, y el jefe de Gobierno porteño, y respondieron a la prensa, sin importar su color político.

No vienen tiempos tranquilos, y tal vez peco de optimista, pero desde el domingo, hay algo en el aire además del Covid19: es la sensación de que, al menos, podemos escucharnos, desde esa distancia social que hace falta, como para que la batalla nos encuentre un poco más unidos. Los problemas verdaderos exigen responsabilidad y también sirven para borrar lo superfluo. Ver al violento en cámara convencido de que además de violar el protocolo tiene derecho a golpear, nos sirve para acercarnos a nuestra peor cara: justo porque la imagen es tan viral como el Coronavirus, nos da la oportunidad de alejarnos mucho más que un metro de ahí. Está en juego nuestra salud, la de esas personas "de riesgo" que más queremos. A los argentinos no nos gusta ser "vigilantes", pero es momento de cambiar la estrategia. Porque es de vida o muerte. Quiero ver mil veces esa imagen del preparador físico que no cumplió la cuarentena, y me alegra que se le haya dictado la prisión preventiva (domiciliaria) tan pronto, porque de acá tenemos que salir mejores. Más solidarios y, de paso, menos violentos.

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