Slow fashion

Un movimiento que se opone a la compra innecesaria y valora los materiales sustentables y el comercio justo. Para imitar
Un movimiento que se opone a la compra innecesaria y valora los materiales sustentables y el comercio justo. Para imitar
Gabriela Cicero
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17 de diciembre de 2016  

Slow fashion
Slow fashion Fuente: LA NACION - Crédito: Ana Laura Pérez

BARCELONA

Como grandes maquinarias, las cadenas multinacionales de fast fashion renuevan sus percheros cada semana a gran velocidad captando la atención de clientes con fiebre de consumo. Actualizan las vidrieras, el outfit del maniquí de la entrada, disparan sus emails con fotos de la campera bomber perfecta –que dejará de serlo la próxima temporada– y, por si fuera poco, llega la revista bajo la puerta con toda la colección que irá bajando de precio, para que tarde o temprano nadie resista la tentación.

Mientras tanto, bajo esta enorme y oscura sombra, un grupo de pequeñas empresas y consumidores que se inscriben en el slow fashion resiste este modelo de consumo, agresivo con el planeta y sustentado por mano de obra barata, y demuestra que su modelo lento, ético y responsable es posible. Como en el slow food, movimiento que le antecede, el consumidor abandona su conducta pasiva y se llena de preguntas, como el origen de lo que está adquiriendo, procesos industriales, costo humano y ambiental. ¿Quién hace mi ropa? ¿Dónde? ¿Qué dice la etiqueta? ¿Quién lo avala?

Cada vez son más las marcas a nivel global que invitan a comprar sin culpa productos de diseño con tejidos innovadores, realizados con materiales reciclados. Pero hay que saber distinguir entre una simple acción de marketing green, empleada para lavar la imagen de marcas que producen a gran escala, y quienes producen de manera comprometida con el medio ambiente como filosofía.

En España existe una gran movida fashion ecofriendly. Con clases online impartidas al mundo, desde 2011 la plataforma de información y formación Slow Fashion Next (SFN) ayuda a profesionales a mejorar los aspectos medioambientales y sociales de sus negocios. Para contagiar las ganas de apostar al cambio, Gema Gómez, su directora, apela al sentido común. “La sostenibilidad también significa más puestos de trabajo para todos, cuidar la salud y el futuro de nuestros hijos y nietos, entre otras muchas cosas positivas. También lleva implícito en el concepto productos hechos con materias innovadoras, productos con más valor, más cuidados y que nos hacen sentir mejor. Esto ilusiona mucho al público en general. Cuando lo contás de manera cercana para que se entienda, el cambio es fácil. Lo que falta es aún mucha información sobre lo que supone consumir fast fashion y también la accesibilidad a las nuevas marcas que están naciendo. Eso es en lo que nos toca trabajar a los profesionales del sector”.

Lo sostenible es posible

El acceso a una prenda de moda ecológica y sostenible es posible, pero a quien está acostumbrado a pagar poco en las low cost le cuesta sacar más dinero del bolsillo. Al menos, en Europa. “Tenemos que cambiar el chip”, sostiene Mónica Melero, creadora junto a Rosa Bernier, del portal de referencia en la comercialización de moda sostenible en España, Move to slow fashion, www.movetoslow.com.

“El cliente no se tendría que preguntar por qué una camiseta cuesta 40 euros, sino por qué cuesta 10. Si se empieza a preguntar por qué cuesta 10, en lugar de 40 entonces acabará comprando la de 40 y en lugar de comprarse cuatro, se comprará una. Es un trabajo complicado para todos porque parte del cambio del hábito del consumidor. Move to slow agrupa a unos 60 diseñadores de ropa y accesorios que trabajan según los principios de sustentabilidad. Como las marcas convencionales, algunas se posicionan en un rango medio y otras apuntan a un segmento más alto. “Nosotros tenemos mochilas de 150 euros, porque son de caucho reciclado. Para hacer esa mochila estás un mes, desde la recolección de todo ese caucho hasta un tratamiento tecnológico. Y eso tiene un precio.

“También, está el trabajo de la colombiana Ana Tafur, que vende bolsos a 150 euros porque hace un trabajo de empoderamiento de mujeres en comunidades indígenas de América del Sur. Los últimos que trajo son de San Blas, Panamá, y están realizados por mujeres que recuperan la técnica tradicional de las molas. Podrás pagarlo o no, pero la transparencia tiene que estar demostrada. Por qué eso vale ese monto, sin duda. Si Gucci te vende un producto, difícilmente pueda explicar el por qué de ese precio. Lo único que puede sostener es su marca, Gucci”.

Las prendas ecológicas se realizan en base a fibras naturales, siempre sostenibles, de origen vegetal (fibras de semillas, tallos, tejidos de corteza y corcho, celulosas y proteínas regeneradas), pueden ser de origen animal (lana, pieles, cuero, seda, azlon) o tratarse de reciclados (nylon, lana, poliéster, algodón).

Con base en Alemania, Sophia Opperskalski, fundadora de Interloom, es experta en textiles sustentables y materiales del futuro. Referente habitual en conferencias y seminarios por Europa, colabora con empresas hacia un camino sostenible, investiga y escribe. Frente a las dificultades de ofrecer una alternativa frente al gran consumo, Opperskalski es optimista. “No siempre es fácil, pero hay muchos ejemplos inspiradores de emprendedores sustentables que sobreviven y van mucho más allá marcando tendencia a la industria entera”. Cuando se le pregunta por sus materiales favoritos, responde: “Creo que es muy importante tener (bio) diversidad, de telas y fibras, por lo que no tengo favoritos. Pero valoro mucho la diversidad, que es lo que actualmente no tenemos (casi sólo fibras sintéticas basadas en petroquímicos o algodón modificado genéticamente). Pero en general prefiero los materiales biodegradables, producidos de una manera amigable con el medio ambiente y lo social, en los que el ciclo productivo entero es tomado en cuenta y es transparente. Por ejemplo, tejidos de algodón orgánico con certificaciones GOTS o Cradle to Cradle, y nuevos enfoques en reciclado de ciclo cerrado.

La especialista rechaza todo tipo de materiales no biodegradables y no renovables basados en petroquímicos tóxicos (endosulfán, tinturas tóxicas, materiales que producen microplásticos, etc.). Considera que los gobiernos podrían promover la producción sustentable de distintas maneras: con prohibiciones o impuestos sobre producciones enemigas del medio ambiente, evitando subsidios inapropiados y respaldando a los que suman.

Sin embargo, para Opperskalski la última palabra la tiene el consumidor. “Comprar es como votar. Tenés el poder de cambiar el mundo, y de lucir y sentirte mejor al mismo tiempo.

Manual de un consumidor slow

Un consumidor responsable se pregunta si en verdad necesita lo que va a comprar. Consume en pequeñas tiendas. También dona lo que no utiliza y compra ropa de segunda mano o nuevas en base a reciclaje. Un ecologista busca en las etiquetas materiales sostenibles, producidas éticamente. Respalda el comercio justo, un negocio inclusivo, que mejora las condiciones de vida en las comunidades. Apuesta por prendas clásicas, atemporales y de calidad, para usar por más tiempo.

  • Algodón orgánico, bambú y Tencel: Ecoology es una tienda online que propone básicos para el guardarropas, con tejidos naturales, ecológicos y reciclados, respetuosos con el planeta. Se produce en Barcelona, con el objetivo de fomentar el trabajo textil en la zona. Se trata de productos limitados y atemporales; www.ecoology.es
  • Redes de pesca, neumáticos, botellas de plástico: la firma madrileña Ecoalf reutiliza redes de pesca abandonadas responsables de un gran nivel de mortandad de especies en los océanos y destrucción de corales. Con este material obtienen un tejido con el que se elaboran camperas con el que se ahorra un 27 % de uso de nuevos recursos naturales. Con neumáticos usados, muy difíciles de reciclar porque contienen metales y antioxidantes, obtienen ojotas (un par por 344 gramos de neumáticos reciclados). Y reciclando botellas de plástico realizan una fibra hilada de poliéster con el que desarrollan tejidos, etiquetas, cordones. Una mochila de la marca equivale a 135 botellas de plástico recicladas. www.ecoalf.com
  • Escamas de pescado: Idunn se especializa en la realización de bolsos, con el sello made in Spain, hechos con piel de pescado que se captura para la producción de alimentos. Son confeccionados en pequeños talleres de Madrid, de manera artesanal. Una cartera de piel de bacalao cobrizo o de salmón azul promedia los 100 euros; www.idunnbags.com
  • Suela de corcho: también hay firmas que incluyen entre sus valores la ausencia de componentes de origen animal. Las botitas slowers están fabricadas con algodón orgánico natural con certificación GOTS, forros sin tinturas y suelas de corcho autóctono. Realizados en pequeños talleres familiares de Elche, tienen un diseño clásico que combina con todo. Cuestan 90 euros.

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