A Rodríguez Larreta le cambiaron la carrera por una maratón hacia la Presidencia

Daniel Santa Cruz
Daniel Santa Cruz PARA LA NACION
El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Horacio Rodriguez Larreta en una entrevista con LA NACION en sede del gobierno porteño.
El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Horacio Rodriguez Larreta en una entrevista con LA NACION en sede del gobierno porteño. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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24 de septiembre de 2020  • 21:39

"En dos semanas convirtieron la carrera presidencial de Horacio en una "maratón" de más de tres años. Eso es un problema. Pero es lo que nos tocó, no fue una estrategia elegida, sino que es producto de las circunstancias", así define un legislador del oficialismo porteño el presente de quien aparece como el candidato natural de Juntos por el Cambio con vistas a una elección presidencial para la que faltan largos y extenuantes tres años.

Seguramente, el Jefe de Gobierno no hubiese elegido esta estrategia. En el manual de la política nunca es bueno estar instalado como candidato tanto tiempo antes, sobre todo si a la vez hay que lidiar con el desgaste de la gestión propia. Y la Ciudad de Buenos Aires es muy exigente.

Así lo señala el analista Carlos Fara: "No creo que Rodríguez Larreta haya elegido instalarse prematuramente. Además, sabe que lo van a mirar con lupa buscándole un error, le van a tirar con todo, y algún daño pueden ocasionarle y sobre todo va a tener que ser cuidadoso en la relación con el gobierno nacional, porque si aquel que tiene el poder le tuerce el brazo, su imagen puede quedar deslucida. La gente quiere alguien que pueda, el rol de víctima se vence rápido, va a tener que ser cuidadoso".

Lo que fundamenta Fara se puede ver claramente como ejemplo en la estrepitosa caída de imagen del propio presidente. En marzo, la imagen de Alberto Fernández medía a niveles históricos, la gente sabía que había una pandemia por delante y que la situación iba a ser complicada; comprendía eso. Seis meses después, al margen de los errores propios del Gobierno, que los hubo y muchos, ese nivel de comprensión quedó circunscrito al núcleo duro del oficialismo.

"Cuando la gente comenzó a estar mal y vieron que Alberto no la pegaba, enseguida le quitó ese respaldo", dice un funcionario del gobierno porteño. Y agrega: "A Horacio lo quieren desfinanciar con la quita de la coparticipación, hoy la gente lo visualiza como víctima del atropello del gobierno nacional, pero cuando la falta de recursos frene la obra pública, el mayor activo de su gestión, y comiencen las demandas, si no comunicamos bien, los vecinos se pueden olvidar de la génesis de esta situación financiera y hacernos pagar un costo".

El tema del recorte de los fondos coparticipables y su impacto en la gestión porteña, que deberá definir la Corte Suprema en breve, no es menor. Ya lo ilustra muy bien el ministro de Hacienda y Finanzas porteño, Martín Mura, al señalar que con la decisión del gobierno nacional de modificar la coparticipación "la Ciudad deja de percibir 150 millones de pesos por día, el equivalente más o menos a 1000 salarios mensuales de policías por día". Basta potenciar ese cálculo para tomar conciencia de su magnitud.

Con encuestas que posicionan a Rodríguez Larreta como el político con mejor imagen en CABA, Córdoba y hasta en el Gran Buenos Aires, justamente donde en octubre pasado el Frente de Todos sacó una diferencia de más de dos millones de votos que le permitió a Alberto Fernández obtener la Presidencia, el mayor desafío de Larreta es mantenerse en la cima, y sabe que no es fácil.

Hay sectores de Juntos por el Cambio que dudan de esa posibilidad. Dicen que tanto Emilio Monzó como Rogelio Frigerio se preguntan si le alcanza a Rodríguez Larreta con estar todo este tiempo administrando, pero sin liderar la coalición. Mientras que otros, como en la Coalición Cívica y en gran parte del PRO, creen que Larreta explota muy bien su capacidad de líder moderado y que su crecimiento será aún mayor en la medida que el gobierno nacional se radicalice.

Según Fara, el problema de Larreta en esta situación está en que "si pierde ese eje estratégico y lo llevan a un estilo de confrontación donde menos cómodo se siente, se puede desdibujar y esa una amenaza muy real".

En estos tres años que se avecinan, Rodríguez Larreta deberá enfrentar los embates del oficialismo y los planteos de su propia coalición. La unidad de Juntos por el Cambio es una ventaja que deberá saber aprovechar, pero en el nuevo rol de líder, sabe que es muy complicado contentar a todos. "Algunos nos quieren operar intentando generar discordia hacia adentro, diciendo que Horacio debe sumar un sector del peronismo, lo que no suena mal, pero cuando nombran a Sergio Massa, muestran que la intención es lastimar y no sumar", dicen una de las dirigentes de la Coalición Cívica más cercanas a Elisa Carrió, la referente nacional del espacio que más sostiene hoy en día a Rodríguez Larreta. Y agrega: "una cosa es sumar al peronismo republicano, pero Massa de ninguna manera. Respetamos la relación personal que tiene con Horacio, pero no vamos a sumar a una de las cabezas de un gobierno que nos persigue", sentencia.

Rodríguez Larreta deberá enfrentar los embates del oficialismo y los planteos de su propia coalición

A Rodríguez Larreta le esperan tres años muy duros, como tendrán todos los que tienen responsabilidad de gestión ante una crisis inminente, pero donde estará sometido cotidianamente a distintas presiones y exigencias de quienes ya lo ven como el mejor posicionado con vistas a las elecciones presidenciales de 2023. Como buen runner, al que le gusta correr todas las mañanas, sabe que, sin proponérselo, ya comenzó a correr una carrera tan larga hacia la presidencia que se parece más a una maratón de fondo, donde mantenerse liderándola, en la cúspide del reconocimiento social será una tarea cotidiana donde no estará validado el descuido.

Ya se conoce muy bien su capacidad de buen administrador y su espíritu conciliador y dialoguista, dos bienes escasos en Argentina en estos últimos años. Su mayor desafío será entonces, demostrar que puede lidiar y saber plantarse ante la voracidad depredadora del kirchnerismo, acostumbrado a fortalecerse y castigar desde el poder.

Porque como advertía el ex premier italiano Giulio Andreotti: "El poder desgasta, sobre todo al que no lo tiene".

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