Acróbatas ineptos en la cima del poder

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION
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7 de septiembre de 2019  

Las canciones de Serrat me marcaron desde chico. Mundos, sustantivos, verbos y adjetivos ajenos que hacía propios. Angustias, felicidades, rebeldías y amores que ni sospechaba sufrir, disfrutar, expresar ni descubrir, pero experimentaba literaria (no literalmente). Aún soy capaz de recitar varios versos o de recordar todas las melodías. Y sufro la incapacidad de entonar alguna.

"Mi niñez" me conmueve hoy como me hipnotizó en la infancia. No tenía gato, ni balcón con albahaca ni casi nada de lo que él tenía. Pero, como él, "creo que entonces yo era feliz". O, simplemente, lo era. Y con él también "aprendí a volar". A darles significado a sus palabras, como la maravillosa "funámbulo" con que adjetivó a su gato.

Cuando dejé de ser niño, supe que remitía a equilibristas en la cuerda floja. Nunca imaginé usarla. Hasta hoy, cuando advertí que jamás dejará de asombrarme tanto gobernante y dirigente "funámbulo y necio", como el gato de Serrat. Exitosos en repetir el error e infalibles para hacer equilibrio sin caerse de la cima. "¿Dónde (se) fue mi niñez?"

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