Acerca de la polémica sobre el veranito

Por Roberto Frenkel Para LA NACION
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24 de noviembre de 2002  

Por momentos me asusta el modo en que se construyen las imágenes que conforman la opinión pública. Desde unos meses atrás la situación económica mostró algunos rasgos esperanzadores: la estabilidad del tipo de cambio, un incipiente crecimiento de depósitos libres en los bancos y tasas de crecimiento positivas en algunos indicadores de actividad. Alguien tuvo la infortunada idea de llamar "veranito" a esta configuración y el uso de la etiqueta se extendió universalmente entre legos y profanos.

La denominación tiene evidentes connotaciones negativas. Un veranito es un período corto de calor y buen tiempo en pleno invierno. Es impredecible, aparece por azar y su inminente fin es seguido con certeza por el frío y el mal tiempo.

Claro está que la denominación arraigó con fuerza porque el sufrimiento, la frustración y el resentimiento de la población predisponen al pesimismo. Además, a los periodistas les encanta ser populares. Agreguemos, por último, que la connotación peyorativa también sirve a algunos fines políticos y personales.

En esta nota quiero contribuir a la observación desapasionada de la evolución económica reciente examinando un par de indicadores agregados de actividad, los mismos que utilizamos reiteradamente en el pasado con fines similares. Me limitaré a comentar datos publicados producidos por el Indec.

Consideramos las cifras del producto bruto interno (PBI) y del estimador mensual industrial (EMI). El primero se calcula por trimestres. El último dato publicado del PBI corresponde al segundo trimestre del presente año. El segundo indicador se calcula mensualmente. Aquí presentamos los promedios trimestrales del EMI y, al respecto, disponemos de datos publicados hasta el tercer trimestre.

Los datos originales del PBI y del EMI tienen a lo largo del año, de cualquier año, una variación estacional que refleja la estacionalidad de distintas actividades económicas, particularmente la que resulta del período anual de vacaciones. Hay distintos métodos estadísticos para "limpiar" de este componente estacional los datos originales y estimar las variaciones del nivel de actividad entre trimestres consecutivos. Todos los métodos se apoyan en la idea básica de que hay una regularidad en las variaciones estacionales. Esto no dice nada nuevo: de hecho, por ejemplo, cuando se comparan los datos interanuales se supone implícitamente que la variación estacional del presente año es igual a la del año pasado.

Las publicaciones oficiales presentan las cifras "crudas", tal como son calculadas, y presentan también esa misma información en forma desestacionalizada. Las series desestacionalizadas oficiales del PBI y del EMI se muestran en los gráficos 1 y 2. Además, los gráficos muestran también las series del PBI y del EMI desestacionalizadas por quien escribe. Hemos tomado la información "cruda" y hemos desestacionalizado las series con un procedimiento de amplia utilización (el procedimiento X11 multiplicativo de la Oficina de Censos de los Estados Unidos).

Todas las series muestran una fuerte contracción del nivel de actividad desde el tercer trimestre del año pasado. La tendencia recesiva que se manifestaba desde mediados de 1998 se convierte desde ese momento en caída abrupta. Este fuerte ritmo de contracción persiste hasta el primer trimestre de 2002. Las cuatro series muestran un cambio de tendencia en el segundo trimestre del presente año. El cuadro muestra las tasas trimestrales de variación del PBI y el EMI ilustrados en los gráficos.

El segundo semestre

La contracción inducida por la crisis financiera fue abismal. En tres trimestres el PBI se contrajo 16,3% (estimación oficial) o 17,9% (estimación propia). Con cualquiera de las desestacionalizaciones se verifica que el 60% de la contracción tuvo lugar en el segundo semestre de 2001, antes del cambio de la ley de convertibilidad. Algo semejante muestra el EMI. En tres trimestres el nivel de actividad industrial cayó 17,7% (oficial) o 19,5% (propia). También en este caso alrededor del 60% de la caída tuvo lugar en el segundo semestre del año pasado.

Las tasas del cuadro también son unánimes con respecto al cambio en la tendencia. La línea correspondiente al segundo trimestre del presente año muestra cifras positivas o cero en todos los casos. Pero aquí se verifican diferencias significativas entre la desestacionalización oficial y la propia. De acuerdo con las cifras oficiales, el PBI desestacionalizado habría crecido 0,9% en el segundo trimestre del año en curso. Nuestra desestacionalización muestra un tasa también positiva, pero significativamente mayor, de 3,3 por ciento.

En el caso del EMI, la desestacionalización oficial arroja tasas de aumento de la actividad industrial de 0% y 1,3% en el segundo y tercer trimestre del año. Nuestra desestacionalización de las cifras "crudas" arroja para los mismos períodos tasas de crecimiento de 4,1% y 1,5%, respectivamente.

En resumen, tres cosas sabemos con bastante certidumbre. Primero, que la contracción de la actividad inducida por la crisis financiera fue enorme. Segundo, que la mayor parte de la caída se produjo en el segundo semestre del año pasado. Tercero, que la tendencia contractiva se revirtió desde el segundo trimestre del presente año. Esto es lo que dicen los datos y es lo importante. Usted, lector, puede ponerle el nombre que prefiera. Para terminar, permítaseme comentar que ésta es una de las pocas oportunidades en las que mis propias estimaciones resultan más optimistas que las estimaciones oficiales.

El autor es investigador titular del Cedes y profesor de la UBA.

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