Al borde de la catástrofe

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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29 de diciembre de 2001  

El gobierno de Adolfo Rodríguez Saá ha mostrado en los pocos días de gestión un nivel de actividad y ejecutividad que contrasta notablemente con la parálisis que en medio de una crisis feroz y catastrófica afectó en los últimos días la gestión de Fernando de la Rúa.

Los empresarios reconocen el coraje del Presidente para aceptar el cargo en un momento dramático, pero creen que es urgente definir un plan, que por ahora el Gobierno no parece tener. Esa fue la sensación que les quedó a los banqueros que se reunieron con el secretario de Hacienda, Rodolfo Frigeri, esta semana. Algunos tuvieron gestos comprensivos por la situación de emergencia en que llegaron al poder. Otros se mostraron un poco más alarmados, ya que creen que el tiempo urge y que no hay espacio para vacilar o analizar en exceso.

La realidad parece darles la razón a estos últimos. Los desencuentros dentro del propio Gobierno generaron un nivel insólito de incertidumbre sobre el valor de la moneda y el futuro de la política monetaria y bancaria. El resultado ha sido catastrófico: desaparecieron los precios en muchos mercados. No sólo en los productos de consumo importados. También en los insumos para la industria y el agro.

La situación es muy grave, porque agregó un nivel impensado de recesión, lo que a su vez profundiza la ya tremenda caída de la recaudación impositiva.

La recesión imperante desde hace cuatro años, que llegó a niveles extremos en los últimos días a partir del "corralito" bancario, amenaza ahora con una caída tan brutal de los recursos que haga desaparecer el "alivio" generado por el cese en el pago de la deuda.

Palabras y gestos

Para demostrar lo delicado del escenario bastó que la actual administración desacertara en la designación de un funcionario para que los errores de expresarse sin prudencia alguna generaran no sólo una parálisis aún mayor de las actividades, sino además un inconcebible aumento de precios de los alimentos en algunas regiones. Esto podría además potenciar el conflicto social.

Es verdad que el propio Rodríguez Saá demostró ser consciente de que el tiempo no es su aliado y con la velocidad del rayo reparó el error cometido. Es probable que no sea la última vez que tenga que obrar del mismo modo.

Ayer ya hubo quien le advirtió que Carlos Magliolo, designado titular de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), ya ocupó un cargo gerencial en el organismo y se fue de allí haciendo uso del retiro voluntario que rigió durante la gestión de José Luis Machinea en Economía.

Magliolo no puede ocupar ese cargo ni ningún otro en la planta permanente de la administración por cinco años a partir de la fecha de cese, que ocurrió en 2000.

La única manera de volver ahora, según la decisión administrativa 5/2000, es que devuelva la mayor parte de la indemnización que entonces recibió. Magliolo es el máximo titular del organismo que debe velar para que esa norma se cumpla.

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