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Volver al pasado. "Mi novio era como un niño al que yo guiaba"

Señorita Heart
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24 de enero de 2020  • 00:35

"¿Cómo voy a hacer para no enamorarme de Marcos trabajando con él? Esto va a traer problemas", le dijo Cecilia a su amiga. La situación la preocupaba. Pero...en cuestiones del corazón, la razón quedaba de lado y mandaban los sentimientos.

Cecilia había conocido a Lucas en quinto año en una fiesta de la promoción '93. "Yo era tímida e insegura y él era divertido, soñaba con ser futbolista profesional, loco por la música y leía mucho. Para mi el me mostraba un mundo distinto. Estaba lleno de convicciones fuertes, sus gustos eran bien definidos. Charlábamos mucho y lo pasábamos bien. Me cuidaba, me tenía paciencia. Pasó un mes entero hasta que llegó el primer beso", recuerda Cecilia (44).

Formalizaron la relación y estuvieron juntos seis años. "Fue el tiempo en que los dos salimos del cascarón a conocer el mundo. Nos teníamos mutuamente para acompañarnos en ese proceso. Y de a poco se fueron perfilando las formas de cada uno. Yo siempre tuve ese instinto de protección para con él: lo convencí de estudiar, de viajar, él tenía muchos miedos e inseguridades. Pero yo iba al frente, me mandaba, entonces yo probaba y él me seguía".

Cuando el final de la secundaria se acercaba, los planes de Cecilia eran claros: tenía planes de ir a estudiar Ciencias Económicas a La Plata, aunque Lucas todavía no sabía qué quería hacer, ni se animaba a dejar la casa de su familia. El primer año de la facultad fue difícil. Cecilia viajaba cada semana desde La Plata hacia su casa para ver a Lucas. Aunque estaba cansada, sentía que valía la pena. Para el segundo año, lo alentó a estudiar e idearon un plan para que él pudiera estudiar Educación Física. Eso era lo que siempre le había gustado pero no se había animado. A Lucas le costó mucho. La mamá le preparaba la comida para toda la semana y volvía cada viernes, también para jugar al fútbol con su equipo en su pueblo natal.

De la mano de Cecilia, lentamente Lucas pudo superar sus miedos y adaptarse a la vida de estudiante. Hizo amigos, se organizó con las tareas de la casa y tuvieron unos años sin mayores sobresaltos. " Crecimos juntos pero siempre yo estaba llevando la iniciativa. Nos queríamos mucho pero, llegando al final de las carreras, comenzaron los replanteos. Yo mirando a dónde ir, dónde conseguir buenas experiencias profesionales y él queriendo volver a nuestra ciudad natal. Yo quería formar una familia y él pensaba en irnos a vivir a la casa de abajo a la de sus padres".

Mundos opuestos

Fue entonces cuando Cecilia conoció a Marcos. Era el líder de la agrupación estudiantil: mayor que ella, serio, seguro, inteligente. Ella lo admiraba. Y entonces empezó a cuestionarse su relación. "Mi novio era como un niño al que yo guiaba y en cambio Marcos, era todo lo opuesto. Pasaron los años y Marcos siguió siendo amigo y hasta me ayudó a conseguir un trabajo en la oficina donde él trabajaba. Ahí sentí que me metía en un problema. Es más se lo dije a una amiga: ¿cómo voy a hacer para no enamorarme trabajando con él? Mientras, seguía de novia con Lucas".

Durante los primeros meses que Cecilia y Marcos trabajaron juntos sucedió lo inevitable: "Mis sentimientos se incrementaban pero nunca pensé que Marcos sentiría lo mismo, él no demostraba nada, lo nuestro era una relación profesional. Hasta que hubo una fiesta del trabajo. Mi novio volvió como casi todos los fines de semana a la casa de los padres y a jugar con su equipo de fútbol. Yo fui a la fiesta con una amiga, tomamos bastante y bailé con Marcos, hasta que me invitó a tomar un poco de aire afuera. Y bueno . nos dejamos llevar, había una química que nunca había sentido. No podía creer lo que estaba pasando y que a él le pasara lo mismo. Vivimos un fin de semana intenso".

El lunes siguiente, Lucas regresó a La Plata y Cecilia decidió cortar por lo sano. Le costó mirarlo a los ojos y decirle que lo dejaba por otro, pero no había vuelta atrás. Sabía que le estaba haciendo mal, pero no podía evitar lo que le pasaba. Le destrozaba el corazón verlo sufrir pero, como lo quería, no le podía mentir. "Yo siempre lo había cuidado, ayudado a crecer, a superarse y ahí le soltaba la mano".

20 años y un aniversario

Cecilia se casó con Marcos, se fueron a vivir a España y tuvieron tres hijos. Nunca más tuvo noticias de Lucas, hasta que comenzó a aparecer como amistad sugerida en sus contactos de Facebook. Veía su cara todos los días y le intrigaba saber de él. Un día, sin pensarlo, le mandó una invitación de amistad. "Immediatamente me escribió un mensaje. Nos alegramos los dos de contactarnos, creo que no lo habíamos hecho para no generarle problemas al otro. Lo primero que me contó fue que nunca pudo formar una familia y que tuvo ataques de pánico, que sufre de ansiedad y esta yendo al psicólogo y al psiquiatra. Tuvo varias parejas pero con ninguna de ellas pudo llegar a comprometerse como para tener hijos. Que duraba unos años pero siempre terminaba separándose. Llegamos a tener conversaciones tan profundas, personales, como si no hubiera pasado el tiempo".

A Cecilia la invadió la culpa. Revivió todos los sentimientos que había guardado en su interior, mientras vivía el romance con Marcos. ¿Era su culpa que se enfermara? ¿Que no había rearmado su vida? ¿Le había soltado la mano? ¿Había sido egoísta por dejarlo? Se sentía responsable. "Entonces, en un impulso, le pedí el whatsapp, lo llamé y hablamos casi una hora. Lo más importante para mi fue pedirle perdón por como habíamos terminado y él me dijo que no me guardaba rencor y que estaba agradecido por haberlo ayudado a salir del pueblo y estudiar una carrera. También me dijo que yo había sido como su mamá. Me llenó de palabras lindas, creo que me tiene en un lugar especial de su corazón".

Hoy Lucas sigue en La Plata, trabajando como profesor de Educación Física, pedalea su bicicleta hasta el lugar donde da clases, está en pareja, no tiene hijos pero tiene perros. Se cuestiona su propósito en la vida, dice que ha perdido la pasión, que sufre por no poder hacer completamente feliz a su mujer. "Se muestra tan sensible, tan frágil, tan nostálgico, que cada vez que chateo con él, vuelven a despertarse mis sentimientos de cuidarlo, de protegerlo, de ayudarlo a salir de esa postura. Quiero saber todo, ver que esté bien. Pero ya no tengo lugar en su vida y no quiero complicar las cosas".

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