Yo, ecologista

A bordo de uno de sus aviones, el norteamericano Douglas Tompkins sobrevuela los esteros del Iberá y destaca la importancia, más allá de toda polémica, de cuidar y recuperar el humedal de agua dulce más importante del país
Fabiana Scherer
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2 de septiembre de 2007  

Ahora todos hablan de Iberá”, dice irónicamente Douglas Tompkins camino a su casa en la estancia Rincón Socorro. “Durante muchos años, los esteros fueron olvidados por el país –reflexiona el norteamericano que en 1990 vendió buena parte de la empresa textil Esprit, su colección de pintura y escultura moderna para transformarse en un abanderado de la ecología–. Nosotros trabajamos mucho para proteger este lugar y restablecer su biodiversidad.”

Más de 135 mil hectáreas en los esteros fueron las que Douglas Tompkins adquirió por medio de la ONG Conservation Land Trust (CLT), con el fin de conservar la alta biodiversidad mediante la creación de áreas naturales protegidas. Sofía Heinonen, asistente y asesora del magnate, destaca la importancia de entender el propósito de Tompkins al comprar tierras. “Todo aquello que adquiere a través de CLT tiene como objetivo último la donación al Estado y la creación de un parque nacional o provincial. También están las otras tierras, las que mantiene para la producción y con las cuales intenta realizar una producción compatible con la conservación.”

Los zapatos son dejados a un lado para poder ingresar en la casa de Douglas. En medias, uno se desliza por los pisos de un gran living iluminado que tiene como marco magistrales variedades de verdes, carpinchos, ñandúes y más carpinchos. Su mujer, Kristine McDivitt Tompkins, prepara en la cocina el almuerzo que el hombre de Ohio comerá luego de la charla. Fueron los escritos de George Session y Bill Devall (Deep Ecology: Living as if Nature Mattered) y los del noruego Arne Naess (filósofo de la ecología profunda) los que sacudieron las fibras más íntimas de la pareja y la empujaron a emprender una vida de filántropos, dispuestos a llevar adelante el proyecto de una ecología profunda que promueve el equilibrio de fuerzas entre el hombre y la naturaleza.

Sin embargo, son muchos los que ponen en duda la “misión” de corte ecologista de los Tomp­kins para transformarlos en personajes que coquetean con mitos, leyendas y monstruos del Litoral. Lo del hombre nacido en Ohio en 1943 es un negocio redondo, eso dicen: la compra de tierras casi vírgenes, de extraordinaria biodiversidad e importantes cursos o reservas de agua dulce, pone en duda la misión.

“Diablo, Tompkins es el diablo”, se lee en una pintada en una parte del trayecto por el camino de tierra que conduce a la estancia Rincón del Socorro. La sola mención le roba a Douglas una sonrisa, irónica, pero sonrisa al fin. “Todo es parte del show mediático –dice–, de un show del que se aprovechan quienes tienen otros intereses. Y eso no es bueno, porque distrae y no permite llegar al fondo de la cuestión, y no hay tiempo que perder. Al principio, todo lo que se decía de mí me parecía un chiste (se lo acusó de ser un agente encubierto de la CIA y de estar jugando al Monopoly con tierras argentinas), pero ahora sinceramente me parece una idiotez. Hasta llegaron a decir que vendía el agua por Internet. ¡Por favor! Informemos y no confundamos más.”

Desde 1997, CTL centra sus esfuerzos en el Proyecto Esteros del Iberá, no sólo en la conservación de la biodiversidad, sino también en la recuperación de las especies amenazadas y en la reintroducción de las especies extintas a fin de restaurar las condiciones ecológicas del humedal (ver aparte).

“Hay mucha confusión y desinformación alrededor de la conservación –explica el magnate–. La conservación no está en contra de la producción ni del hombre. Como se desconoce su significado, se le teme. El concepto de conservación es necesario porque la producción suele ser tan dañina que hay que tomar manos en el asunto. Esto nos lleva a pensar de qué manera se puede trabajar mejor para obtener recursos naturales sin destruir. El mayor problema es que todavía no se tiene una real conciencia de la profundidad de la crisis ambiental, y ésta es la peor crisis de todas, porque los ecosistemas mundiales están colapsando y esto va a afectar al ciento por ciento del mundo. Ahora, por lo menos, se ha captado la idea de que hay un cambio climático, y de que es producido por el hombre. Si vamos para atrás, vemos que se hablaba de esto hace cuarenta años y nadie decía ni hacía nada. Finalmente hay un consenso: los medios se ocupan y el documental de Al Gore fue el empujón final que puso en el centro de la discusión este punto crítico.”

Sobrevolar

Al mando de un avión de dos plazas, Tompkins despega desde los suelos de su estancia Rincón del Socorro dispuesto a mostrar desde los aires las lagunas y embalsados, las cañadas y bañados, los malezales, los palmares enanos, los bosques húmedos, los pastizales y los bancos de arena que conforman una cuenca de 13.000 km2 con alta diversidad, integrada por más de 4000 especies de animales y plantas. Desde las alturas, se ve cómo la invasión del carpincho cubre buena parte del suelo correntino, la misma tierra en la que hoy pueden verse los pintorescos y recuperados ciervos de los pantanos, yacarés y una buena variedad de aves que aletean en paralelo sobre Iberá, “el agua que brilla”, según su significado en guaraní.

Sin descuidar los mandos de piloto, con cámara en mano, Tompkins fotografía todo aquello que llame su atención. Es que el hombre confiesa que no deja de sorprenderse con lo que ofrece el humedal de agua dulce más importante de nuestro país. Y en ese momento, en el que la palabra agua se repite una y otra vez, Douglas asegura que no está aquí por el llamado oro blanco, que no se la va a llevar. “Parece un chiste –dispara–, porque el propio Estado es el que controla el agua subterránea. El acuífero guaraní está en toda la provincia, debajo de todo Corrientes, y el que tiene el control de esto es el Estado, no yo. El real problema del agua, del acuífero guaraní, es la sobredescarga de parte de productores; ése es el problema de aquí y el problema de todos los acuíferos en el mundo. Se sufre una descarga mucho más rápida que la recarga. Esto nada tiene que ver con una persona, con un extranjero que, dicen, viene a llevarse el agua. Los hechos son los hechos. A la gente no le gusta ser engañada, porque cuando es así nos sentimos tontos. Poco a poco, la gente descubrirá que todo lo que me rodea es un mito, una leyenda, y se preguntará por qué quedó atrapada en el medio, por qué fue utilizada. Esto nos pasa a todos, a mí Bush me engañó y me hizo creer que había armas de destrucción masiva en Irak y me sentí como un tonto al descubrir que había sido todo una mentira.”

Para saber más: www.theconservationlandtrust.org

www.parquesnacionales.gov.ar // www.parquepumalin.cl

Reinserción de especies

Uno de los mayores desafíos del Proyecto Esteros del Iberá es el de conservar las más diversas especies que habitan la zona y que están en riesgo de extinción a nivel mundial o nacional, como el lagarto de Azara, el yacaré negro y el overo, el lobito de río, el ciervo de los pantanos, el aguará guazú, el águila coronada y el venado de las pampas. La liberación, este año, de un oso hormiguero grande en los pastizales es el símbolo del inicio de la reinserción de la especie en los esteros. “El oso hormiguero fue extinguido en la provincia –comenta Tompkins–. Requiere de mucho trabajo y el éxito del proyecto dependerá de la suelta anual de varios ejemplares y de la sensibilización de nuestros vecinos para que no los cacen. A largo plazo, esperamos poder incluir un puma y el yaguareté, a quien debemos importar probablemente de Paraguay o de Brasil. Es necesario un trabajo social importante porque hay que acondicionar socialmente a la gente para poder manejar la presencia del yaguareté, porque también hay un mito sobre él como un monstruo que lo anda comiendo todo.”

Por un mundo mejor

En 1992, Douglas Tompkins fundó CLT (Conservation Land Trust), una ONG sin fines de lucro dedicada a la conservación de la biodiversidad y el cuidado de grandes ecosistemas naturales. CLT lleva donadas más de 800 mil hectáreas en diversos países. En la Argentina, ha hecho entrega de más de 65 mil hectáreas para crear el primer Parque Nacional Marítimo Monte León, en Santa Cruz. También donó en Misiones el Parque Nacional Piñalito. “Es demasiado bueno para ser real, ¿no?”, preguntan los correntinos. El domingo 10 de julio de 2005, LNR publicó una entrevista con Douglas y su mujer en la que dan cuenta de sus trabajos en la Argentina y en Chile. ( www.lanacion.com.ar/719048. )

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