Zonas de riesgo: ocultar con astucia es, en moda, más eficaz que revelar sin cautela

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
El talle perfecto, una sabia construcción. Max Mara Verano 2019
El talle perfecto, una sabia construcción. Max Mara Verano 2019
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8 de septiembre de 2019  

Cintura y caderas, pelvis, traste. Hoy nos ocupa un sector de nuestros cuerpos, céntrico y esponjoso, proclive a la adiposidad y en obvio vínculo con lo sexual, que por la suma de estos factores resulta problemático de vestir. De vestir comme il faut, claro está.

Es, frente al espejo, el área primera hacia la que se dirige la mirada en el momento Hitchcock de evaluar el estado general del yo físico, con resultados a menudo desalentadores para el yo narcísico. Puesto que es allí precisamente donde termina acumulándose, convertido ya en lípidos, todo el caudal de negligencias, descuidos, excesos y consejos médicos desoídos.

Y el hecho de que a la vez esta sección del cuerpo aloje las otrora llamadas partes pudendas amén de aquellas curvas mullidas o musculadas que estimulan el imaginario erótico, redujo las variaciones posibles de vestimenta respetuosas del canon clásico.

Siendo dos las opciones -cubrir o revelar- el temperamento tradicionalista elige sin falta el disimulo. Responde así a la conjunción de dos mandatos: el de la vanidad personal y el del pudor común.

La moda, que no cesó, ni cesa aún, de presentar como ideal de estilo una esbeltez inalcanzable para la mayoría de la gente, provee los recursos y artificios para esconder las redondeces que sabotean la línea deseada, como blusas, camisas, buzos y pulóveres en volúmenes fluidos, las prendas évasées, las cinturas marcadas con faldas plisadas, entre otros o los sacos con faldón que señalan la cintura, pero cubren vientre y caderas.

Cumplen una función similar a la del faldón, que sigue la línea del cuerpo sin adherir a su volumen real, las chaquetas y camperas largas, llevadas abiertas sobre tops amplios. Fórmula que a la vez, al envolver la zona, atenúa con gracia y eficacia, toda obviedad erótica.

Aunque, como se sabe, no hay quizá atractivo más potente ni perfil más independiente que los de una mujer en un tailleur impecable, curvas abrazadas por la precisión del corte de sastrería. La elegancia es restricción; el chic, alusión. Ocultar con astucia es, en moda, más eficaz que revelar sin cautela.

Y más moderno. La moda se descubrió moderna cuando siguió la vía, a inicios del siglo XX, marcada por las mujeres pioneras, artistas, autoras, profesionales, que se liberaban de la opresión intolerable del corset. Son notorios los estragos físicos que provocaba. Los vivieron y sufrieron, claro que solo en escena, las actrices, al borde del colapso, de los films históricos de Luchino Visconti, quien con sus colaboradores, Piero Tosi, soberbio vestuarista, y el gran sastre Umberto Tirelli, cultivaba la veracidad hasta en el más mínimo detalle de cada atuendo.

Hacia los años 20, una inédita silueta femenina que prescindía de la cintura fue la señal patente, y para la época chocante, de una nueva era, el emblema del arranque de la moda que vistió nuestra modernidad.

Bajo la amplitud y las líneas rectas que la definían, la cintura real desaparecía, reemplazada por un talle bajado a la cadera y figurado por un corte o una franja de tela en los vestidos o en los conjuntos por el largo de camisas, blusas, cardigans y suéteres. Es una figura que en su soltura, su gracia y su libertad, sigue pareciéndonos válida hoy, amén de deliciosamente chic.

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