"A Kirchner no se le puede ofrecer la otra mejilla"

El nuevo líder de la UCR dijo que quiere un pacto de gobernabilidad antes de 2011 para "desactivar las bombas de tiempo que deja el kirchnerismo" y estimó que Julio Cobos "va a tener que endurecer su temperamento y su carácter". Por Ricardo Carpena
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6 de diciembre de 2009  

No usa campera de gamuza y nadie cree que sea aburrido. No afirma que esté persuadido ni pide "un médico ahí". No dice que vota en forma "no positiva" ni hubiera sido vicepresidente de los Kirchner. ¿Qué tipo de dirigente radical es Ernesto Sanz, el flamante jefe del comité nacional partidario? ¿Alguien parecido a Raúl Alfonsín, a Fernando de la Rúa o a Julio Cobos? ¿Cómo describir la estructura de su ADN político? Por lo pronto, su discurso se acerca más al de Alfonsín que al de cualquier otro referente contemporáneo de la UCR. Por ejemplo, sostiene que no es "gorila" y que pretende "pelearle al peronismo la bandera de la justicia social". Y que "ya está pintado" para la guerra contra el kirchnerismo y dispuesto a asumir el riesgo de combatirlo con medios como los del propio Néstor Kirchner, que, sostiene, "no repara absolutamente en nada y entiende que un rival es un enemigo al que hay que doblegar, pasar por encima, humillar".

Decir que no parece radical puede sonar ofensivo. Pero Sanz no lo parece, al menos en relación con ese injusto y deformado estereotipo del radical como un dirigente manso y tranquilo, capaz de soportar cualquier atropello (sobre todo, peronista) para no poner en peligro la armonía democrática, la paz social, la calma institucional.

En la entrevista con Enfoques, el senador nacional por la UCR de Mendoza sostiene que no le teme a la posibilidad de que el acuerdo opositor en el Congreso termine vulnerando viejas tradiciones parlamentarias y que, así, esos métodos políticamente despiadados puedan ser equiparados con los aplicados por el kirchnerismo.

Este abogado que desde anteayer conduce el radicalismo nació en San Rafael, Mendoza, hace 52 años (cumplirá sus 53 el miércoles próximo), está casado, tiene dos hijos, fue asesor del ex gobernador mendocino Felipe Llaver (entre 1983 y 1987), senador provincial e intendente, además de miembro del Consejo de la Magistratura.

Pero probablemente muchos lo recuerden más por su encendido discurso en el recinto del Senado durante la famosa sesión por la resolución 125 que terminó desempatada por Cobos.

Dice que adora caminar y andar en bicicleta por San Rafael, que es fanático de las novelas policiales y de los cuentos de Roberto Fontanarrosa, que le gusta el jazz y que prefiere los films de Woody Allen antes que las películas complicadas.

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En política quizá sí lo espere un destino complicado: busca que la UCR "recupere la confianza rota entre la sociedad y el partido" y, al mismo tiempo, advierte: "Formo parte de una generación que no tiene ninguna culpa, más allá de hacerse cargo de lo que pasó con De la Rúa".

-¿El pacto opositor en el Congreso no pone en riesgo la gobernabilidad del país, como denuncia el kirchnerismo?

-No, en absoluto. En primer lugar, esto es mandato popular, parte de una correcta lectura de lo que pasó en las elecciones del 28 de junio. La gente votó con una mano en el pecho hacia el avance autoritario y atropellador de un modelo de poder. Lo de Kirchner está caracterizado por un modelo de poder y, como tal, se basa en la acumulación. De dinero, de facultades discrecionales, de cooptación de voluntades. La reacción de la oposición, haciéndose cargo del mandato de las urnas, no es ningún intento de nada raro ni ilegítimo. La gente no quiso tampoco que se destituyera a nadie ni que se modificara ningún esquema hasta 2011, pero sí que se evitara lo que ha sido la moneda corriente en los últimos tiempos en el Parlamento.

-¿Comparte el intento en la Cámara de Diputados de que la oposición se quede con la presidencia del cuerpo y la mayoría de las comisiones, vulnerando la tradición que indica que le corresponde a la minoría?

-Ese es un ingrediente muy discutido. Desde el radicalismo nos hacemos cargo de haberlo planteado tanto en Diputados como en el Senado porque es una señal muy fuerte de contrapoder. Cuando usted tiene enfrente un modelo como el del kirchnerismo, que no repara absolutamente en nada, que considera a la política como un escenario de batalla en donde del otro lado no hay ni siquiera un adversario sino un enemigo al que que hay que doblegar, pasarle por encima, humillar... A ese modelo de poder hay que ofrecerle un contrapoder en defensa de la sociedad.

-Suena como aquello de que "lo peor que uno puede hacer con un caníbal es comérselo". ¿Vulnerar esas tradiciones no es un método típico del kirchnerismo?

-Yo sé que es un riesgo, pero a este esquema de Kirchner no se lo combate poniéndole la otra mejilla. Lo he aprendido. No hay reacción más fuerte que ofrecer como respuesta un contrapoder. La Argentina de hoy es muy particular. Quien gobierna también. Acá no hay un modelo de país sino de poder y, por lo tanto, las respuestas tampoco tienen que ser las tradicionales.

-El jefe del bloque de diputados oficialistas, Agustín Rossi, amenazó con el veto presidencial para proyectos que sean votados sólo con la oposición. ¿Cree que lo cumplirán?

-Fue una muestra de kirchnerismo explícito (risas), son de esos mensajes para dar después de las diez de la noche, con los chicos acostados?

-¿No fue sólo una amenaza?

-Es lo que van a hacer, ellos no amenazan. Ese es el modelo de poder. Esa es la diferencia entre un proyecto de país y uno de poder. Por eso en el Parlamento va a ser terrible, va a haber piña va, piña viene. Hay que tener la inteligencia para que ese no sea todo el escenario de la política. Pero, como senador, ya estoy pintado para la guerra.

-¿Qué quiere hacer con la UCR?

-El radicalismo viene de una etapa de la resistencia. Había que resistir para posicionarse frente a este modelo. Esa etapa pasó y la bisagra fue el 28 de junio. Esta nueva etapa, que es la que entrega con mucho éxito Gerardo Morales, es la de la construcción. Construcción de una propuesta que tiene que culminar en 2011 con un programa de gobierno previsible, confiable. Que recupere la confianza entre la sociedad y el radicalismo. Que sea capaz de entusiasmar a los jóvenes. Y de devolver la confianza en un proyecto de país. Vamos a tener que convocar a equipos técnicos y armar un programa federal recorriendo el país. El partido va a tener que salirse de esa trinchera y ponerle proa al mediano y largo plazo.

-¿Cómo se supera el "síndrome De la Rúa" que sufre el radicalismo?

-Lo primero: sin ninguna capitis diminutio (N. de la R.: prescripción) sobre las espaldas. Para eso, la mejor carta de presentación es que formo parte de una generación que no tiene ninguna culpa, más allá de hacerse cargo de lo que pasó con De la Rúa. Formo parte de una generación que nació al amparo del poder. Somos parte de esa generación que trajo Alfonsín al partido alrededor de los años 80. Que ha gobernado intendencias, gobernaciones. Que lo ha hecho con éxito. No nos pasó lo de De la Rúa y seguimos en nuestros mandatos y mantuvimos nuestras intendencias y gobernaciones. Y ahora vamos por una revancha en la que queremos involucrar a todo el partido.

-Para algunos sectores, Cobos, la gran esperanza radical para 2011, es otro De la Rúa.

-El que piense eso de Cobos es porque no lo conoce. No es De la Rúa ni por asomo. Cobos es un ingeniero, con esa visión de resolución de conflictos por el camino más sencillo, más corto, más eficaz. Que gobernó cuatro años una provincia como Mendoza, que no es fácil, y la gobernó bien. Desde luego, para mi gusto, que va a tener que endurecer su temperamento y su carácter para poder laudar, administrar y decidir, pero eso se va adquiriendo con el tiempo. Tampoco es el único encargado de llevar adelante este proyecto en representación del radicalismo. El programa debe estar por encima de los candidatos.

-Pero hoy, según las encuestas, Cobos es el único que podría ganarle a Kirchner.

-Ni tan calvo ni con dos pelucas... Yo no podría prescindir de Cobos y sería necio, hasta irracional, que mi partido prescindiera de un valor agregado como el de él. Pero en este esquema de recuperación efectiva del radicalismo mal haríamos en depender de una sola figura. Vamos a formular un programa y, además, a tratar de hacerlo con la Coalición Cívica y con el socialismo. Allí empiezan a jugar otros protagonistas. Trataremos de que la frutilla del postre sea el candidato y no al revés. Primero está el programa.

-Es saludable, pero también práctico: si no, empezaría con problemas con otros candidatos presidenciables que podrían ser aliados, como Elisa Carrió y Hermes Binner.

-Por supuesto. Estaríamos cayendo en el vicio de lo que hoy estamos reclamándole a la política: no fortalecer las organizaciones por sobre las individualidades. Si hay algo que caracteriza a la volatilidad de la política argentina es que los humores de las personalidades están por encima de las decisiones de las organizaciones. Al contrario, quiero ponerle proa a un proyecto colectivo en el cual las individualidades lo mejoren.

-¿Cuándo debería renunciar Cobos a la vicepresidencia y dedicarse a la campaña?

-A partir del segundo trimestre de 2011. Primero, porque es un año en donde Cobos va a ser mucho más importante para la sociedad y para cualquier construcción colectiva en el lugar donde está: le va a tocar desempatar más de una vez. Y eso significa volver a hacerse cargo de un mandato social que exige equilibrio, sensatez, responsabilidad. Y, en segundo lugar, porque electoralizar la vida política argentina con vistas a 2011 antes de tiempo no me parece bueno.

-¿Le gusta la iniciativa de Eduardo Duhalde de buscar un pacto de gobernabilidad?

-Ni tanto ni tan poco. Ni tanto que llegue a mezclarnos porque somos de espacios diferentes, pero ni tan poco en el sentido de que me parece revolucionario que Duhalde esté dispuesto, con los antecedentes del peronismo, a firmarle al radicalismo, si es gobierno, un pacto de gobernabilidad. No me voy a poner en el papel purista y principista de rechazarlo porque es Duhalde. El tiempo dirá hasta dónde podemos confiar. La Argentina necesita un acuerdo de gobernabilidad, pero no solamente de cara a 2011, sino que necesita un acuerdo para poder desactivar las bombas de tiempo que el kirchnerismo ha generado y que, si no se desactivan antes, en 2011 le van a explotar al gobierno. Por ejemplo, tarifas, subsidios, todo el esquema de relación tributaria fiscal Nación-provincia, todo el tema sindical.

-Duhalde propone que el peronismo sea el reaseguro de que un eventual gobierno de Cobos pueda realmente gobernar.

-Yo la escucho a Carrió cuando sale con los tapones de punta y no está bien. Inclusive ella lo hace desde la desvalorización, y la descalificación personal de Cobos y de Duhalde está peor todavía. Porque la sociedad nos está exigiendo a los dirigentes que dejemos la desvalorización personal y pensemos de qué manera hacemos acuerdos para resolver los problemas. Lo peor para un dirigente político es no tener en cuenta cuál es el adversario. Y el adversario hoy es este modelo de acumulación, de concentración de poder político-económico. Que, por primera vez en la historia, cambia el esquema de la corrupción tradicional, que tenía como símbolo al funcionario venal que se llenaba los bolsillos con los billetes de la corrupción. Hoy, el esquema de corrupción no es para llenar los bolsillos de ese funcionario sino para acumular más poder, adentro y afuera del Estado; para comprar empresas, para tomar fortalezas dentro del esquema de poder real: juego, petróleo, energía, obra pública, medios...

-Entonces, el esquema de Duhalde no estaría mal, un gobierno de unidad nacional...

-Pero no un cogobierno... Duhalde va a tener que ir a 2011 con su propia propuesta, con sus candidatos y hará batalla adentro del peronismo, afuera del peronismo. Nosotros vamos a ir por otro lado. Pero gane quien gane, uno va a ser capaz de formular un programa de gobernabilidad con algunas ideas-fuerza en las que coincidamos y donde el peronismo, si le toca perder, va a tener que asumir el compromiso de no conspirar, de no boicotear, como se lo ha hecho al radicalismo las últimas veces. Porque que el radicalismo se comprometa a no joder al peronismo en el poder casi parece de Heidi. Ahora, que el peronismo se comprometa a no voltear al radicalismo en el poder, ¡es revolucionario! ¿Adónde hay que firmar?

-Leí una declaración suya que me pareció significativa: "No somos gorilas", dijo.

-Sí. Nuestra pelea de hoy no es contra el peronismo. La concepción "no gorila" es la que tiene un profundo respeto por la articulación social que el peronismo hizo con los sectores más desprotegidos y con querer saldar la brecha de desigualdad social. Con la justicia social nos robaron una bandera nuestra, era yrigoyeniana. Y convirtieron al radicalismo en un partido reaccionario en muchas etapas sólo por no poder recuperar esa bandera. La recuperamos en 1983. Mi generación nació recuperando esa bandera y disputándole al peronismo todos los lugares humildes. No vengo de un radicalismo que se para en la vereda de enfrente y dice: "Todo lo peronista es malo". Pretendo pelearle al peronismo esa bandera de la justicia social, pero, a la vez, darle el ingrediente que el peronismo no tiene y que yo sí tengo, que es la mirada republicana, la ética, el federalismo. No soy gorila: aspiro a representar a ese voto peronista. Y si aspiro a eso no puedo ponerme enfrente del peronismo. Estoy enfrente del kirchnerismo, que es una cosa diferente.

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MANO A MANO

Fue rival y luego aliado de Julio Cobos. Y parece la contracara perfecta del perfil moderadísimo del vicepresidente de la Nación. El ascenso de Ernesto Sanz en la UCR es la peor noticia que podría haber tenido el kirchnerismo luego de la derrota parlamentaria del jueves pasado, claro está. Me dio la sensación de que quiere sacarle el polvo a las viejas estructuras radicales y, sobre todo, quitarles el estigma delarruista que persigue al partido como una maldición. Es directo y conciso. Elogió a Cobos, pero no lo ayudó mucho cuando dijo de él que "va a tener que endurecer su temperamento y su carácter". Sabe que camina sobre la cornisa con esa justificación de que podría aplicar métodos kirchneristas para combatir a los Kirchner. Me parece que su estilo, más explosivo que el de otros correligionarios, chocará con el de Elisa Carrió, pero que se llevará mejor con el de Hermes Binner. Esa confesión de que quiere pelearle al peronismo la bandera de la justicia social me sonó a alfonsinismo puro. Su actitud es la de alguien con real vocación de poder, algo que a veces se elogia de los peronistas y se critica de algunos radicales. ¿Podrá? ¿Lo dejarán? En la entrevista empezó por el principio cuando, autocrítico, dijo que se hacía cargo de todo el pasado de la UCR.

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