Adiós al embajador del diálogo

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24 de abril de 2004  

Cuando estalló en la Argentina, en 2001, una crisis político-institucional que parecía incontrolable, una de las voces que se alzaron para mantener viva en nuestra sociedad la llama de la esperanza y para evitar que la violencia y el desasosiego se extendieran fue la de Carmelo Angulo Barturén, representante y coordinador en nuestro suelo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Su aporte fue decisivo para la definitiva puesta en marcha de la Mesa del Diálogo Argentino, el valiosísimo foro de encuentro y reflexión que la Iglesia Católica y el PNUD consiguieron organizar en el pico más agudo de la crisis.

Angulo colaboró incansablemente para que la Mesa fuera un auténtico espacio de diálogo y de búsqueda de coincidencias, abierto a todos los sectores de la comunidad. Mediante la discusión respetuosa y tolerante y el intercambio de opiniones fueron saliendo a relucir, en ese foro, los principales problemas estructurales del país. Los argentinos les debemos a hombres como Carmelo Angulo el haber podido tomar conciencia serenamente, en los momentos más críticos, de la magnitud y la naturaleza de los desafíos a los que debíamos hacer frente para poner un mínimo de orden y claridad en nuestro perturbado y oscurecido escenario nacional. En los documentos que la Mesa elabora y difunde están expuestas con rigor las múltiples faces del problema argentino y están señaladas las sendas que conviene transitar para iniciar el camino hacia la recuperación.

Cuando se creó la Mesa Ampliada del Diálogo Argentino -con la incorporación de representantes de otros credos religiosos: evangélicos, judíos, musulmanes-, la vocación del PNUD y de su conductor por la convivencia pacífica y el irreductible respeto por el "otro" siguió ejerciendo una influencia decisiva.

Días atrás, la Mesa despidió a Carmelo Angulo en una emotiva ceremonia, con motivo de la finalización de su misión en nuestro país. Durante el encuentro, el diplomático español pasó revista a lo ya hecho y a lo que queda por hacer. A su juicio, la cultura del diálogo no está todavía instalada en la Argentina y hay que continuar desplegando esfuerzos para consolidarla.

El canciller Rafael Bielsa ha condecorado merecidamente a Carmelo Angulo con la Orden del Libertador. El mejor homenaje que la sociedad argentina podría rendirle ahora es el de seguir trabajando por el diálogo, por la convivencia pacífica y por la búsqueda serena de las soluciones que conducirán a la recuperación de nuestra República.

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