Inés Rivero protagoniza una campaña argentina

Es la imagen de la última publicidad de Akiabara, que se verá en los Estados Unidos, Italia y Francia
Silvana Moreno
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26 de febrero de 2004  

"Tengo que buscar una visa y se me va a retrasar un poco el viaje", dice Inés Rivero por su celular. Muy mod, con ojos delineados, jumper gris espigado, polera y leggings negros, de a ratos se saca los tacos de charol y se acomoda en un sillón geométrico, ante un fondo de chapa plateada y mientras suena un disco viejo de Air. Más atrás, el fotógrafo Gabriel Rocca y su estudio en Palermo Hollywood, cámaras, luces y el shooting de la campaña invernal de Akiabara, que se verá por acá en pocas semanas y también en el exterior.

"Elegimos a Inés entre todas las modelos argentinas por su look sofisticado, lo que queremos para la marca, y por su trayectoria internacional. La firma se está expandiendo y queríamos la imagen de una modelo que pudiera ser reconocida en mercados extranjeros. Desde el próximo invierno europeo, vamos a estar en París -todavía no sabemos si en local propio o en alguna de las grandes tiendas, o en los dos-, en Florencia, con otro local nuestro, lo mismo que en Nueva York, en el SoHo", informan desde Akiabara.

Así, Rivero será la encargada de mostrar el invierno de la firma argentina, nacida hace poco más de dos años: los básicos de siempre, pero con la vista en los años 50 y 60. Desde cuellos bote hasta colores pastel adaptados al frío, y mucha silueta evasée.

Para las fotos, Rivero llegó desde el SoHo neoyorquino, donde vive con su hija Maia, de 3 años, y su marido, el cubano Jorge Mora, banquero. "Todavía sigo trabajando, haciendo lo mismo de siempre. Pero trato de moverme más en los Estados Unidos, para estar cerca de mi hija. Justo antes de venir hice una tapa y fotos para el Vogue en español, y acababa de llegar de Sudáfrica, donde hice el catálogo para Otto Versand, un cliente alemán de venta por catálogos on line", explica la modelo cordobesa, que en su momento participó en campañas internacionales para Giorgio Armani, Romeo Gigli, Saks Fifth Avenue, y caminó las pasarelas de John Galliano, Christian Dior, Yves Saint Laurent y Hervé Leger, entre otras.

- ¿Qué pasa con la polémica nacida en Nueva York sobre el uso de modelos adolescentes para publicitar productos que, en realidad, están dirigidos a público adulto?

–Sí, eso es ridículo. Para mí, el trabajo ha levantado muchísimo en este último año, más que cuando estaba en ese momento de no ser ni tan chica ni tan grande, a los 25, 26 años. Ahora que tengo 28, trabajo muchísimo más en relación con ese tiempo. El mercado también tiene demanda de mujeres, y el público no siempre se identifica con una chica de 18 años. Y es lógico.

–Para su desfile de alta costura otoño-invierno 2003/4, Emanuel Ungaro recurrió a Helena Christensen para abrir y cerrar.

–Y Marc Jacobs había llamado a Amber Valetta y a Shalom. Al haber desaparecido la onda top model, sólo hay chicas que se renuevan constantemente, y las marcas necesitan revivir un poco todo eso, especialmente si buscan cierta identidad. Otra opción es recurrir a la modelo del momento, que aparece en todas las revistas, pero la gente no sabe quién es esa chica de 17 años, toda maquillada.

–Acá se te recuerda más por el desfile on line de Victoria’s Secret, en 1999, con otras modelos como Eva Herzigova, Adriana Lima, Tyra Banks y Laetitia Casta, cuando tanta gente ingresó en el sitio que hizo caer el sistema, que por tu trabajo en la Argentina.

–Es que lo último que hice en la Argentina fue hace... años luz, ya no me acuerdo. Creo que vine a hacer un desfile a Córdoba, ya estaba embarazada, en 2000. Y me encantó que ahora me llamaran para esta campaña, me dan una razón para venir a mi país. También me da nostalgia, hace mucho que no trabajaba con los argentinos.

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