Ante el dilema de los comicios

Jorge Rouillon
Jorge Rouillon LA NACION
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12 de mayo de 2003  

Las elecciones traen dilemas de conciencia a los creyentes, que meditan cómo votar teniendo en cuenta sus principios, la trayectoria de los candidatos, la definición o imprecisión de las propuestas y la limitada oferta de opciones disponible.

Antes de la primera vuelta electoral, la Acción Católica Argentina ofreció algunos criterios para ser valorados frente a un candidato o a una propuesta de gobierno, dando por sentado que cada uno, de acuerdo con su conciencia, deberá decidirse por la opción política que juzgue más adecuada al bien común. A su vez, el consejo arquidiocesano porteño de la Acción Católica formuló una reflexión, con muchas preguntas y un llamado a fortalecer las instituciones. En su texto, aventuró que la ausencia del acto eleccionario, la impugnación o el voto en blanco "no son opciones comprometidas"; entiende que demuestran desprecio de la democracia y favorecen a minorías no representativas que, por falta de compromiso de la ciudadanía, continúen disputándose el poder en provecho propio.

No es la misma la visión del arzobispo de Resistencia, actual presidente de la Comisión de Pastoral Social, monseñor Carmelo Giaquinta, según dejó caer en un comentario a algunos asistentes al congreso de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). El prelado explicitó su pensamiento hace poco en una publicación religiosa. Hay que votar a conciencia, pero la responsabilidad se manifiesta no sólo en el momento del voto, sino cumpliendo día tras día los deberes de ciudadano. Es exigir que la autoridad rinda cuenta de su administración, someter a una crítica sana a los líderes sindicales, ser crítico del propio partido, denunciar las prácticas clientelísticas con las que todavía se pretende comprar el voto, etcétera.

Sobre el voto en blanco, Giaquinta opina que el cristiano es libre de proceder así, si después de hacer el discernimiento necesario permaneciese perplejo sobre el candidato a votar. En cuanto a la abstención de votar, recordó que hay una ley que obliga a hacerlo y es difícil demostrar que sea injusta. "Sin embargo, en la presente circunstancia, yo no censuraría a un cristiano que decidiese no ir a votar, y ello como manera de protestar contra una situación política repudiable. Apreciaría su decisión como una objeción de conciencia, siempre que acatase las penalidades correspondientes."

Aunque lo dijo antes de la primera vuelta, lo sigue pensando. "Con esto no promuevo la abstención, ni el voto en blanco, sino que muestro los amplios espacios de libertad que tiene un cristiano para actuar conforme a su conciencia."

El arzobispo chaqueño, al igual que casi medio centenar de sus pares del Episcopado, participó el viernes en la Catedral porteña de la misa en que se dio una cálida despedida al nuncio saliente, monseñor Santos Abril y Castelló. Luego los prelados compartieron una comida en la Conferencia Episcopal, horas antes de que el nuncio partiera a Roma. No asistieron autoridades oficiales.

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