Algunos problemas no se resuelven con dinero

Elida Rasino
Elida Rasino PARA LA NACION
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6 de febrero de 2014  

Siempre es una buena noticia que se tenga en cuenta a los jóvenes; sin embargo, el Gobierno insiste en abordar con respuestas simples problemas cada vez más complejos , prueba de ello es la presentación de un plan como Progresar .

La problemática social argentina se ha tornado estructural y, en esta última década, se ha complejizado dramáticamente. La movilidad social ascendente vinculada a la educación, que caracterizó en el pasado a nuestro país, sucumbió ante la concentración de la riqueza y la destrucción del aparato productivo. Con ello, la posibilidad de progreso y la esperanza de un futuro mejor para millones de compatriotas trocaron en incertidumbre y en una cultura que desvaloriza el trabajo, el estudio y el esfuerzo.

Efectivamente, como expresó la Presidenta, los destinatarios del plan Progresar nacieron en los años 90 y crecieron en los 2000. Muchos de ellos no vieron nunca a sus padres trabajar todos los días. El trabajo y la escuela son organizadores del tiempo social y desarrollan un concepto particular de lo colectivo y del apego al espacio común. Por el contrario, estos jóvenes nacieron y se criaron en otras épocas. Épocas de consagración de la corrupción y la impunidad, de ruptura de lazos sociales e hiperconcentración de la población en grandes ciudades, lo que transformó la vida de muchos en un infierno.

A este complicado panorama se le suma el desarrollo de una economía del delito que puede ofrecer a los jóvenes mucho más dinero que el Estado. Esa economía necesitaba un contexto de impunidad, anomia y violencia para instalarse. En estas décadas lo encontró. Hoy, violencia, impunidad y anomia caracterizan el modo de relacionarse y de tramitar los problemas en amplios sectores, desde algunas altas jerarquías institucionales hasta pequeños núcleos sociales.

El Gobierno tuvo tiempo y dinero para corregir este rumbo de desinstitucionalización que avanzaba en el país hace más de una década, pero eligió profundizarlo. Eligió enfrentar a la Justicia cuando persigue la corrupción en lugar de exigir la renuncia de los corruptos. Eligió acallar las demandas sociales con subsidios en lugar de reindustrializar y construir infraestructura. Eligió financiar y promover organizaciones sociales de fuertes liderazgos y dudosa génesis, operatoria y fin social, en lugar de fortalecer al Estado y sus instituciones. Eligió el fútbol en lugar de la energía o la salud...

No desechamos la iniciativa del Progresar, pero no podemos menos que lamentar su insuficiencia. A estas alturas, la mayoría de los problemas no se resuelven con plata. Para muestra tenemos el aumento del presupuesto educativo y la creación de la Asignación Universal. Es bueno, tal vez indispensable, pero no alcanza. ¿Qué esperamos entonces que ocurra con una medida puntual y aislada como ésta? Los jóvenes son acreedores de mucho más que eso. Les debemos un país que funcione, una vida digna, oportunidades reales y esperanza.

El camino a seguir es un modelo de país basado en un proyecto social, político y económico de reconstrucción de los vínculos sociales, respeto por la ley y las normas y de ejercicio pleno de la Justicia. Un país en el que aquel que cometa ilícitos los pague y en el que haya igualdad de oportunidades.

Sin dudas esto no es un sueño. Es una sociedad que asume que la vida es lo más importante y que la Justicia es un valor innegociable.

La autora, ex ministra de Educaciónde Santa Fe, es diputada nacional.

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