Cuando uno también hace dos

Mancini, firma masculina neta y moderna, lanza su capítulo de ropa femenina
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22 de mayo de 2003  

Por el petit hotel que la firma Mancini tiene en Belgrano (Federico Lacroze al 2300) camina una gata negra, Maggie, con un moño colorado con lentejuelas. Maggie está de parabienes: estrena la remodelación de la casa y, además, es testigo de una novedad, el lanzamiento de Mancini Mujer.

Es que a Hugo Mancini (creador de la marca en 1989, ahora en manos de una sociedad anónima) la idea le rondaba desde hace tiempo y, finalmente, llegó el momento. A su lado, Ximena Brun (diseñadora egresada del CAEM) y Victoria Brun Cruz (estudió Diseño de Indumentaria con Carolina Aubele, y Gráfico en la UBA), primas segundas, se ocupan del nuevo segmento, destinado a una mujer de entre 20 y 35 años, "o más", aseguran.

Mancini maneja el diseño: "Desde la compra de telas hasta la estética del local, pero trabajamos en equipo. Los clientes pedían una colección para mujer y acá está", asegura, muy net, con camisa negra y un cigarro listo para la llama. La firma ya cuenta con siete locales y este año piensa abrir dos más.

-¿Cómo se generan proyectos en un país tan cambiante?

-No es complicado. Nosotros tenemos épocas buenas y malas, pero nunca dejamos de trabajar y siempre tomamos las épocas complicadas como pasajeras. Siempre pensé que apostar al diseño y al buen producto tenía mucho futuro. Por eso hoy decidimos lanzar una línea para mujer.

-¿Es un buen negocio?

-El 90% de los materiales es importado, pero la confección es argentina. En 2002 no pudimos actualizar los precios; este año, sí. Hoy, no vendemos al precio que tendríamos que tener; en realidad, es un negocio a futuro. Pero aunque sea así no se puede dejar de lado la calidad; hay que seguir comprando afuera. Esto se va a acomodar.

-¿El perfil del cliente Mancini?

-Hombres y mujeres a los que les gusta la ropa distinta, pero no llamativa. Jugamos con telas y cortes, pero no hacemos prendas raras. Tratamos de que la gente esté bien vestida. Toda la colección está relacionada.

-El negro es comodín...

-Empezamos a usarlo cuando nadie lo usaba en hombres y tuvimos muy buena repercusión.

-Apostás a una estética neta...

-Sí, la ropa me divierte. Yo cambio. Un día no me gusta algo, pero a los cuatro años sí. Lo que siempre propongo es ropa no muy armada, que se mueva, que acompañe. Hombre y mujer tienen que encontrar cosas que los ayuden a mejorar el cuerpo. Acá, por lo general, tratan de venderte todo aunque te quede mal. Lo importante es respetar al cliente. De otra manera, lo matás.

-¿Viajas, mirás moda afuera?

-Sí, cuando viajo -salgo mucho a comprar telas- me siento en un bar y veo cómo está vestida la gente. También me gusta ver a la gente que entra en el negocio, conocer los problemas que tiene con la ropa, y como la gente no me conoce es mucho mejor. ¡Dicen lo que piensan y yo los escucho!

-¿Por qué un perfil tan bajo?

-Es cuestión de personalidad. Así vivo bárbaro. En general, no doy muchas notas. Un poco porque me da vergüenza, porque no soy la mejor imagen, no uso trajes...

-El hombre argentino tiene un look un poco aburrido...

-Creo que no es aburrido, sino que le tiene miedo al cambio. Lo ideal es asesorarlo cuando va a comprar. Primero hay que dejar que se pruebe todo lo que le gusta, para ir dándole otras opciones. Cuando se ve en el espejo la cosa cambia. Y siempre dicen: Yo pensé que no era para mí. Después pasan a ser clientes. El argentino es clásico, pero con buen gusto. Si lo comparás con gente de otros países, se viste muy bien.

-¿Hay muchos famosos?

-Sí, mucha gente del teatro, la televisión, políticos. Vienen porque los asesoramos mucho, y eso es importante para la gente que está muy expuesta.

-¿Y con la ropa de mujer?

-Lo mismo. Con las diseñadoras hicimos una prueba. Se ponían cosas de de la colección que les gustaban. Pero yo les explicaba que con otro diseño estaban mucho mejor. A la moda hay que ajustarla a uno, pero uno no tiene que ajustarse a ella. Si se usa el marrón, una rubia con cara lavada no se lo puede poner en la parte de arriba; sí, en una pollera o en los pantalones. Quiero que la gente esté más linda. Nuestra mejor propaganda es que alguien te diga: Che, qué lindo te queda eso...

-¿Te gustan los nuevos diseñadores?

-Sí, porque tienen ideas. Con el tiempo hay que perfeccionar lo que da la experiencia: la calidad, las buenas telas. Creo que faltan esos elementos. Pero antes no había tanta gente con ideas.

-¿Hay problemas con los talleres y la confección?

-No, tenemos gente que trabaja con nosotros hace muchos años.

-¿Es caro vestirse bien?

-No es tan complicado y no hace falta mucho dinero; hay gente que con muy pocas cosas se puede vestir bien. Si uno no tiene mucho dinero es preferible comprar pocas cosas, lisas y que pasen desapercibidas. Manejarse con ciertos colores y elegir básicos.

-¿Cómo te definirías?

-No sé, como a un hombre que le encanta la ropa.

Parisiense con glam cincuentón

"Se llama Mancini Mujer, y la bolsa es igual a la de hombre, pero con letras rosas", afirman Ximena Brun y Victoria Brun Cruz, encargadas de desarrollar la colección, mientras muestran los percheros (por ahora, sólo se vende en la casa central de Federico Lacroze).

Proponen ropa muy ponible (más día que noche), en la que mandan los buenos cortes y las telas de calidad. "Algo distinto. Las telas hablan y transmiten algo. Y buscamos no caer en la tendencia general." Empezaron con ropa, pero prometen desarrollar una línea de accesorios y, en breve, lanzar un perfume de mujer, "una aroma muy floral, con vainilla, tabaco, jazmín..."

Para elegir, sacos, vestidos de lana, pantalones, jeans con pespuntes rosas, camisas, blusas escotadas, polleras, jeans... "Es una colección que tiene como fin embellecer a la mujer. Esa es la idea, y de ella parte todo el diseño. Ultimamente sentimos que la mujer se pone cosas que quizá no la ayudan a verse mejor."

En algunos casos, trasladan lo masculino a lo femenino: un impecable pantalón con botamangas, o una camisa para usar con gemelos. "Trabajamos un saco de mujer tal cual se trabaja uno de hombre, con todas las capas internas. Hoy, muchos piensan que un saco es un pedazo de tela y un forro... Y no es así."

Pero también hay frunces, volados y detalles: "Inventamos un personaje, una parisiense con todo el glamour de los 50. Evocamos lo romántico".

¿Precios? "El tema es complicado. Se ajustan al mercado, pero con un producto de calidad. Un saco entallado de corderoy cuesta 290 pesos; pantalones, desde 125; remeras de modal, de 39 a 80 pesos. Muchos productos son de edición limitada: hay cinco y nada más."

Todo se dio porque "pedían que adaptemos ropa de hombre a mujer... O que hiciéramos más chica la ropa de punto. Creo que la línea está bastante lograda. Los colores están basados en los aromas: frutilla, rosa, mandarina, vainilla, chocolate, café, habano y negro. Esa es esencia Mancini", concluyen.

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