Argentina contra el mundo

Joaquín Morales Solá
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21 de septiembre de 2008  

Washington está comenzando a mostrar su desagrado por las ofensas argentinas. A España le molesta aún más el trato local a sus empresarios y las referencias xenófobas del poder contra los españoles. Brasil es el único país grande que ha hecho de la paciencia estratégica una política con la Argentina. Cuando el resto del mundo ve a la Argentina, y ciertamente la ve poco, se asombra ante un gobierno que no disimula cierta satisfacción por los estragos financieros mundiales para valorar las supuestas bondades de un modelo local sin atributos.

La intensa crisis política de los Kirchner, que se advierte en la independencia con que ahora hablan y deciden legisladores, jueces, gremialistas y empresarios, parece haber encontrado su solución en una retórica nacionalista. Es una estrategia de aislacionismo frente a problemas internacionales cuyas consecuencias mojarán, más pronto que tarde, las economías de todo el mundo, incluida la argentina.

Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia, ha hecho algo parecido a Hugo Moyano: disparó contra el corazón de políticas kirchneristas. Lorenzetti se quejó públicamente por los jueces permanentemente denunciados ante el Consejo de la Magistratura, sobre todo cuando aquéllos hurgan en causas que molestan a los gobernantes. En efecto, ésa es la estrategia del oficialismo para frenar a los jueces. Moyano envió un mensaje político de una enorme severidad cuando pidió que el asesinato de José Rucci fuera considerado un crimen de lesa humanidad. El reclamo de Moyano colocaría en la puerta de los juzgados a muchos ex dirigentes montoneros. Es lo que los Kirchner no quisieron hacer nunca.

La muerte de Rucci fue un mensaje de los montoneros a Perón, como la declaración de Moyano sobre Rucci es un claro mensaje a los Kirchner , dedujo un político sagaz. Otro dirigente gremial histórico, José Rodríguez, de Smata, pidió aumentos salariales del orden del 50 por ciento. Si lograra la mitad de esa cifra, ya sería suficiente como para tumbar la economía por obra de la consecuente inflación.

Los dirigentes empresarios, callados y prudentes hasta ahora, se dieron el lujo de reclamarle en la cara a Cristina Kirchner un dólar más competitivo y un sistema más eficiente de protección a la industria. La Presidenta les negó, también en público, ambos pedidos. Los legisladores están analizando el presupuesto del derecho y del revés. Dos cosas podrían cambiar: los superpoderes y el impuesto al cheque, cuya vigencia vence este año.

Ese impuesto es una herramienta importante de la recaudación fiscal. Una mayoría parlamentaria se está armando para hacerlo coparticipable con las provincias. El gobierno federal debería resignar, en tal caso, alrededor del 20 por ciento de esos fondos. No es una buena noticia cuando todo se encoge.

Los jueces han derrumbado del mando del Ejército al militar más cercano al kirchnerismo, el teniente general Roberto Bendini, cuya amistad con Néstor Kirchner se remonta a los años en que los dos eran ignotos caciques en Santa Cruz. Kirchner está pagando la arbitrariedad de haber designado al frente del Ejército a un general sometido a una investigación penal por el manejo de recursos públicos.

Otro juez, Oscar Petrone, se acordó, después de un año desde que estalló el valijagate, que le es posible reclamarle al gobierno norteamericano la indagatoria de Guido Antonini Wilson en los Estados Unidos. La causa por la valija venezolana se activa en la Argentina sólo cuando avanza en Miami. Lo único que ha sobrado aquí han sido las palabras oficiales para culpar al Estado norteamericano de una supuesta conspiración contra Cristina Kirchner. La advertencia sobre esa polución de palabras llegó de la propia boca de Shannon.

En ese contexto de incesantes indisciplinas internas, los Kirchner están tratando de hacer, sin suerte, un escudo defensivo con sus declaraciones y con sus actos sobre cuestiones internacionales. Los dos funcionarios de Washington más cercanos a los Kirchner, Tom Shannon y Earl Anthony Wayne, le han advertido al gobierno argentino en los últimos días de que existe tensión y de que las palabras también tienen un límite. Washington hizo algo más: fue el país más reacio en el Club de París para aceptar la extravagante decisión argentina de pagar su deuda en default de acuerdo con sus propios y confusos cálculos.

Ese anuncio careció de un plan serio para levantar toda la deuda en default. En medio del sismo financiero internacional, el gobierno argentino podría arreglar ahora con el Club de París y con los holdouts (los bonistas que no entraron en el canje) con la misma cantidad de dinero que anunció que le pagaría al primero. Sería necesaria, sí, una negociación por el resto de la deuda con ambos acreedores en default. ¿Por qué el gobierno argentino no quiere negociar cuando hay condiciones tan buenas? , se preguntó un importante dirigente europeo. No hay respuesta, porque nunca hubo un plan, ni bueno ni malo.

La decisión de pagarle sólo al Club de París colmó la paciencia del juez neoyorquino Thomas Griesa, que trata el caso de los bonistas que denunciaron al Estado argentino. El magistrado tuvo sus dosis de comprensión con la Argentina y luego otra porción de paciencia. Ambas cosas se han terminado. Griesa estaría dispuesto a comenzar un período de embargo de todo lo que sea embargable del Estado argentino.

Miguel Pichetto, jefe del bloque oficialista del Senado, acusó de colonialismo a los empresarios españoles en pleno recinto de la Cámara alta. El embajador español, Rafael Estrella, no lo nombró, pero lo aludió cuando en días recientes denunció una campaña xenófoba contra los españoles. Palabras xenófobas había tenido también Hugo Moyano, pero el Gobierno se escudó en el pretexto de que el líder cegetista no es funcionario. Pichetto es un hombre de confianza de los Kirchner.

En fin, los norteamericanos son desestabilizadores y los españoles practican el colonialismo. ¿La Argentina es sólo una víctima inocente del exterior, esa idea que tan bien le cabe aquí al imaginario colectivo?

En rigor, el viaje de Cristina Kirchner a Madrid se postergó más que nada porque le advirtieron que el clima que la recibiría no sería bueno. El gobierno de Rodríguez Zapatero está convencido de que Aerolíneas Argentinas cayó víctima de una operación de pinzas: el kirchnerismo nunca le dio condiciones para funcionar como empresa, mientras protegió a los pilotos en frecuentes huelgas que desprestigiaron a la compañía.

La actual puntualidad de Aerolíneas Argentinas (llega antes de lo previsto en casi todos sus vuelos) es también una muestra de fuerza de los pilotos. La empresa funciona sólo cuando ellos quieren. Hasta el rey Juan Carlos conoce lo que pasó con la aerolínea, que todavía es propiedad privada de influyentes empresarios españoles.

La Presidenta usó palabras petulantes para hablar de la crisis financiera internacional, confrontándola con el modelo argentino . Es probable que Cristina insista en esas superficiales referencias en su discurso ante las Naciones Unidas. El modelo argentino es el modelo Moreno , según el cual todo lo que parece ser resulta que no es. La Argentina sigue en este mundo: el precio de la soja se ha depreciado un 25 por ciento en los últimos tres meses. Las alarmas comenzarán a sonar aquí cuando el valor de la tonelada baje de los 400 dólares; no falta mucho. La economía de China podría desacelerarse. El 50 por ciento de sus exportaciones van a los Estados Unidos, Europa y Japón, todos en virtual estado de recesión. ¿Cómo evitaráel país esos remezones?

Un modelo internacional, el de la globalización de descontroladas finanzas carentes de conducción política, parece haber llegado a su fin. También concluye una era de engreídos maestros de finanzas que desmadraron sus propias finanzas. Todo eso no significa, sin embargo, que el modelo argentino sea mejor ni más recomendable que el sistema que colapsó en un mundo desconcertado.

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