Sencillez

Sophie Theillet, el nuevo nombre de la moda, premiada por el consejo de diseñadores americanos
(0)
31 de diciembre de 2009  

NUEVA YORK (El País).- Aborrece el drama y se deleita en los pequeños detalles. En el salón de su departamento de Brooklyn tiene el taller de costura. Quizá sea esto lo que la llevó a la todopoderosa editora de la edición americana de Vogue, Anna Wintour, a definirla como una "rara criatura del universo de la moda". Cálida y risueña, Sophie Theillet suelta una carcajada. El prestigioso galardón del Consejo Americano de Diseñadores de Moda (CFDA) y Vogue, dotado con 200.000 dólares (140.000 euros), acabó por consagrar su marca, creada hace tres años.

Desde entonces, ella cose y diseña ayudada por su inseparable oficial Emma y su esposo, Steve Francouer. Su trabajo demuestra que lo casero, local y sencillo pueden ser sinónimos de glamour. Las últimas fábricas del Midtown de Manhattan replican sus prototipos y una empresa española se encargará de producir su nueva colección en punto. Nacida en el sudoeste de Francia, adora España. Vestida con jeans, botas y un blusón negro, recuerda un viaje a Madrid hace más de una década en el que su buena amiga Rossy de Palma le presentó a la troupe de Almodóvar.

De un perchero cuelgan los cuatro vestidos que tiene listos para la nueva colección que presentará en febrero. "Serán 40, así que nos queda mucho trabajo", explica. En apenas 30 metros cuadrados se concentra el mundo creativo de esta diseñadora, cuyos vestidos se disputan desde Michelle Obama hasta Sarah Jessica Parker. En la pared se ven una serie de iconos pintados por su hermano, las fotos que colecciona de su buena amiga la fotógrafa Martine Barret y una imagen de su tatarabuelo y bisabuelo. Y en un corcho, fotos de Rusia y un retrato de la poeta Anna Akhmátova.

Tras una década trabajando en París con Jean Paul Gaultier y Azzedine Alaïa, lo dejó todo y se fue a Nueva York por amor. Vivió varios años en el mítico hotel Chelsea con su entonces novio Steve. "Al principio no entendía muy bien las cosas, así que no trabajaba. La moda es un negocio y aquí tenés que pensar para quién diseñás y qué mujer se pondrá tu ropa. No trabajo tendencias, no busco crear un objeto intelectual, sino vestidos mágicos y ponibles."

Simplicidad y entusiasmo son las señas de identidad de esta firme defensora del oficio. Sophie es personal sin esfuerzo. Una colección dedicada a los indios nativos estadounidenses y otra en cuyo desfile sólo participaron modelos negras llamó la atención de la prensa. "Mi trabajo hablaba de color y pensé que era el momento de mostrar esa belleza", explica esta admiradora de Yves Saint-Laurent. Y así cuando llegó el momento de presentar en 15 minutos su trabajo ante el jurado del CFDA-Vogue, arrancó con un video a ritmo de rap. "Era un día en mi vida boxeando en el gimnasio del barrio, trabajando en el salón y pintando un tatuaje de Batman a mi hijo. No era muy glamoroso, pero era real." Y ganó. ¿Otro sueño? "Abrir una tienda-casa-taller. Para hacer este trabajo necesitás pasión y plena dedicación."

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Moda y belleza

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.