Alfombra roja en Gualeguaychú

Por Bony Bullrich Para LA NACION
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21 de junio de 2008  

En octubre de 2006, la avenida Alvear se alfombró de rojo para una edición de la muestra de arte y moda titulada Alvear Fashion and Arts y Raúl Castells organizó un piquete en su contra. Las conclusiones de un año de caminar la alfombra roja de la avenida Alvear en distintas localidades del conurbano bonaerense, luego del enfrentamiento verbal que tuvimos con Castells aquella la noche, no son pocas.

En ese momento, el dirigente piquetero y yo éramos sujetos antagónicos. El lideraba la protesta y yo observaba atento como curador de la muestra; podría haber sido un simulacro de la trompada de D Elia al productor agropecuario, que un mes atrás nos golpeaba a todos los argentinos, pero nuestra imaginación insolente engendró las muestras que juntos hicimos en La Matanza. La alfombra roja se erigía en un puente que cruzaría los muros imaginarios de la megalópolis.

El 25 de mayo, en Rosario, los dirigentes del campo agradecían el apoyo de Raúl Castells, y recordé que un año atrás inaugurábamos la primera muestra Matanza, Moda, Arte y Cultura Popular. Engomábamos la alfombra roja entre los baches de la avenida Luro, en Laferrère. "Todo igual que Hollywood", decía Damián, de González Catán, y agregaba: "La alfombra roja es cursi, pero les da glamour y relevancia a las calles de Lafe". Pero aunque camináramos entre los móviles de los canales de televisión y los flashes de los fotógrafos de todos los medios, seguíamos estando en el corazón de la indigencia.

Las palabras de Telenoche, "Argentina es una sorpresa", fueron buena noticia. Alicia de Arteaga y Marcos Aguinis analizaban el impensado puente cultural con piquete alfombrado. Telefé anunciaba que el glamour se trasladaba a La Matanza, para mostrar las veinte mil personas que habían llegado a la muestra callejera. Los titulares de LA NACION del día siguiente reproducían las palabras de Castells. "Cortar calles ya no tiene sentido", decía debajo de la foto en que se lo veía con la curadora Cristina Dompé, analizando una obra de Secondigné. A raíz de todo esto, me enteré por la revista Noticias de que yo era un "piquetero pop-art". Simpático.

Nuestro encuentro no implicaba una metamorfosis, sino bajar el eterno telón del Boca-River y perder el estéril miedo a la otredad ideológica, para que asomara la postergada Argentina. Raúl y Nina admiran al inolvidable Che y a la epopeya cubana, y yo sostengo que los derechos civiles más emblemáticos del siglo XX se gestaron en ciudades como Nueva York, y que Martin Luther King también fue "americano". Nina me contaba del sistema de salud cubano y yo atestiguaba mis años en el Board of Education de Estados Unidos, donde aprendí que los cambios sociales nacen de las raíces del pueblo. Así, "rodando por Callao" hacia La Matanza, sacábamos lo mejor de nosotros negociando los ideales de nuestros héroes, empezando por el más grande, San Martín, "el de todos".

La misión del manifiesto fue ir al encuentro de la piel del otro, sin hacer cola para ser legitimados, y tirar la cajita de los recuerdos. Fue ocurriendo de a poco. Un choripán con los padres de un chico que murió atropellado por un tren en vías que pasan no muy lejos de casa, y luego una mateada para tramar la fundación de una universidad popular, nos fue amistando, a contramano de la Argentina de las antinomias, del "sálvese quien pueda" y del "no te metás".

La utopía (?) de una nación donde el dolor del otro sea nuestro propio dolor. La alfombra roja, platónicamente, recubría el escarpado camino de la caverna. Así como Castells apoyó al campo y usando su vieja metodología todos juntos cortaron rutas, ¿apoyará el campo a Castells cuando reclame por la desnutrición infantil? Estoy seguro de que sí.

Vidal Molina, productor agropecuario, y Castells charlaban campechanamente luego de su discurso en nuestra cuarta muestra en Puerto Madero, entre las obras de Berni, Quinquela y Alonso, ofrecidas por un importante empresario, y apoyadas en el piso junto con artistas de La Matanza.

Vinieron también Tarragó Ros, Marino Santamaría, Adrián Paiva, Marikena Monti, el coro Kennedy, el grupo Reciclarte, el rabino Bergman y todas las combinaciones imaginables: modelos de Ricardo Piñeiro y diseñadores encumbrados, como "la Juanita" de Toti Flores, y Martín Churba junto a costureras bolivianas que descollaron con sus vestidos de aguayos.

Paradójicamente, caminábamos sobre la alfombra roja, pero por fuera de los canales de legitimación, en la calle, en un piquete, con el espíritu integracionista de los años 60.

Toda esta incorrección política era lo que necesitábamos para seguir dando vueltas con la alfombra roja por el conurbano. Seguía involuntariamente los lineamientos del arte relacional, definidos por Nicolás Bourriaud, ya que habíamos tomado formas extremas para escapar al imperio de lo previsible, y el lazo social dejaba de ser un artefacto estandarizado, que los gobernantes necesitan para que las relaciones humanas estén canalizadas hacia las desembocaduras previstas. Sobre la alfombra roja se generó una pequeña transformación en el campo social, en consonancia con el eje de la última bienal de San Pablo: Cómo Vivir Juntos, como bien nos refrescó la memoria el crítico de arte Julio Sánchez.

Voy a proponer en la asamblea que hagamos un Gualeguaychú, Moda, Arte y Cultura del Campo, con la alfombra de paleta cálida incrustándose en la cubierta piquetera que, como un naciente ready made , repase el inigualable urinario de Duchamp, al que considero el hecho cultural más sutil de la historia de occidente. D Elía y De Angeli podrían llevar su arte, para familiarizarse con sus circunstancias y superar el visceral antagonismo que les imposibilita ponerse en la piel del otro.

Como nosotros, que fuimos más allá de un encuentro formal y hoy Nina, Adriana, Raúl, Julio y muchos otros integrantes de aquel piquete en contra de la muestra de la cual fui curador, ahora son parte de mis amigos más entrañables.

Por la fe que nos da el haberlo logrado, apelamos a que el Gobierno y el campo también lo hagan. Le deseo todo el éxito a nuestra presidenta, a quien respeto por haber sido elegida por el pueblo en democracia y por su descollante elocuencia, y a los productores agropecuarios, de quienes desciendo, que, por sobre todas las cosas, aman nuestra tierra. Sé que lo vamos a lograr, porque la Argentina está primero.

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