Ampliar desde los polos

Gabriel Vommaro
Gabriel Vommaro PARA LA NACION
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11 de junio de 2019  • 18:24

La elección del senador peronista Miguel Pichetto como compañero de fórmula de Mauricio Macri puede pensarse como una jugada en espejo luego de la definición de la fórmula opositora Fernández-Fernández. Aquí también se suma una figura sin votos propios pero que permite dar una señal de ampliación de la coalición. Esto sucede luego de meses de presiones de los aliados de Cambiemos para sumar nuevos socios y de años de disputas en el interior de Pro para que el Gobierno engrosara su "pata peronista", para tener apoyos más sólidos en su proyecto reformista pro-mercado. La decisión de Macri puede leerse en esa doble reorientación de la estrategia electoral y de la estrategia de gobierno. Es, así, como en el caso de la fórmula opositora, una forma de autocrítica.

El Gobierno obtuvo magros resultados en su proyecto reformista y al final del mandato sólo ofrece, hasta el momento, sacrificios económico-sociales y temor al pasado. A pesar de eso, la coalición dirigente de Pro, que controla la estrategia política de Cambiemos, mantenía la idea de que podía ser exitoso por sus propios medios, al conservar una marca propia bien definida respecto de sus competidores.

Cambiemos se consolidó como el principal adversario del peronismo, por un lado, y del kirchnerismo, por el otro. Agenda republicana y agenda pro-mercado. En 2015, se afirmó desde allí para ganar las presidenciales. Una vez en el gobierno, apuntó al desmembramiento del kirchnerismo y la renovación del peronismo hacia el centro. Buscó construir una oposición a su medida. Pero también tuvo pobres resultados en esa empresa. El kirchnerismo mostró resiliencia y logró armar una opción competitiva para 2019 a partir de una ampliación de sus alianzas que siguió la lógica de la moderación.

Era evidente que a Cambiemos no le alcanzaba con lo que tenía y también que no era fácil encontrar nuevos aliados en este contexto de restricciones económicas. Su núcleo dirigente tardó en aceptarlo. Logró, trabajosamente, mantener a Macri como candidato. Durante años los "peronistas" de Cambiemos habían señalado que era necesario armar una coalición de gobierno más amplia para llevar a cabo el proyecto reformista. Todo eso parece haber sido tomado en cuenta en la definición del compañero de fórmula de Macri. Por una vez, Monzó le ganó a Durán Barba.

Los radicales, principales socios en la coalición, recibieron (otra vez) una paga simbólica (ampliación de la coalición) y una postergación material (cargos). Parece demasiado tarde para huir hacia otra parte. Probablemente esperen negociar mejor en las listas legislativas.

Así las cosas, se consolidan los dos polos que organizan la política argentina en los últimos tiempos. Quizá Macri y su compañero de fórmula estén en lo cierto cuando dan sus razones de la nueva alquimia: hay en juego cosmovisiones contrapuestas. La competencia electoral adquirió en la Argentina alineamientos programáticos estables como no tenía en tiempos del bipartidismo clásico. Pero también es cierto que esos polos necesitan agregar otros fragmentos para ser competitivos. Las presidenciales se jugarán en esa capacidad de hablarle a los que no pertenecen a ninguno de los dos campamentos.

El autor es profesor de la Universidad Nacional de San Martín e Investigador de Conicet. Su último libro es La larga marcha de Cambiemos (Buenos Aires, Siglo XXI)

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